“El amor es como una guerra, fácil de iniciar, difícil de terminar, imposible de olvidar”. -Henry Louis Mencken A veces, cuando una relación termina lo único que queremos es volver a levantarnos y ser personas independientes y fuertes. Cansados de sufrir, buscamos no hacerlo más, recordamos cada instante de nuestra relación y nos damos cuenta de lo que no tendremos nunca más. Cada instante es una buena excusa para pensar en la que fue nuestra pareja, el amor de nuestra vida, la primera persona con la que anhelábamos estar, pero ahora todo se ha extinguido. Anhelamos estar como hace unos meses: abrazados, recostados, comiendo pizza o simplemente tomados de la mano para disfrutar la tarde. Buscamos remedios rápidos para distraernos: nuevas personas, nuevos amantes, una apariencia distinta. Los coqueteos casuales y la música depresiva se vuelven parte de la rutina y así, intentamos, paulatinamente, evitar pensar en quien nos rompió el corazón. Las películas retratan ese estado de depresión y lo que algunos son capaces de hacer. Ejemplo de ello es la historia de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, la cual se convierte en un recordatorio de que no siempre olvidar es malo; What if, protagonizada por Daniel Radcliffe, nos demuestra que siempre hay nuevas aventuras que vivir para superar una relación y Cashback hace una reflexión sobre la superación, el olvido y el tiempo que compartiste con alguien. Los libros y poemas también retratan ese momento. Algunos maldicen al que fue el amor de nuestras vidas y otros nos hacen superar el difícil trauma. Nos identificamos con ese momento, esa vida llena de soledad que creemos, nunca nada podrá llenar. Y así, poco a poco, tal vez, como dice Jaime Sabines, entender las cosas y lograr curarnos de ese amor. “Espero curarme de ti”, Jaime Sabines Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad. ¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada. Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»… Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»). Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón. “Ausencia”, Jorge Luis Borges Habré de levantar la vasta vida que aún ahora es tu espejo: cada mañana habré de reconstruirla. Desde que te alejaste, cuántos lugares se han tornado vanos y sin sentido, iguales a luces en el día. Tardes que fueron nicho de tu imagen, músicas en que siempre me aguardabas, palabras de aquel tiempo, yo tendré que quebrarlas con mis manos. ¿En qué hondonada esconderé mi alma para que no vea tu ausencia que como un sol terrible, sin ocaso, brilla definitiva y despiadada? Tu ausencia me rodea como la cuerda a la garganta, el mar al que se hunde. “Una dulce nevada está cayendo”, Fina García Marruz Una dulce nevada está cayendo detrás de cada cosa, cada amante, una dulce nevada comprendiendo lo que la vida tiene de distante. Un monólogo lento de diamante calla detrás de lo que voy diciendo, un actor su papel mal repitiendo sin fin, en soledad gesticulante. “Fuego mudo”, Mario Benedetti A veces el silencio convoca algarabías parodias de coraje espejismos de duende tangos a contrapelo desconsoladas rabias pregones de la muerte sed y hambre de vos pero otras veces es solamente silencio soledad como un roble desierto sin oasis nave desarbolada tristeza que gotea alrededor de escombros fuego mudo “Vida”, Jorge Rojas Vivir como una isla, lleno por todas partes de ti, que me rodeas ya presente o distante con un temblor de luz primera, sin pulir, sin arista de tarde, ni sombra de jardín. Y ángeles en espejos guardando tu mirada para hacerse verdades y noches estrelladas. “Me doy cuenta de que me faltas”, Jaime Sabines Me doy cuenta de que me faltas y de que te busco entre las gentes, en el ruido,pero todo es inútil. Cuando me quedo solo me quedo más solo solo por todas partes y por ti y por mí. No hago sino esperar. Esperar todo el día hasta que no llegas. Hasta que me duermo y no estás y no has llegado y me quedo dormido y terriblemente cansado preguntando. Amor, todos los días. Aquí a mi lado, junto a mí, haces falta. Puedes empezar a leer esto y cuando llegues aquí empezar de nuevo. Cierra estas palabras como un círculo, como un aro, échalo a rodar, enciéndelo. Estas cosas giran en torno a mí igual que moscas, en mi garganta como moscas en un frasco. Yo estoy arruinado. Estoy arruinado de mis huesos, todo es pesadumbre. “Recuerdo”, Jorge Robledo Ortíz Te recuerdo