High Voltage (edición australiana, 1975)
El álbum de debut, grabado en poco más de una semana, que les da a conocer en Australia. Malcolm y Angus, los dos hermanos que escriben la música de la banda, cuentan con la experiencia de su hermano mayor George Young, quien ya había conocido el estrellato con los Easybeats. También con la instantáneamente reconocible voz de su nuevo cantante, Bon Scott. Al igual que los hermanos Young, Scott provenía originalmente de Escocia y sobre todo tenía una gran experiencia en el mundillo tras haber militado en la boy band The Valentines (no se pierdan a Scott en la parte superior derecha de esta actuación, ¡con blusa de volantes y peinado sesentero!) y en el combo hippioso Fraternity (donde también resulta chocante verlo cantando rock progresivo de tintes folkie: véanlo ustedes mismos). Scott, pese a su carácter bohemio, conocía bien los intríngulis del negocio musical y captó inmediatamente el potencial de los hermanos Young, conducidos por una disciplina y una determinación casi militares. Supo que aquellos tipos iban directos al éxito y decidió subirse al carro, aportando la inimitable imagen de canalla portuario que lucía por entonces y sobre todo su increíblemente expresiva voz, más chillona que en sus anteriores bandas. Este disco conocería dos versiones: la original australiana de 1975 y una reedición internacional con algún cambio editada al año siguiente, que probablemente es la que tengan en casa la mayoría de los lectores fans de la banda.
Little lover: Un medio tiempo largo y relativamente pausado, algo inusual en los discos de AC/DC por entonces, que muestra influencias del hard rock típico de la época, saliéndose un poco del boogie rock poderoso que los caracterizaba por lo general:
Baby, please don’t go: La edición australiana del álbum contenía esta canción de Big Joe Williams, aunque basada en la versión de los Them de Van Morrison, una de las influencias principales en los inicios de AC/DC. En esta actuación podemos verlos interpretando el tema, con Angus luciendo su habitual traje de escolar y Bon Scott respondiendo a su manera, ¡disfrazado de colegiala con coletas!
You ain’t got a hold on me: Otro tema característico de los inicios, cuando todavía no hacían constante énfasis en una sonoridad explosiva y podían llegar a sonar incluso relativamente moderados:
Show Business: Un divertido boogie rock de estructura tradicional, muy en la onda de lo que harían en los siguientes discos. Como puede comprobarse, están en camino de encontrar su propio sonido, pero todavía les queda un pequeño empujón para ser los AC/DC que todos conocemos.
T.N.T. (edición australiana, 1975)
El segundo disco. AC/DC era una de las bandas más trabajadoras que ha habido en el rock, haciendo dos y tres conciertos diarios siempre que podían y recorriendo la amplia geografía australiana en furgoneta. El intensísimo rodaje en directo les lleva a descubrir que el público responde mejor ante su faceta más rítmica y dura, así que se adentran todavía más en un boogie rock pasado de watios que realmente es música de raíces pero pasada por el tamiz de una muralla de guitarras. El quinteto se completa con el nuevo batería Phil Rudd —una pieza que con los años se probó insustituible— y el bajista Rob Bailey. Aquí, finalmente, sí podemos decir que suenan definitivamente a los AC/DC clásicos y de hecho empiezan a llegar sus primeros himnos inmortales.
It’s a long way to the top (if you wanna rock’n’roll): Me suena que esta canción ya salió en algún artículo, pero no queda más remedio que ponerla de nuevo. El gran momento de la canción reside las gaitas, un inesperado guiño al origen escocés de los hermanos Young y de Bon Scott (encargado de ejercer como gaitero). Las gaitas sonaron sorprendentemente bien en mitad del tenso rock característico de la banda. Con esto se abría su segundo álbum, lanzando el profético mensaje de que «hay un largo camino hasta la cima si quieres dedicarte al rock’n’roll», además de una especie de recordatorio de que «somos australianos… pero no tanto»:
The Jack: Un medio tiempo en tono de rhythm & blues, pero tamizado por la maquinaria rítmica en que AC/DC ya se están convirtiendo. Un guiño a la tradición blues de los que abundarán en la carrera del grupo. Bon Scott canta el tema con la mejor de sus entonaciones chulescas y con una de sus letras característicamente repletas de dobles sentidos, referencias sexuales y un gamberro sentido del humor.
