Los inicios de Grant Morrison
Grant Morrison nació el 31 de enero de 1960 en Glasgow y debió adentrarse en el mundo del cómic poco después de aprender a leer porque el inicio de su carrera no se remonta a su primera obra publicada sino a una nota incluida en un periódico local cuando él sólo tenía diesiséis años.
Grant Morrison nació el 31 de enero de 1960 en Glasgow y debió adentrarse en el mundo del cómic poco después de aprender a leer porque el inicio de su carrera no se remonta a su primera obra publicada sino a una nota incluida en un periódico local cuando él sólo tenía diesiséis años.
El desembarco en Estados Unidos.
La historia es bien conocida por todos nosotros. En los años ochenta algunos de los mejores guionistas británicos de todos los tiempos desembarcaron en el Universo DC y empezaron a redefinir el cómic de superhéroes para los años venideros, sobre todo en lo referente a su lado oscuro. Alan Moore escribió una brillante etapa en la cabecera de la Cosa del Pantano en la que nos mostró el horror más absoluto.
Jamie Delano retrató el Reino Unido más sombrío en una colección de cadencia regular protagonizada por John Constantine. Neil Gaiman redefinió el mundo de la fantasía con The Sandman. Grant Morrison llevó el metalenguaje a un nuevo nivel en sus episodios de Animal Man.
Y Peter Milligan nos deleitó con el sabor de la locura en la extravagante Shade: El Hombre Cambiante. Todas estas series eran tan excepcionales como originales, pero estaban enfocadas a un público adulto que no tenía por qué coincidir con el habitual seguidor de DC Comics… y esto generaba problemas.
Primero, parte de los lectores potenciales rehuían estos productos por estar ubicados en un mundo que consideraban infantil o, en todo caso, de una temática que no era de su agrado. Segundo, ciertos sectores de la sociedad pensaban que estas series no tenían cabida en un universo enfocado a todos los públicos y comentaban que debían reubicarse o, en su defecto, ser canceladas. Karen Berger, directora ejecutiva de DC Comics, encontró la solución ideal en 1993.
Reunió todas las cabeceras “oscuras” del Universo DC tradicional en una nueva línea editorial llamada Vertigo. La creación de un sello para el lector adulto, anunciado de forma tan fehaciente, resolvía todos los problemas de Shade y compañía. Por fin se garantizaba que estos tebeos quedasen lejos de las manos de los infantes y, además, los escritores tenían luz verde para hacer lo que les viniese en gana.
Cada una de estas colecciones iban a reflejar única y exclusivamente las ideas de sus creadores, sin ser lesionadas jamás por lo que pudiese suceder en el resto del Universo DC. Al fin y al cabo, ya no pertenecían a aquel mundo“.
La era Vertigo
La era Vertigo pues las historias más importantes del escritor surgieron en este sello. Es curioso porque los primeros 15 años del guionista fueron de continua experimentación, y justo en 1993 empezamos a ver que se asientan todos los conceptos anteriormente explotados. Morrison comienza a refinarse hasta tal punto que su experimentación pasa a otros derroteros. En definitiva, se inicia la madurez del genio.
Y lo más curioso es que lo mismo podemos decir del mercado norteamericano, al menos por lo que respecta a DC Comics. Tras años de publicación de obras destinadas a lectores adultos, DC decidió crear un sello en el que reunir todas las cabeceras más experimentales. No es que se diese un paso adelante en la exploración, más bien se refinó, como Morrison.
La era superheroica
Con una carrera de casi 20 años a sus espaldas resultaba extraño que Morrison no hubiese sido tentado por las dos grandes para ocuparse de algún cómic de superhéroes de verdad (es decir, para escribir alguna colección de una manera más convencional y superheroica).
A finales de 1996, esa situación cambió radicalmente. Primero Morrison lanzó una nueva serie con un héroe de su propia creación llamado Aztek y poco después relanzó la Liga de la Justica de América con una cabecera que se colocó en lo más alto de las listas de ventas.
Morrison consiguió que el grupo recuperara la popularidad que había ido perdiendo con el tiempo – e incluso superó aquella meta, pues JLA se convirtió en uno de los títulos DC más populares de los años 90. Por supuesto, esto no supuso el fin de la etapa Vertigo. Tal como habréis visto en los datos de Los Invisibles, estos acabaron su primera andadura en octubre de 1996, marcando el “fin” de la era Vertigo.
Los volúmenes 2 y 3 están dentro de la etapa superheroica pero los incluí en el pequeño análisis de esta cabecera porque no tendría sentido separar tres volúmenes que en realidad son una única colección publicada de manera irregular.
Lo único significativo de esa diferenciación de andaduras es lo que sigue: a partir de 1997 empezamos a ver un efecto extraño. La mayoría de trabajos en Vertigo de Morrison son alabados por la crítica pero no despuntan en ventas. Por otro lado, los tebeos superheroicos despuntan en ambos aspectos. ¿Quizás los lectores estaban lanzando un mensaje para el guionista?
La era Marvel
En julio del 2000 concluyó la publicación del último volumen de Los Invisibles, y al mes siguiente Morrison hizo algo sorprendente: empezó a trabajar para Marvel Comics.
Es cierto que no era la primera vez que trabajaba para la editorial (hay aquella miniserie de los Skrull y sus escarceos en Marvel UK), pero jamás lo hizo de una manera tan contundente, ocupándose primero de una obra menor y después de la franquicia más importante de la empresa. Era obvio que en la Casa de las Ideas quisieron repetir la jugada de la JLA.
Como sucediera en anteriores ocasiones, Morrison no trabajó en exclusiva para Marvel. De hecho, publicó varios títulos para la competencia directa, sobre todo bajo el sello Vertigo.
La nueva era DC
En junio de 2004, Morrison dejó Marvel Comics para centrarse en los tebeos de la competencia más directa, es decir, DC Comics y lo hizo alternando sus colaboraciones en la línea de superhéroes con creaciones más personales que verían la luz en el sello Vertigo.
Inicialmente parecía que Morrison se iba a decantar por el sello adulto, pero lo cierto es que las obras más reconocibles de esta etapa surgieron el el Universo DC tradicional. De hecho, el escritor fue subiendo posiciones y acabó transformándose en uno de los arquitectos del UDC, sobre todo en el mundo de Bruce Wayne.