Conciencia Parlante Por @OliverTours Fernando niega con la cabeza. "No, no lo voy a hacer". Pone primera y suelta despacio el embrague. "¿Por qué no?" "Porque no. Y punto" El auto se mueve un poco y comienza avanzar. "¿Es tu culpa todo esto?" La varillita marca 2000 revoluciones. El motor tiembla. "No, pero de todas maneras no lo voy a hacer". La mujer de la esquina lo mira y sonríe. "Lo sabe, la puta madre, lo sabe." Fernando suelta el embrague y saca el cambio. Respira. "No lo voy a hacer." "¿Que culpa tenés vos de todo lo que pasa en tu familia?" "Tengo hijos carajo, tengo hijos." "Tus hijos no saben ni de que trabajas infeliz. ¿Es un pecado buscar fuera de casa lo que se debería tener dentro?" "Si, es pecado. Es malo. Estoy casado y tengo hijos." "Y sós un infeliz. Si. Un infeliz" Adriana mira al hombre del auto, esta tieso en el volante. Mira para adelante con la mirada perdida, se da vuelta hacia su compañera y le dice. -Mirá a ese loco. Parece que no se decide por cuál de las dos. La pelirroja sonríe y se va hacia el auto, Adriana la detiene. -Esperá, dejémoslo pensar. "No soy un infeliz." "Si, lo sos. Lo único que queres es distraerte un rato y no lo haces porque tenés esposa" "MI esposa me ama" "¡Tu esposa ni te habla boludo!" "Me ama, me ama" "No te ama nada. Sos un infeliz, anda y sacate el gusto." Fernando apretar el embrague y pone primera, la caja cruje un poco. "Solo tenés que acelerar, bajar el vidrio y decirle a cualquiera de las dos que se suban." "¿Y si me ve mi mujer?" "Tu mujer está en un cumpleaños a 100 kilómetros, tarado" "¿Y si me ve alguien?" "¿Quien te va a ver? Un auto negro, en medio de la noche, no seas boludo." Las luces del vehículo se encendieron y el hombre del volante se desvaneció tras el cristal reflejado. -Me parece que ya se decidió. -¿Vos decís? -Si, encendió el auto. -Para mí se va a ir. -Que poca fe le tenés. -Ya me desilusione varias veces. Adriana miro a su amiga, sorprendida por la frase. La pelirroja la dejo sola parada con sus tribulaciones mientras por la avenida se detenía una camioneta color gris. "Bien colorada" pensó. Escucho la risa de la muchacha y la puerta cerrándose del vehículo que le iba a dar un buen dinero a su compañera. Estaba sola. "Se fue una. Me voy." Soltó el embrague y comenzó a presionar el acelerador. "¡Te quedas acá! ¡Idiota! Así es mejor, tenés menos testigos." "No no. Tengo esposa y tengo hijos." "Volvemos a lo mismo. Nadie puede decirte nada por hacer lo que queres" "Pero ella no lo haría" "¿Que no lo haría?" "No, no empieces con eso de vuelta." "Empiezo de vuelta si no pones primera y te acercas a esa mujer." "No... Pero..." "Empiezo..." El auto avanzo lentamente hacia donde se encontraba Adriana. Ella sonrió, siempre sonreía cuando aparecía un cliente. Se acomodo el busto con las manos, se subió un poco los cancanes y fue hacia la ventanilla, decidida a hablar con aquel misterioso y tieso hombre. El auto se detuvo cuando ella llego a la altura de la ventanilla. Se agacho y trato de mirar, el polarizado le impedía cualquier apreciación, y el vidrio no bajaba. "Lo que me faltaba, encima de tímido, miedoso" "Baja la ventanilla" "No." "Baja la ventanilla" Fernando apretó un botón y el vidrio chirrió mientras bajaba, la cara de la mujer le sonrió al aparecer nítida tras el marco de la ventana. "Saluda" "No, no" "Saluda carajo" -B-b-buenas n-n-noches. La mujer rio fuertemente. Fernando sintió el rubor surgiéndole en el rostro. "La cierro, se va a la mierda" "¡No! ¡Dejala!" -Ay, perdoname que me reí. Es tu primera