Rock ‘N’ Roll singer: Power chords, bases rítmicas secas, cortantes y un constante groove se han convertido en la especialidad de la casa. Aquí se bastan con un sencillo e infeccioso riff que una década más tarde más tarde copiarían The Cult en su por otro lado magnífica Wild Flower:
T.N.T.: Uno de los temas más básicos y trogloditas del disco, con el divertido toque de los coros a lo hooligan («Oi! Oi! Oi!»), que ya parece anticipar la intención de crear canciones que puedan ser coreadas por una multitud de jóvenes repletos de testosterona. Marca el giro de su música desde un blues rock más tradicional hacia un estilo marcado por la contundencia:
High Voltage: Uno de los mejores temas de su primera etapa, en donde más se les nota la fijación por el boogie rock y el rock and roll de los años 50 (es bien sabido que Chuck Berry es el gran ídolo de Angus Young). Una estrofa tan pegadiza como si fuese un estribillo, y un estribillo arrollador como el séptimo de caballería. Y por encima de todo, la voz de Bon Scott desgranando la canción con esa extraña mezcla entre intensidad y pasotismo —algo en plan «adoro cantar esta canción, pero bien podría estar haciendo cualquier otra cosa»— que solamente él sabía conseguir:
Dirty deeds done dirt cheap (1976)
Con un fabuloso título, el tercer álbum supone otro salto de calidad. Si sus dos primeros discos ya eran fantásticos, aquí parecen sentirse todavía más cómodos en su piel y no dudan en lanzarse a por todas sin complejos, básicamente grabando lo que les viene en gana. Así, suenan más agresivos y gamberros que nunca. Por entonces estaban descubriendo que no había banda que pudiera hacerles frentes en directo —el 99% de las veces se comían a sus compañeros de cartel— y esa confianza se trasluce en el álbum, donde empiezan a experimentar y dejarse llevar por su faceta más desenfadada. El boogie rock tiene una preponderancia incluso mayor, pese a que todo suena más contundente. Existen dos versiones del disco, la original australiana y otra internacional, que varían en alguna que otra canción. Este fue el primer álbum con el que se dejaron oír en Europa.
Dirty deeds donde dirt cheap: El tema que da título reincide en el sonido contundente de temas como T.N.T. Esta canción (que en los años 80 tendría una segunda vida cuando el disco se convirtiese tardíamente en un éxito mundial) es una muestra más de la facilidad con que AC/DC dominaban su faceta más puerilmente anárquica, algo que terminaría haciéndolos conectar con el público adolescente.
Rocker: Un rock and roll sencillo, acelerado y directo a la médula. Tanto la música como la letra dejan claro —por si alguien no lo sabía— cuál es la clase de música que les gustaba a estos tipos. AC/DC no acostumbraban a grabar temas excesivamente veloces porque el groove y el cuidado de la cadencia rítmica eran ingredientes básicos en su música. Pero cuando se decidían a hacerlo parecían una locomotora en marcha.
Big balls: Un tema bastante insólito en el repertorio de la banda y probablemente el más deliciosamente estúpido de toda su discografía. Bon Scott declama —con ese estilo que nadie ha podido imitar jamás— una cachondísima letra en la que juega con el doble sentido de la palabra balls («bolas» y «bailes»), componiendo un hilarante poema sarcástico repleto de equívocos sexuales y bastante carga de ironía social hacia las clases altas. Hay gente que la considera una de las mejores letras de Bon, y probablemente tengan razón. AC/DC siendo punks antes de que el punk se hubiese puesto de moda. Lo dicho, una auténtica delicia.
