En un lugar cerca del centro del universo late el corazón de un hombre, sus ojos no fueron testigos del impulso inicial que puso en marcha esto que conocemos como realidad, su cuerpo entero está ahí, en esa pequeña esfera azul que gira en la nada, ahí están plantados sus pies, siendo insignificante ante la enormidad del todo, y sin embargo su corazón no está con él, y aun siendo tan pequeño, y aun siendo tan igual a cualquier cosa que podamos encontrar dentro de esa esfera azul, él tiene una esperanza, una esperanza que comparada con el universo no es nada, una esperanza que comparada con el cualquier cosa en la tierra sigue siendo nada, esa esperanza aun tan pequeña tan llena de nada, es todo lo que tiene, es más grande incluso que el universo, el universo que conoce el. La esperanza de este hombre reside en su mirada, una mirada llena de nada, llena de todo. Al verla a los ojos sabe que aunque ella este aquí, que aunque sus ojos estén aquí en esta tierra, su mirada está fuera del alcance de la imaginación de cualquier hombre, su mirada esta fuera del planeta tierra, de la pequeña esfera azul, del complejo sistema solar, de nuestra maravillosa galaxia, su mirada está ahí, perdida en algún lugar del universo. Toda la esperanza del hombre, reside en que un día, ella fije su mirar allí, el lugar donde su corazón late.