InicioArteLa última ilusión de Don Juan

La última ilusión de Don Juan

Arte9/21/2015
La última ilusión de Don Juan

Feliz Primavera! les dejo un cuentito de Emilia P. Bazán, que lo deisfruten


Las gentes superficiales, que nunca se han
tomado el trabajo de observar al microscopio la
complicada mecánica del corazón, suponen
buenamente que a Don Juan, el precoz libertino,
el burlador sempiterno, le bastan para su
satisfacción los sentidos y, a lo sumo, la fantasía,
y que no necesita ni gasta el inútil lujo del
sentimiento, ni abre nunca el dorado ajimez
donde se asoma el espíritu para mirar al cielo
cuando el peso de la tierra le oprime. Y yo os
digo, en verdad, que esas gentes superficiales
se equivocan de medio a medio, y son injustas
con el pobre Don Juan, a quien sólo hemos
comprendido los poetas, los que tenemos el
alma inundada de caridad y somos perspica-
ces.... cabalmente porque, cándidos en apariencia,
creemos en muchas cosas.
A fin de poner la verdad en su punto, os contaré
la historia de cómo alimentó y sostuvo Don
Juan su última ilusión..., y cómo vino a perderla.
Entre la numerosa parentela de Don Juan -
que, dicho sea de paso, es hidalgo como el reyse
cuentan unas primitas provincianas muy
celebradas de hermosas. La más joven, Estrella,
se distinguía de sus hermanas por la dulzura
del carácter, la exaltación de la virtud y el fervor
de la religiosidad, por lo cual en su casa la
llamaban la Beatita. Su rostro angelical no desmentía
las cualidades del alma: parecíase a una
Virgen de Murillo, de las que respiran honestidad
y pureza (porque algunas, como la morena
"de la servilleta", llamada Refitolera, sólo respiran
juventud y vigor). Siempre que el humor
vagabundo de Don Juan le impulsaba a darse
una vuelta por la región donde vivían sus primas,
iba a verlas, frecuentaba su trato y pasaba
con Estrella pláticas interminables. Si me preguntáis
qué imán atraía al perdido hacia la santa,
y más aún a la santa hacia el perdido, os diré
que era quizás el mismo contraste de sus temperamentos....
y después de esta explicación
nos quedaremos
tan enterados como antes.

Lo cierto es que mientras Don Juan galanteaba
por sistema a todas las mujeres, con Estrella
hablaba en serio, sin permitirse la más mínima
insinuación atrevida; y que mientras Estrella
rehuía el trato de todos los hombres, veníase a
la mano de Don Juan como la mansa paloma,
confiada, segura de no mancharse el plumaje
blanco. Las conversaciones de los primos podía
oírlas el mundo entero; después de horas de
charla inofensiva, reposada y dulce, levantá-
banse tan dueños de sí mismos, tan tranquilos,
tan venturosos, y Estrella volaba a la cocina o a
la despensa a preparar con esmero algún plato
de los que sabía que agradaban a Don Juan.
Saboreaba éste, más que las golosinas, el mimo
con que se las presentaban, y la frescura de su
sangre y la anestesia de sus sentidos le hacían
bien, como un refrigerante baño al que caminó
largo tiempo por abrasados arenales.
Cuando Don Juan levantaba el vuelo, yéndose
a las grandes ciudades en que la vida es fiebre y
locura, Estrella le escribía difusas cartas, y él
contestaba en pocos renglones, pero siempre.
Al retirarse a su casa, al amanecer, tambaleándose,
aturdido por la bacanal o vibrantes aún
sus nervios de las violentas emociones de la
profana cita; al encerrarse para mascar, entre
risa irónica, la hiel de un desengaño -porque
también Don Juan los cosecha-; al prepararse al
lance de honor templando la voluntad para
arrostrar impávido la muerte; al reír; al blasfemar,
al derrochar su mocedad y su salud cual
pródigo insensato de los mejores bienes que
nos ofrece el Cielo, Don Juan reservaba y apartaba,
como se aparta el dinero para una ofrenda
a Nuestra Señora, diez minutos que dedicar a
Estrella. En su ambición de cariño, aquella casta
consagración de un ser tan delicado y noble
representaba el sorbo de agua que se bebe en
medio del combate y restituye al combatiente
fuerzas para seguir
lidiando. Traiciones, falsías, perfidias y vilezas
de otras mujeres podían llevarse en paciencia,
mientras en un rincón del mundo alentase el
leal afecto de Estrella la Beatita. A cada carta
ingenua y encantadora que recibía Don Juan,
soñaba el mismo sueño; se veía caminando difí-
cilmente por entre tinieblas muy densas, muy
frías, casi palpables, que rasgaban por intervalos
la luz sulfurosa del relámpago y el culebreo
del rayo, pero allá lejos, muy lejos, donde ya el
cielo se esclarecía un poco, divisaba Don Juan
blanca figura velada, una mujer con los ojos
bajos, sosteniendo en la diestra una lamparita
encendida y protegiéndola con la izquierda.
primavera

