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Memorias de Felicidad (cuento propio)

Arte9/21/2012
Hola. Les comparto un cuento, que al crearlo me basé en una imagen compartida por el usuario @tmhd. Espero que lo disfruten y disculpen si les parece extenso, es que no quise segmentarlo. Muchas gracias por su atención. Memorias de Felicidad Los hechos que me llevaron al exilio permanecen tan latentes, como el vaivén de mi corazón, que mientras escribo, me golpea acompañando cada lágrima que roza sin empapar, los pergaminos en donde dejaré impregnados esos momentos que me hicieron ser quien soy. Vivía sujetada a la felicidad, y no sólo porque se trataba del nombre que me había dado mi difunta madre, sino que era el sentido que había escogido para mi vida, ser feliz, algo que pocos pueden ostentar, yo quería poseerla, hacerla mía. La felicidad y yo, almas gemelas, un pensamiento que quedó en la nada. Mi madre, un ser carente de malevolencia, falleció a unos meses de que cumpliera mis 18 años. Fue un momento desgarrador, algo que yo sólo sé y que no puedo explicarle a nadie, nunca pude. Ella era la razón de mi bondad, teníamos un vínculo puro, en donde los secretos no existían, sin embargo, me había aclarado que existía algo que no me lo podía contar antes de los 18. Claramente, eso me llamaba la atención, pero me inundaba el don de la paciencia, y sabía que a su debido momento me lo compartiría. Yo era la rosa y ella, el cristal que la protegía. La amaba, y el sentimiento fue siempre bien recibido y recíproco. Cuando ella dejó la existencia, sentí que el mundo se arrodillaba ante mí, para pedirme disculpas, pero no había nada que pudiera contener la impotencia, que circulaba mi cuerpo en lugar de la sangre. De alguna manera, incomprensible, mi padre se volvió totalmente lo opuesto a mi madre. Gracias a su alcoholismo rezaba ciertas frases como “no llegarás a tus 18”, “perra del infierno”, “ingenua como tu madre”, y demás insultos, que lo único que hacían eran dañar aún más a mi triste corazón, mientras que con su cinto me dejaba marcas en mi espalda, que con el tiempo se transformaron en una especie de tatuajes con aspecto diabólico, dignos de su creador. La vida me dolía, hasta que lo conocí. Matías era su nombre, era un joven apuesto, menudo y muy servicial. Su educación contrastaba con la mayoría de personas que habitaban la ciudad. Era excelente para mí, habíamos creado un puente entre nuestros corazones, que ni una fuerte oleada podría ponerlo en ruinas. Simplemente lo amaba, esos momentos fueron tan gloriosos, que el combustible que una vez me llenaba de pasión por vivir, volvía a abrazarme para no dejarme escapar jamás. Cuando conversábamos sobre los problemas con mi padre, su rostro cambiaba a un rojo intenso y sus únicas palabras eran “lo voy a matar”. Lo calmaba como podía, en parte lo comprendía, pero asesinar a una persona, no era la solución. Gracias a mi madre, había comprendido el respeto por la vida, tanto la mía como la de mis prójimos. Todas las existencias valían y todas eran muy importantes, cada una tenía su propio destino y de alguna forma, quizás no buscada, terminábamos si o si cumpliéndolo. Con Matías conversamos varias horas, hasta que una idea lo convenció de que era lo correcto. Me propuso matrimonio, él sabía que nos conocíamos apenas 6 meses, pero el amor que sentíamos, podía más que las horas, días, meses o años que pudiéramos compartir. Además, sería un razonable escape, ya que no regresaría a mi sufrido hogar. Ya no vería a ese ser tan descarriado que era mi padre. Nunca comprendí cómo mi madre lo soportó tantos años, pero en el fondo sé que todo el calvario que ella seguramente tuvo que vivir, lo hizo por mí. Detestaba las peleas, y siempre tuvo temor a que se generara un terrible conflicto si lo abandonábamos, porque según ella, nadie podría detener lo que hubiera sucedido si lo hacíamos. En mi adolescente cabeza, me parecía que exageraba, era cuestión de ponerse firme y dejarlo atrás, pero nunca accedió, ni siquiera cuando le lloriqueaba. Las palabras que expresaba en esos instantes tan caldeados, siempre eran, “todavía no comprendes