vez ¿No? "Lo sabe, lo sabe. Ya está." -S-si. Es que, bueno... -¿Puedo subir? Adriana sintió el chasquido de la traba y abrió la puerta para sentarse dentro, una vez que se tenía un contacto más directo, ya el cliente estaba casi asegurado. "No pueden razonar más que con la pija" pensó y sonrió socarronamente. -Decime ¿Por qué tardaste tanto en hablarme? -E-e-s que, nunca... Bah, nunca desde que... -¿Desde que estas casado? Fernando miro extrañado, se puso duro y miro para adelante, evitando la mirada de la mujer. Por encima del manubrio, en su mano brillaba un anillo de oro puro. -¿Como sabias? Dijo casi sin voz. -Vivo de esto mi amor. -N-no me digas así. -¿Así como? -Así, mi amor. -Bueno, si no te gusta. Fernando se quedo quieto pero Adriana, un poco enojada por la pérdida de tiempo, lo interrumpió. -¿Nos vamos a ir o nos vamos a quedar acá toda la noche? El auto acelero por la avenida y doblo a la derecha. Nadie hablaba. -¿Cómo te llamas? Pregunto Adriana, pero no tuvo respuesta. Hizo unas tres o cuatro preguntas más, pero todas tuvieron la misma contestación: una mirada fija y desprovista de carisma. "Dios, nunca tuve un cliente tan miedoso. Espero que se le pare aunque sea". Siguieron unos cinco minutos por una calle empedrada y se detuvieron ante una casa con portón azulado, Fernando miro por el retrovisor y giro el volante para meterlo en el garaje. El portal, dócil, se abrió con un pequeñísimo chirrido y todo se oscureció, dejando atrás la oscura calle y el pudor. -Me llamo Fernando Dijo, al fin. -Soy casado, pero no hay nadie en mi casa. Se bajo y le abrió la puerta del auto. -¿Y no hay peligro de que llegue tu esposa? -No. Dijo secamente y se aventuro a la casa. Tenía un living amplio, con una televisión y un par de sillones, seguido por un comedor de aspecto monacal, con sillas de respaldo alto y curiosos cuadros religiosos. Adriana lo siguió hasta un pasillo, el cual se desprendía de uno de los accesos del comedor; el corredor era amplio y había distintos cuadros de Fernando con su familia. Giro a la derecha en una puerta y Adriana entro a un cuarto con cama con dosel, color vino. Era un cuarto bastante ordenado, se podía ver un vestidor oculto tras un par de puertas de roble brillante. Adriana sabía que no tenía más que hablar y comenzó a quitarse la ropa. -No, no para. ¿Qué haces? No. -¿Queres que baile? Le pregunto intentando poner su mejor cara de mujer sensual. -No, no. Vení, sentate. Fernando se sentó en la cama y tomo un termo que estaba esperándolo en su mesa de luz, Adriana rodeo la litera y se le coloco al lado. "¿Un mate?" pensó. El hombre bebió un sorbo y luego de rellenar la infusión con agua caliente se lo paso a ella. -No, gracias. Adriana estaba un poco nerviosa, le parecía una pésima forma de perder el tiempo. Le importaba poco y nada que tan tímido fuera, le tendría que pagar todo el tiempo que había perdido. -Por favor, toma. Ella acepto, de mala gana. "No está mal" pensó. -Bueno, ahora sí. ¿Para qué me hiciste venir? Porque estuviste media hora mirándome desde el auto, no me dirigiste la palabra, no creo que tengas muchas ganas de cojerme. -No, no te hice venir para que hagamos el amor. Pasa que... -¿Qué? ¿Qué pasa? Me vas a tener que pagar todo este tiempo que me hiciste perder. Fernando levanto la mirada del piso, que había mantenido desde que se sentó. -Yo solo quería que hablemos. -¿Hablar? -Sí, no necesito sexo y te puedo pagar todas las horas que quieras, solo necesito hablar con alguien.
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