Aquella luz no se apagaba jamás.
En efecto, corrían años, Don Juan se precipitaba
despeñado, por la pendiente de su delirio, y
las cartas continuaban con regularidad inalte-
rable, impregnadas de igual ternura latente y
serena. Eran tan gratas a Don Juan estas cartas,
que había determinado no volver a ver a su
prima nunca, temeroso de encontrarla desmejorada
y cambiada por el tiempo, y no tener luego
ilusión bastante para sostener la correspondencia.
A toda costa deseaba eternizar su ensueño,
ver siempre a Estrella con rostro murillesco,
de santita virgen de veinte años. Las
epístolas de Don Juan, a la verdad, expresaban
vivo deseo de hacer a su prima una visita, de
renovar la charla sabrosa; pero como nadie le
impedía a Don Juan realizar este propósito, hay
que creer, pues no lo realizaba, que la gana no
debía de apretarle mucho.
Eran pasados dos lustros, cuando un día recibió
Don Juan, en vez del ancho pliego acostumbrado,
escrito por las cuatro carillas y cruzado
después, una esquelita sin cruzar, grave y
reservada en su estilo, y en que hasta la letra
carecía del abandono que imprime la efusión
del espíritu guiando la mano y haciéndola aca-
riciar, por decirlo así, el papel. ¡Oh mujer, oh
agua corriente, oh llama fugaz, oh soplo de
aire! Estrella pedía a don Juan que ni se sorprendiese
ni se enojase, y le confesaba que iba a
casarse muy pronto... Se había presentado un
novio a pedir de boca, un caballero excelente,
rico, honrado, a quien el padre de Estrella debía
atenciones sin cuento; y los consejos y exhortaciones
de "todos" habían decidido a la santita,
que esperaba, con la ayuda de Dios, ser dichosa
en su nuevo estado y ganar el cielo.
emilia
Quedó Don Juan absorto breves instantes;
luego arrugó el papel y lo lanzó con desprecio a
la encendida chimenea. ¡Pensar que si alguien
le hubiese dicho dos horas antes que podía casarse
Estrella, al tal le hubiese tratado de bellaco
calumniador! ¡Y se lo participaba ella misma,
sin rubor, como el que cuenta la cosa más natural
y lícita del mundo!
Desde aquel día, Don Juan, el alegre libertino,
ha perdido su última ilusión; su alma va peregrinando
entre sombras, sin ver jamás el res-
plandorcito de la lámpara suave que una virgen
protege con la mano; y el que aún tenía
algo de hombre, es sólo fiera, con dientes para
morder y garras para destrozar sin misericordia.
Su profesión de fe es una carcajada cínica;
su amor, un latigazo que quema y arranca la
piel haciendo brotar la sangre.
Me diréis que la santita tenía derecho a buscar
felicidades reales y goces siempre más puros
que los que libaba sin tregua su desenfrenado
ídolo. Y acaso diréis muy bien, según el vulgar
sentido común y la enana razoncilla práctica.
¡Que esa enteca razón os aproveche! En el sentir
de los poetas, menos malo es ser galeote del
vicio que desertor del ideal. La santita pecó
contra la poesía y contra los sueños divinos del
amor irrealizable. Don Juan, creyendo en su
abnegación eterna, era, de los dos, el verdadero
soñador.

Emilia Pardo Bazán
"El Imparcial", 18 de diciembre 1893.

La última ilusión de Don Juan
Ilusion
Datos archivados del Taringa! original
25puntos
179visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
3visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

Y
YnnurB🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts158
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.