Ain’t no fun (waiting round to be a millionaire): Un canto a la vida del rockero («no es divertido intentar hacerse millonario»). Y una canción desacostumbradamente larga para ser de AC/DC. En la primera parte del tema, Bon Scott recita su filosofía y su modo de vida, con los que no pocos de sus oyentes podían (o podíamos) identificarnos: «tengo agujeros en mis zapatos, tengo agujeros en mis dientes, tengo agujeros en mis calcetines». La segunda parte es una repetición de la frase principal en un crescendo de intensidad. En la tercera parte y mientras la banda cabalga de manera desbocada, vuelven a repetir la frase principal del título con otra melodía. Bon Scott hace una tremenda demostración de feeling y la sección final de la canción contiene varios momentos escalofriantes de esos que Bon podía crear con su inigualable voz. Si los tres minutos finales de este tema no le ponen a usted los pelos de punta, es que a usted no le gusta el rock’n’roll. Que está en su derecho, claro, pero… usted no sabe lo que se pierde. Una maravilla de siete impresionantes minutos.
Ride on: Uno de los escasos temas lentos y melódicos grabados por los AC/DC de los 70 («no soy tan viejo como para no llorar cuando una mujer me pone triste»), aunque en este terreno demuestran sentirse también en su salsa. Sirve para comprobar la técnica vocal de Scott, quien se pone a jugar con un amplio repertorio de recursos y filigranas. El calificativo «bonita» no es el que se ajusta a muchas canciones de AC/DC, pero en esta ocasión sirve perfectamente. En cierto modo, casi es una pena que no se decidiesen a grabar más temas en esta onda, claro que entonces no serían ellos.
Jailbreak: Incluida únicamente en la versión australiana del disco (no en la versión internacional) aunque fue rescatada para el público mundial durante los ochenta, en el EP 74’ Jailbreak. Es un tema sencillo en el que podemos apreciar claramente uno de los ingredientes básicos de la música de AC/DC: el inimitable groove proporcionado por la guitarra rítmica de Malcom Young, generalmente en la sombra tras los solos y la exuberante personalidad escénica de su hermano menor. Una canción tremendamente pegadiza sobre una fuga carcelaria y un divertido videoclip con un Bon Scott en plena exhibición de carisma macarra:
Let there be rock (1977)
El cuarto álbum supone un nuevo paso adelante. En trabajos anteriores la banda sonaba compacta, pero ahora empieza a ser como una muralla de sonido. Abandonan los medios tiempos más calmados o las bromas estilo Big balls y se centran únicamente en el boogie rock más duro y directo, el que tan buen resultado les está dando en sus conciertos. Dicho de otro modo: renuncian a matices para ganar pegada. Así pues, esa muralla de sonido domina todo el álbum… pero a la vez están componiendo algunas de sus mejores canciones hasta la fecha. El resultado, claro, es una bomba. También para este disco, como sucedía con Dirty Deeds, existen dos versiones: una edición australiana y otra destinada al mercado internacional.
Go down: La canción que Bon Scott dedicó a una groupie famosa por el grosor de sus labios y su habilidad para proporcionar sexo oral. El título lo dice todo («ve ahí abajo»). Lo mejor es el intermedio en el que Bon Scott y Angus Young juguetean —uno con su voz y el otro con su guitarra— simulando el crescendo de una felación. Uno de los varios martillazos rítmicos del álbum.
Let there be rock: Un tema en el que nos hablan sobre la historia del rock en tono bíblico («hágase la luz, y la luz se hizo; hágase la batería, y la batería se hizo; hágase la guitarra, y la guitarra se hizo; hágase el rock»). El grupo se dedica a galopar cual caballo desbocado, con algunos de los fragmentos más adrenalínicos que grabaron por aquellos tiempos. Como curiosidad, durante la grabación del videoclip en una iglesia —habían engañado al cura, claro—, Bon Scott (caracterizado como el sacerdote más molón de todos los tiempos) se partió una pierna tras dar el salto que vemos en algún momento del clip (minuto 4:20 para más señas). Aun herido y antes de que se lo llevaran al hospital, todavía tuvo tiempo de grabar alguna secuencia donde podemos verlo con cierta expresión de «me estoy aguantando pero estoy jodido». También comprobamos que Angus Young tenía bien asumido su papel de histrión de la banda, el cual siempre cumplió a la perfección y se convirtió en uno de sus grandes guiños escénicos. Por cierto, Bon Scott se equivocó al grabar las voces con la secuencia bíblica y puso el sonido antes que la luz en el acto de la Creación. Gran canción, entrañable videoclip.
