Solo cenizas quedan de su partida. Recuerdos de un porqué que no elegí, cerrando puertas que quería cerradas, sofocando corazones delatores bajo el piso. La certeza se tuerce y se resquebraja. Y ahora siento latidos entre las grietas del suelo, aun cuando lo prohibí, aun cuando lo negaba. Hay llamas sin luz que brotan bajo mis pies abrasando toda la razón y todo el miedo. Cuando la victoria es rendirse, la precaución se vuelve riesgo. Lo prohibido, necesario. Mientras las llamas repiten: "A veces, caer es volar".