La Habitación Son cuatro paredes, una ventana abierta y una puerta cerrada, papeles de tramites, un vaso vacío, una cama grande y sola, la televisión apagada, dos guitarras y un violín que esperan ser tocados. Sin dudas es una habitación aburrida, muda, con una (supongamos) "persona" dentro, pero, ¿Quién es esta persona?, ¿A qué tipo de hombre le atribuimos este espectáculo vació?. Años atrás, las mismas cuatro paredes junto a la ventana abierta carecían de puerta, ellas albergaban botellas llenas, un colchón desparramado con rastros de comida chatarra, una guitarra adornaba con un dulce arpegio una charla entre seres que intercambiaban ideas y vivencias mientras flotaban esas palabras dentro de un humo sabio. Con seguridad era un cuarto lleno de vida en donde se encontraba la "persona" que hoy habita ese cuarto, ¿Qué clase de hombre era participe de esta función?. Pero, ¿Quién es la "persona" que habita este cuadro dramático? pregunté al tipo que me relataba las escenografías antedichas, el hombre me miró fijo, en sus ojos noté huellas de desgano, sacrifico y terror, corrió su mirada rápidamente al suelo, y sin emitir palabra alguna, se marchó. Días después lo volví a ver, sentado en el cordón de una calle poco transitada donde me dijo con voz temblorosa y tímida estas palabras: "Dicen los mártires que la música se va cansando de sonar, que las puertas se vuelven necesarias, que los vasos cada día se van vaciando un poco mas y los papeles con sentimientos burocráticos se van multiplicando dentro de una habitación." Entonces entendí que no era él, no lo oí muy seguro de sus palabras, citó a una clase de personas. Probablemente uno de ellos sea esa "persona", pensé, algún mártir. Creí que no era necesario seguir hablando de este tema ya despejada la duda en mi mente, proseguimos con debates sobre otras cuestiones que no tienen mucha importancia hasta que nos despedimos. Creo que pasaron nueve años desde aquella vez, y no se por que, nunca pude olvidar ese relato, ni entender por que motivo se marcho sin decir una palabra cuando le pregunté de quien hablaba, aquella vez. Jamas volvimos a hablar de ese tema hasta hoy cuando con la misma voz temblorosa y tímida y con los ojos llenos de tristeza, miedo y soledad, me dijo: "La música se fue cansando de sonar, las puertas se volvieron necesarias, los vasos se fueron vaciando cada día un poco mas y los papeles con sentimientos burocráticos se multiplicaron en la habitación". Por fin comprendí que no hablaba de él, si no de quien temía ser... Lobo Martinez
[Cuento Propio] La Habitación
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