Whole lotta Rosie: Este pedazo de dinamita, que siempre es una de sus canciones que mejor funciona en directo, estaba dedicado a una mujer particularmente rellenita que al parecer fue una de las mejores amantes que afirmaba haber tenido el escuálido Bon Scott. Es probablemente uno de los puntos álgidos de AC/DC en esta época, dotada de una fuerza descomunal casi imposible de reproducir.
Powerage (1978
Quinto álbum en estudio de la banda, el primero que editan pensando directamente en el mercado internacional. Siempre es difícil comparar los discos de esta época debido a su estilo similar y básicamente porque están todos a un tremendo nivel, pero aquí quizá estén empezando a alcanzar la perfección en su fórmula. Escuchamos inicios de canción marcados por fragmentos de tensión que dejan al oyente expectante, una máxima compenetración entre los músicos, y nuevos e inspiradísimos riffs. En este álbum hay varias canciones memorables que mucha gente no suele tener en cuenta, que quizá no son los típicos himnos que suenan en la radio, pero que están entre las mejores composiciones del grupo en aquellos años. Por cierto, el bajista Mark Evans salió de la banda, siendo sustituido por el inglés Cliff Williams. Así, el batería Phil Rudd ya era el único miembro de AC/DC que había nacido en Australia.
Riff Raff: Una de las grandes joyas del disco y una de las más grandes canciones de la historia de AC/DC, que ya es decir. El concepto «intro» alcanza nuevas cotas en AC/DC, porque transcurren casi dos minutos hasta que Bon Scott empieza a cantar. Un tema explosivo con una estructura cuidadísima y que contiene uno de los mejores riffs de guitarra de toda su discografía. Una buena muestra del enorme poder de este grupo: fuerza tremebunda, pero sin perder ese toque boogie que les da tanto encanto. Sin un solo instante de respiro… todo pura energía y vitalidad. Maravillosa.
Sin City: Al contrario que en Riff Raff, aquí no manda una sucesión de riffs sino una constante rueda de power chords («acordes potentes», vamos) sobre la que Bon Scott habla de Las Vegas. Una canción prototípica de la fórmula AC/DC, pero depurada hasta su máxima esencia.
What’s next to the moon: Otra joya «oculta»que mucha gente no suele tener en cuenta pero que es una auténtica maravilla, he de confesar que una de mis favoritas del grupo. Un medio tiempo conducido por un atmosférico riff arpegiado y un estribillo absolutamente fantástico que entra de repente, como un puñetazo. Sencilla, pero perfecta en sus tres minutos y medio, de principio a fin. No será tan popular como otras, pero para mí es una muestra de lo increíbles que podían llegar a ser AC/DC.
Up to my neck in you: …y de nuevo un tema que algunos no tienen muy en cuenta pero que es otra joya inmortal. Un rhythm & blues de estructura tradicional sazonado con energía atómica, donde de nuevo brilla muy especialmente Bon Scott: lo que este hombre hace con su voz en esta canción es verdaderamente digno de estudio para cualquier aspirante a cantante que quiera saber cómo sobresalir por encima de una muralla de guitarras, sin por ello tener que renunciar a un ápice de expresividad. Impresionante. Bon Scott era uno de los más dignos herederos de Little Richard y una de esas escasas voces de las que uno puede decir: el rock and roll se canta así.
Highway to hell (1979)
El sexto disco, para mucha gente la obra cumbre de AC/DC en su etapa con Bon Scott. Y personalmente estaría de acuerdo con esa apreciación. Sus cinco anteriores álbumes son fantásticos, todos, sin excepción. Pero es que aquí cada canción parece tocada por una varita mágica: diez canciones, diez himnos imperecederos. La fórmula es la de siempre, el sonido es bastante similar al de Powerage, pero básicamente el nivel es tan alto que perfectamente podría pasar por un recopilatorio con lo mejor en toda la carrera de una banda. Ojo, vuelvo a insistir que los trabajos anteriores no desmerecen, pero en Highway to hell AC/DC rayan la perfección en su estilo. Ninguna otra banda ha conseguido reproducir esta vibración, aunque son muchas las que lo han intentado una y otra vez. Si ya era difícil seleccionar canciones para una lista con los demás trabajos, aquí casi hay que recurrir a lanzar una moneda al aire o sencillamente habría que incluir las diez canciones de golpe. Si usted nunca ha escuchado a AC/DC, este es el disco por el que debería empezar porque aquí los tiene en su esencia más pura. Con este álbum comenzaron a saborear el éxito: el disco fue número ocho en el Reino Unido y lo que es más importante, por muy poco no llegó al Top Ten también en los USA. Finalmente estaban recibiendo atención internacional, vendiendo muchos discos… parecían estar al borde de poder llegar a convertirse en algo verdaderamente grande. La sensación es que solamente necesitaban otro buen disco para consagrarse definitivamente entre la realeza del negocio. Lástima que Bon Scott no viviese para verlo.
