Carta de Clara a Nataniel
Klara <3
Aunque no me hayas escrito hace largo tiempo, creo, amado mío, que no habrás desechado mi recuerdo de tu pensamiento ni de tu corazón, pues el otro día, al escribir a tu hermano, pusiste en el sobre mi nombre y las señas de mi casa. Gracias a esta distracción, he sido la primera en abrir tu carta, y por las primeras líneas reconocí tu error. Hubiera debido no leer una palabra mas, y llevar la carta a mi hermano; pero el principio de la historia que le referías despertó de tal modo mi curiosidad, que sentí como un extravió. Ese Coppelius es un personaje espantoso, y yo ignoraba hasta ahora el terrible accidente que te privo de tu querido padre. El maldito vendedor de barómetros a quien tu llamas Giuseppe Coppola, y que, según dices, se parece tanto al infame Coppelius, me ha perseguido todo un día como un espectro amenazador; le he soñado, y durante la noche me desperté varias veces profiriendo gritos de espanto. No te enojes, amigo mío, si llegas a saber por la contestación de Lotario, que desde el día siguiente recobre la tranquilidad y la calma, desechando los fantasmas de mi imaginación, pues te confieso que lo sobrenatural no me parece muy admisible en esta historia. Coppelius podía ser el más repugnante de los hombres, y comprendo tu aversión de niño al ver su salvaje aspecto. Has hecho la personificación del Hombre de arena tal como podría hacerla un espíritu infantil impresionado por cuentos de nodriza. Las entrevistas nocturnas de Coppelius con tu padre no tenían seguramente mas objeto que el de practicar operaciones de alquimia; tu madre se afligía porque este trabajo debía ocasionar gastos muy crecidos, sin producir nunca nada; y por otra parte, tu padre, absorbido por la pasión por crear oro y de encontrar la piedra filosofal, descuidaba los asuntos de su casa y sus afecciones de familia. La muerte del autor de tus días me parece el resultado de una imprudencia; ciertas combinaciones de materias fundidas pueden determinar una explosión mas o menos temible; y esto lo se por un químico que me cito muchas sustancias cuyos extraños nombres no transcribo aquí porque los he olvidado.
Se que vas a compadecer a tu pobre Clara, que no cree en lo fantástico, ni ve en el mundo las cosas sino bajo su aspecto mas natural. !Ah¡ querido Nataniel: ¿existirá alguna fuerza oculta, dotada de tal ascendiente sobre nuestra naturaleza, que pueda arrastrarnos por una senda de desgracias y desastres? No, Dios nos ha dado la luz del espíritu y la piedra de toque de la conciencia a fin de que con su auxilio nos sea posible reconocer en todas partes, sean cuales fueren las formas con que revista, al enemigo que nos persigue. Si recorremos con firme paso, fija la vista en el cielo, la senda de la virtud, la fuerza oculta tratara inútilmente de atraernos a sus lazos. Puede suceder que, durante algunos momentos, nuestra imaginación se deje fascinar por fantasmas engañadores, cuyo aspecto nos parece realmente amenazador; pero estos fantasmas no son otra cosa que alteraciones por una especie de fiebre que les presta formas extravagantes, tomadas, según nuestra disposición, de las nociones en que nos hemos imbuido respecto al cielo o al infierno. He aquí, querido Nataniel, como mi hermano y yo tratamos esas altas cuestiones de las fuerzas ocultas. Ya ves que en los misterios no atemorizan a todo el mundo, y que aun hay jóvenes bastante atrevidas para razonar en vez de temblar. Desecha, figuras de Coppelius y del vendedor de barómetros Giuseppe Coppola. Si tu carta no llevase el sello en cada línea el peso de una gran exaltación, me regocijaría mucho decirte todo cuanto me ha ocurrido de extraño respecto al hombre de arena y a Coppelius, el abogado-traficante de barómetros; pero lo dejare para otra vez.
Se que vas a compadecer a tu pobre Clara, que no cree en lo fantástico, ni ve en el mundo las cosas sino bajo su aspecto mas natural. !Ah¡ querido Nataniel: ¿existirá alguna fuerza oculta, dotada de tal ascendiente sobre nuestra naturaleza, que pueda arrastrarnos por una senda de desgracias y desastres? No, Dios nos ha dado la luz del espíritu y la piedra de toque de la conciencia a fin de que con su auxilio nos sea posible reconocer en todas partes, sean cuales fueren las formas con que revista, al enemigo que nos persigue. Si recorremos con firme paso, fija la vista en el cielo, la senda de la virtud, la fuerza oculta tratara inútilmente de atraernos a sus lazos. Puede suceder que, durante algunos momentos, nuestra imaginación se deje fascinar por fantasmas engañadores, cuyo aspecto nos parece realmente amenazador; pero estos fantasmas no son otra cosa que alteraciones por una especie de fiebre que les presta formas extravagantes, tomadas, según nuestra disposición, de las nociones en que nos hemos imbuido respecto al cielo o al infierno. He aquí, querido Nataniel, como mi hermano y yo tratamos esas altas cuestiones de las fuerzas ocultas. Ya ves que en los misterios no atemorizan a todo el mundo, y que aun hay jóvenes bastante atrevidas para razonar en vez de temblar. Desecha, figuras de Coppelius y del vendedor de barómetros Giuseppe Coppola. Si tu carta no llevase el sello en cada línea el peso de una gran exaltación, me regocijaría mucho decirte todo cuanto me ha ocurrido de extraño respecto al hombre de arena y a Coppelius, el abogado-traficante de barómetros; pero lo dejare para otra vez.
Klara <3