En la serie "Biblioteca Personal" del escritor argentino Jorge Luis Borges, encontramos un texto recomendable -más que eso tal vez- ya que la invitación viene nada menos que del autor de "Ficciones". Se trata de "El Mandarín", la novela del portugués José Maria Eça de Queiróz considerado por muchos el mejor escritor realista portugués del siglo XIX. Fue autor, entre otras novelas de reconocida importancia, de Los Maia. Una apretada síntesis de este bello trabajo literario de Queiróz, leemos que en el rincón más apartado de la China existe un mandarín más rico que todos los reyes que nos cuentan las historias y las fábulas. Nada sabes de él, ni de su nombre, ni de su rostro, ni de la seda con que se viste. Para heredar sus inagotables caudales basta con que toques esa campanilla que está a tu lado sobre un libro. El mandarín solamente exhalará un suspiro en los confines de Mongolia. En ese momento será un cadáver. Y tú verás a tus pies más oro del que puede soñar la ambición de un avaro. "Tú, que me lees y eres hombre mortal, ¿tocarás la campanilla?". José Maria Eça de Queiróz El texto de Borges acerca de "El Mandarín" “A fines del siglo XIX, Groussac pudo escribir con veracidad que ser famoso en Sudamérica no era dejar de ser un desconocido. Ese dictamen, por aquellos años, era aplicable a Portugal. Famoso en su pequeña e ilustre patria, Jose María Eça de Queiros (1845-1900) murió casi ignorado por las otras tierras de Europa. La tardía crítica internacional lo consagra ahora como uno de los primeros prosistas y novelistas de su época. Eça de Queiroz fue esa cosa un tanto melancólica: un aristócrata pobre. Estudió Derecho en la Universidad de Coimbra y, una vez terminada su carrera, desempeñó un cargo mediocre en una mediocre provincia. En 1869 acompañó a su amigo, el conde de Rezende, a la inauguración del canal de Suez. Pasó de Egipto a Palestina, y la evocación de esas andanzas perdura en páginas que muchas generaciones leen y releen. Tres años después ingresó en la carrera consular. Vivió en La Habana, en Newcastle, en Bristol, en la China y en París. El amor a la literatura francesa nunca lo dejaría. Profesó la estética del parnaso y, en sus muy diversas novelas, la de Flaubert. En “El primo Basilio” (1878) se ha advertido la sombra tutelar de Madame Bovary, pero Émile Zola juzgó que superior a su indiscutible arquetipo y agregó a su dictamen estas palabras: “Les habla un discípulo de Flaubert”. Cada oración que Eça de Queiroz publicó había sido limada y templada, cada escena de la vasta obra múltiple ha sido imaginada con probidad. El autor se define como realista, pero ese realismo no excluye lo quimérico, lo sardónico, lo amargo y lo piadoso. Como su Portugal, que amaba con cariño y con ironía, Eça de Queiroz descubrió y reveló el Oriente. La historia de ”O Mandarim” (1880) es fantástica. Uno de los personajes es un demonio; otro, desde una sórdida pensión de Lisboa, mata mágicamente a un mandarín que tiende su barrilete en una terraza que está en el centro del impero amarillo. La mente del lector hospeda con alegría esa imposible fábula. En el año final del siglo XIX murieron en París dos hombres de genio, Eça de Queiroz y Oscar Wilde. Que yo sepa, nunca se conocieron, pero se hubieran entendido admirablemente.” J. L. Borges “Biblioteca Personal”
Borges nos recomienda una novela
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