Highway to hell: Por algún motivo, la canción más conocida de AC/DC entre el público en general y con bastante diferencia. Quizá se deba a su instantáneamente reconocible inicio, de esos que parecen diseñados para sonar en la radio. O quizá por el estribillo fácilmente cantable. Sea como fuere, es el tema con el que la mayoría de gente asocia a AC/DC por más que cualquier fan pueda tener otros muchos favoritos. Ciertamente suena a himno desde el primer segundo hasta el último, incluyendo una muy descriptiva letra en la que Bon Scott ensalza una vez más el tipo de vida de canalla rockero que estaba a punto de llevárselo por delante en breve:
Touch too much: Un tema potente pero al mismo tiempo con una vocación melódica que parece anunciar en parte lo que AC/DC harán en tiempos posteriores, combinando su energía habitual con estribillos que ya no son tan trogloditas como en los tiempos de Dirty deeds done dirt cheap:
Beating around the bush: Un riff inconfundible como aquel de Riff Raff, aunque esta canción es menos grandilocuente que aquella. El «hachazo» es la marca de la casa, cada golpe es una explosión de dinamita perfectamente cronometrada y pese a la impresión general de que escuchamos a cinco tipos dejándose llevar por un subidón de testosterona, lo cierto es que no hay una sola nota fuera de sitio o que no parezca estar cuidadosamente planeada de antemano.
Get it hot: Un boogie rock que podría haber encajado en High Voltage o T.N.T., donde una vez más hemos de insistir en la idea de que aquellos AC/DC no eran un grupo basado en hacer el mayor ruido posible, sino que el ingrediente fundamental de la mayor parte de su música era el groove, el conseguir un ritmo potente que sin embargo le hiciese a uno mover los pies.
If you want blood (you’ve got it): Un riff ejecutado con precisión milimétrica, una estructura sencilla, un estribillo directo a la médula. Y por encima de todo —una vez más— la voz de Bon Scott, que se apropia de la canción en cuanto pronuncia la primera frase con esa estridencia y chulería características.
Love hungry man: Al igual que en Touch too much, aquí vuelven a darle algo más de protagonismo a la melodía, las armonías y las texturas. El resultado es una canción repleta de electricidad pero también rodeada de un extraño aire melancólico, incluso en sus momentos de explosión:
Girls got rhythm: Boogie rock en estado puro, la clase de canción simple y bailable que AC/DC bordaban con insultante facilidad. Sirva este video sin embargo como agridulce despedida a toda una época, ya que se trata de la última filmación de Bon Scott en vida. La banda apareció en un programa de TVE (sí, en la televisión española) llamado Aplauso, generalmente dedicado a la música hortera que más gustaba —y sigue gustando— por estos lares, pero donde también aparecían bandas extranjeras en pleno auge. Es un playback típico de la época en donde vemos a Bon Scott proféticamente sumergido en una rojiza penumbra: apenas unos días después, fallecería en Londres.
El diecinueve de febrero de 1980, Bon Scott fallecía a los trenta y tres años de edad por causa de una «intoxicación alcohólica aguda», según rezaba el informe médico. Bon terminó muy borracho tras una de sus habituales noches de fiesta en un club londinense, hasta el punto de perder el conocimiento. Un amigo lo dejó durmiendo en el asiento trasero de un coche… con la mala suerte de que su cuello quedó en mala postura, con la tráquea doblada, al parecer asfixiándolo. A la mañana siguiente, cuando fue a buscarlo, Bon seguía exactamente en la misma posición y llevaba horas muerto.
Gracias por pasar