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Florencia

Arte•3/15/2012
Consecuencia de dos energías intensas pero podridas, apareció Florencia en este mundo, sólo para recibir puñaladas. Tras una infancia olvidada, la adolescencia de Florencia fue una bomba de tiempo. Cualquier cosa que haya sido el desquicio de su madre, tuvo la entidad suficiente como para tajar hondamente el corazón de Florencia, que en un abril extraño, vio partir a la vieja, a su vieja, a la mujer que un día se acostó como pudo en una cama, y en una inalcanzable valentía, se abrió una parte de su cuerpo -aunque más que de su cuerpo fue de sus tripas- de donde salió Florencia, a bancarla. El padre de Florencia era un tipo raro, pero malo. En la traición a la sangre, de la propia sangre, se esconde únicamente eso que entendemos es la maldad. Y el padre de Florencia de algún modo la tenía, porque justo es decir también, que de otro modo era la maldad quien le inundaba el alma a ese pobre tipo. Y Florencia andaba como anda alguien que quedó en el medio del mar. Sola y asustada. Porque Florencia no tuvo un modelo que copiar, o en todo caso tuvo uno malo y uno loco y triste, y en esa carencia de amor, Florencia quedó expuesta. Durante un tiempo, eso que era Florencia pareció sentirse cómoda en escenarios que no le eran habituales. Recibió caricias, abrazos, besos y atención. Pero ese remedio actuó más bien como una anestesia, porque lo que le pasó a Florencia fue que dejó de sentir dolor, pero no dejó de tenerlo. Como un volcán en medio de un pueblo acecha a la distancia sabiendo que el día de la erupción quemará todo, absolutamente todo, así funcionaba el engranaje del espíritu de Florencia, que no tardaría mucho en estallar. Los novios que tuvo terminaron por maltratarla, por insultarla, por degradarla. A Florencia le diagnosticaron bipolaridad. Se hizo adicta al sexo, o el sexo la ganó. O más bien lo que la ganó fue la humillación. Para siempre. Para eso que era Florencia, lo importante era no despegarse de lo que la acompañó durante toda su vida, el dolor. O el sometimiento al dolor. La predisposición al dolor. El necesitar al dolor. Florencia tiene un buen corazón, si lo que quiere decir eso es que Florencia es buena mina, una mina de verdad, que se llama Florencia, y que pide a gritos que la cuiden, que la protejan, pero hasta ahora, que yo sepa, nunca pudo comer del queso, sin que la trampera la aplaste. link: http://www.youtube.com/watch?v=KSdbEtL-YXY&feature=related
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