en el llanto y en la risa; en la estrella, en el verso y en la rosa; en la opulenta copa que rebosa y en el trozo de pan que se precisa. En la luz que gastó la mariposa para ser mariposa y no ser brisa; en la tranquilidad que se improvisa y en la diaria inquietud que nos acosa. En la noche que sube hasta la frente; en el cielo que alfombra cada fuente y en el cielo ensatado en la oración; en la angustia que rige cada paso; en el rojo cansancio del ocaso, y en el cansancio de mi corazón. “Poema del olvido”, José Ángel Buesa Viendo pasar las nubes fue pasando la vida, y tú, como una nube, pasaste por mi hastío. Y se unieron entonces tu corazón y el mío, como se van uniendo los bordes de una herida. Los últimos ensueños y las primeras canas entristecen de sombra todas las cosas bellas; y hoy tu vida y mi vida son como estrellas, pues pueden verse juntas, estando tan lejanas… Yo bien sé que el olvido, como un agua maldita, nos da una sed más honda que la sed que nos quita, pero estoy tan seguro de poder olvidar… Y miraré las nubes sin pensar que te quiero, con el hábito sordo de un viejo marinero que aún siente, en tierra firme, la ondulación del mar. “¿Qué dirás esta noche, pobre alma solitaria?”, Chales Baudelaire ¿Qué dirás esta noche pobre alma solitaria, Qué dirás, corazón, marchito hace tan poco, A la muy bella, a la muy buena, a la amadísima, Bajo cuya mirada floreciste de nuevo? -El orgullo emplearemos en cantar sus loores; Nada iguala al encanto que hay en su autoridad; Su carne espiritual tiene un perfume angélico, Y nos visten con ropas purísimas sus ojos. En medio de la noche y de la soledad, O a través de las calles, del gentío rodeado, Danza como una antorcha su fantasma en el aire. A veces habla y dice: «Yo soy bella y ordeno Que por amor a mí no améis sino lo Bello; Soy el Ángel guardián, la Musa y la Madona». “Alba”, Federico García Lorca Mi corazón oprimido Siente junto a la alborada El dolor de sus amores Y el sueño de las distancias. La luz de la aurora lleva Semilleros de nostalgias Y la tristeza sin ojos De la médula del alma. La gran tumba de la noche Su negro velo levanta Para ocultar con el día La inmensa cumbre estrellada. ¡Qué haré yo sobre estos campos Cogiendo nidos y ramas Rodeado de la aurora Y llena de noche el alma! ¡Qué haré si tienes tus ojos Muertos a las luces claras Y no ha de sentir mi carne El calor de tus miradas! ¿Por qué te perdí por siempre En aquella tarde clara? Hoy mi pecho está reseco Como una estrella apagada. “La forma de tu ausencia”, Homero Aridjis Ni un momento he dejado de ver en este cuerpo la forma de tu ausencia, como una esfera que ya no te contiene. Pero dos cosas constantes te revelan, te tienen de cuerpo entero en el instante, y son la cama y la mesa de madera, hechas a la medida del amor y del hambre. “¡Adiós!”, Alfonsina Storni Las cosas que mueren jamás resucitan, las cosas que mueren no tornan jamás. ¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda es polvo por siempre y por siempre será! Cuando los capullos caen de la rama dos veces seguidas no florecerán… ¡Las flores tronchadas por el viento impío se agotan por siempre, por siempre jamás! ¡Los días que fueron, los días perdidos, los días inertes ya no volverán! ¡Qué tristes las horas que se desgranaron bajo el aletazo de la soledad! ¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas, las sombras creadas por nuestra maldad! ¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas, las cosas celestes que así se nos van! ¡Corazón… silencia!… ¡Cúbrete de llagas!… -de llagas infectas- ¡cúbrete de mal!… ¡Que todo el que llegue se muera al tocarte, corazón maldito que inquietas mi afán! ¡Adiós para siempre mis dulzuras todas! ¡Adiós mi alegría llena de bondad! ¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas, las cosas celestes que no vuelven más! … “Para un adiós”, Eduardo Mitre Un abrazo y palabras entrecortadas habrán dicho el adiós increíble. Y entre tu cuerpo y el mío manará sin cesar la distancia. Como se apela a una hierba mágica para sanar del mal de ausencia, escribiré entonces estas líneas. Y si el tiempo que une y que separa, lo entrega un día a tu mirada, léelo, mas no vuelvas la cara. Hermosa y feliz en tu presente, no cometas el error de Eurídice; que yo, al recordar tu dulce voz, cuidaré que me aten como Ulises.
Cuando los besos se convierten en cenizas
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