Coloreó sus labios de un rojo penetrante. Frente al espejo, juró esta vez no pasar inadvertida. Untó sus pestanas de un intenso tinte negro, viscoso como alquitrán, las tiñó de la raíz a la punta. Roció su cuello de aquella fragancia floral, la última caricia de aroma fue directamente donde sus senos se rozaban. Vestía íntegramente de negro, su cabello se juntaba en una cola alta que dejaba admirar una nuca esbelta. Nada podría esta noche con ella y sus ganas de él. Se sabía vencedora. Lo admiraba, lo deseaba urgentemente, todo su cuerpo estaba ansioso y listo para acogerlo y ya nunca más dejarlo ir. No se haría esperar. Volvió a chequear su teléfono, busco el mensaje para corroborar la esquina donde él la esperaría. Había estado allí alguna vez, conocía bien el lugar y sabía aun mejor como manejarse ante un encuentro clandestino. Su experiencia con hombres casados y cansados era amplia, pero esta vez había una diferencia, este hombre le gustaba demasiado. Hoy, no se escondería tras ropas simples ni apuntaría a encuentros fugaces; se mostraría plena y hambrienta, dispuesta a todo. Sus movimientos en esta partida serian arriesgados, jugaría fuerte y esto lo estaba saboreando, lo tenía claro, entre sus planes no se encontraba perder. Confiaba en su habilidad, seguía su instinto, sus redes aguardaban silenciosas, dispersadas por cada centímetro de su piel , aguardando solo por él.
Silvana
15/05/2011