querida, ten paciencia por favor”. No tenía opción, la espera se convertía en amiga inseparable. Faltaba un día para mi casamiento, y también para mi cumpleaños. Matías fue tan dulce y considerado que escogió ese día para contraer matrimonio. La felicidad me volvió a arropar y la esencia de mi nombre flotó de mi corazón hacia mi cerebro, dándole la instrucción para que dejara de pensar, y así poder disfrutar de algo que jamás olvidaría. Así fue como me relajé y seguí mi intuición, me casaría con el hombre que amaba y sé que mi madre si estuviera aquí se sentiría inmensamente feliz, ya que Matías le hubiera caído realmente excelente. Su sueño parecía cumplirse al pie de la letra, su anhelo era que yo fuera feliz por siempre junto al hombre que me mostrara un corazón puro, cariñoso y sobre todo respetuoso. La ceremonia fue organizada por la familia de él, que por cierto eran tan amables y ubicados como mi futuro esposo. Podía decir en voz alta ¡Estábamos en un paraíso terrenal! No había nada más que adjuntar. Tomé la mano de Matías en el altar, listos para convertirnos en un solo ser, llenos de amor y con un proyecto que nos haría desbordar de emoción, queríamos crear una gran familia, llenos de niños riendo y revoloteando por toda la casa, ambos acariciábamos esa idea desde hacía días. Un silencio se hizo presente, y cuando estábamos por dar nuestros votos, un chorro de sangre comenzó a brotar intensamente de la cabeza de Matías. Ingresé en un shock tan fuerte que produjo que viera a mi alrededor gente gritando, corriendo, pero todo en cámara lenta. La persona armada era mi padre, que no sólo asesinó a mi amado, sino a toda su familia y amistades. Comencé a temblar, y lo único que recuerdo de ese momento caótico, fue ver mi vestido blanquecino manchado de rojo, y sentir el placer de una mordedura sobre el cuello de mi padre. Lo devoré de una manera que olvidé que se trataba de mi progenitor. Mientras consumía su apestosa sangre recordé el mal que nos había hecho tanto a mi madre como a mí, y ahora me quitaba la única riqueza que tenía, a Matías. Me infecté con el alcohol que circulaba en su sangre, y al cabo de 10 minutos caí desplomada en el suelo, observando con los ojos al cielo que se empezaba a tornar de un negro profundo. Cuando cobré el sentido, no hice más que alejarme. Debía abandonar esa ciudad y olvidar lo ocurrido, ya que lo sucedido se asemejaba a un viejo cuento de terror, y además no comprendía nada, o mejor dicho, casi nada. La situación tomaba otro color, ahora entendía ciertas actitudes de mi madre, el porqué me quería proteger tanto, que no me enojara por acciones sin sentido de los demás, y lo que tenía que explicarme al cumplir los 18. Era claro que era un ser vampiro, y que el primero en caer sobre mis colmillos debutantes, fue el malnacido de mi padre. Yo le había despojado su vida, pero él, mucho antes, me había envenenado mi existir y mis sueños que jamás pude cumplir, porque al alejar a Matías de mi lado, destrozó una parte de mi corazón, el último trozo sano, ya que el otro se lo llevó mi madre cuando la vida y él, me la arrebataron. Finalizo algunas de mis memorias sobre este pergamino, con una última oración dedicada a mi querida madre, “Perdóname, sé que no cumplí con tu mandato sobre el respeto por la vida de los demás, es que no había alternativa, era papá, o tu hija y futuro nieto que llevaba dentro mío”. Mi hijo, un hombre bello, al igual que su padre, un poco altanero, pero seguro que su abuela estaría orgullosa de él. No cometeré el error de mi madre, no esperaré hasta sus 18 años, es tiempo de explicarle que es distinto al resto y que tendrá que cuidarse. Será más ágil y fuerte que su madre, ya que es el único y primer híbrido humano-vampiro que pisa este planeta, y es el único ser que mantiene la poca humanidad que vive dentro de mi avejentado y diminuto corazón. Sólo vivo a través de sus ojos, y espero con ansias que mi esencia, que alguna vez me obsequió mi madre, la pueda llevar dentro de él hasta el fin de su vida… Felicidad y eternidad, imploro que lo logre. FIN MUCHAS GRACIAS POR LEER
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