Buen día, Taringueros.
Traigo a ustedes la tercera parte de relatos breves propios rescatados del olvido. Espero que les guste.
Niño interior.
Allí yacía él, solo y abandonado, triste, lejano;
en medio de tinieblas inexpugnables, con frío, enfermo, sediento, agonizante.
Allí yacía él, aquel que jugaba, aquel que reía, aquel que lloraba.
Aquel que con su inocencia enamoraba, aquel que no callaba.
Allí yacía él, casi sepultado por los esqueletos de los días que pasaron. Escuálido, descolorado y sucio.
Allí yacía él, con la esperanza intacta, tan puro como siempre. Sin voz de mando.
Aquí yace él, escribiendo estas líneas, invistiendo un cuerpo adulto, a punto de marcharse nuevamente;
Allí yace él…
Esquizofrenia en el espejo.
Gracias por pasar. Les mando un abrazo.
Traigo a ustedes la tercera parte de relatos breves propios rescatados del olvido. Espero que les guste.
Niño interior.
Allí yacía él, solo y abandonado, triste, lejano;
en medio de tinieblas inexpugnables, con frío, enfermo, sediento, agonizante.
Allí yacía él, aquel que jugaba, aquel que reía, aquel que lloraba.
Aquel que con su inocencia enamoraba, aquel que no callaba.
Allí yacía él, casi sepultado por los esqueletos de los días que pasaron. Escuálido, descolorado y sucio.
Allí yacía él, con la esperanza intacta, tan puro como siempre. Sin voz de mando.
Aquí yace él, escribiendo estas líneas, invistiendo un cuerpo adulto, a punto de marcharse nuevamente;
Allí yace él…
Esquizofrenia en el espejo.
Su rostro,agrietado por el paso del tiempo. Sus ojos, humedecidos por el rocío de la muerte. Sus labios, jubilados, ya no sonreían… Era un hombre sin nombre.
Lo veía con frecuencia alarmante, casi como si siguiese sus pasos. Siempre estaba allí, solo, simplemente allí, iluminado por un sol apócrifo.
Difícil no perderse en las arrugas de su semblante,rastros de una vida lejana. No podía evitar observarlo, algo me atraía, un injustificado desprecio que recorría mis venas cuando intercambiábamos miradas, miradas que conducían al infinito. Lo odiaba por algún motivo que escapaba de mi conciencia, algo representaba, algo me había hecho.
Me acerqué y comencé a hablarle con un tono agresivo, podía sentir su pútrido aliento. Él no respondía.
¡Se estaba burlando! movía sus facciones y labios como queriendo imitarme.
Irritado, habiendo perdido el dominio de mis actos, replegué mi brazo derecho con el puño cerrado, le iba a asestar un golpe mortal. Sin embargo, él, tan o más veloz en movimientos me imitó nuevamente. Nos detuvimos perplejos, cuasi coreo gráficamente, sin llegar a asestar golpe alguno.
Su mano estaba manchada con sangre, sangre que no era mía.
Apagué la luz, el hombre sin nombre se disipó.
Tenía que esconder el cuerpo antes de que llegaran mis próximas víctimas.
Gracias por pasar. Les mando un abrazo.