Hacia frío debajo de la bata que me otorgaron al ingresarme. Debía esperar aun una revisión, algún medico, algo que no recordaba bien. Nunca sabre que era porque lo próximo que recuerdo es despertarme en una habitación tan blanca que dañaba la vista, y mi vista era particularmente susceptible por las pastillas. Yo les dije que me hacían mal, que no quería tomarlas, pero dijeron que eran necesarias para curarme y hacerme "nor-mal". El problema empezó porque yo dibujaba. Si, fue por eso. No fueron los dibujos en si, porque nadie los miro demasiado. Pero dijeron que no estaba bien que solo dibujara cosas que no existen, y cuando les quise explicar que existían para mi dejaron de escucharme. Ya no tenía sentido tratar de explicar que sabia que no eran reales, mis ganas de que si lo fueran eran pecado suficiente. Y vino la cura milagrosa en forma de cómodos comprimidos de 1 miligramo 3 veces al día. Pero no deje de dibujar, dijeron que no debía hacerlo si no lo sentía y que no debía mentir sobre lo que sentía, así que fui muy sincera. No les gusto. A las primeras se les sumaron ahora otras pastillitas mas pequeñas y amargas. Sumamente amargas. El sabor era tan desagradable como sus efectos. Pero temí quejarme, quizás si decía ya no querer dibujar mas serían felices. Y lo fueron. Jugando con mi hermana cometí el peor de los equibocos: confesar que aun deseaba que existieran "las cosas". Entonces vinieron las otras, las pastillas peores. Y la luz se torno mas fuerte, casi como tener un sol propio siempre alzado ante tus ojos. Les dije que me hacían mal, pero dijeron que era necesario probarlas un tiempo a ver si así dejaba de ver "las cosas". En mi afán de complacerlos intente ser "nor-mal" como ellos deseaban. Pero mi naturaleza no me lo permitía, así que hice uso de toda mi astucia (la que quedaba después de las amargas pequeñitas) para idear el siguiente plan: crearía en mi imaginación un sin fin de cajas, y guardaría en ellas todas "las cosas", esperaría a que me retiraran las pastillas, esperaría aun mas después de eso, y solo pintaría cajas, realistas y pequeñisimas cajas, de las cuales nunca nadie sabría el contenido, ignorando así por siempre los demás la existencia de "las cosas". Podría una caja contener cientos de "cosas" y así necesitaría dibujar en menor medida. La medida que los satisfaga para ser considerada "nor-mal". Pero fue difícil recordar mi plan cuando las pastillas turbaron mi esencia, mi tranquilidad se torno ira y no pude ya contener mis emociones, ni recordar tampoco los ataques de furia por los que se me temía. Así fue como llegue a la internación forzosa. Forzosa para mi, gustosa para mis padres,e indiferente para mi hermana. Una vez dentro y superado el frío que constituye mi primer recuerdo del lugar, con un poco de ayuda de otras pastillas, pude poner en marcha mi plan. Poco a poco cree en mi mente una legión de cajas, eso fue fácil. Me tomo un mes y trece días lograr meter adentro de ellas las primeras "cosas". Al principio no lograba cerrarlas de modo tal que la naturaleza movediza de mis pensamientos favoritos no rompiera los cerrojos al menor de los intentos. Pero con el tiempo logre perfeccionarme. A los 3 meses y 3 semanas ya podía encerrar "cosas" a mi gusto, lo que no lograba aun era dejar de crearlas. En cuanto una se veía fuera de juego tres mas eran espontánea e indeseadamente creadas. Al rededor de los 6 meses y unos días logre que dejaran de emanar "cosas" del manantial hasta entonces inagotable de mi mente, y de ahí en mas solo me tomo 4 meses más terminar de empacarlas todas en sus respectivas cajas. En más de una ocasión, confieso, sentí ganas de liberarlas a todas, no por renunciar a mi plan sino porque las sentía incorrectamente depositadas en las cajas en las que yacían, merecían según yo algún tipo de clasificación que les permitiese una mas gustosa estancia en sus confinamientos, pero más tarde decidí que la variedad in-clasificada en la que existían les ahorraba el aburrimiento natural de verte rodeado de espejos mentales, que no puedan aportar el más mínimo condimento a tus pensamientos. Realidad en la que yo me veía inmersa, rodeada de locos buscando esconder su locura. Finalmente un día de abril vi mi tarea completada. Y corrí gustosa a mostrar mi gran progreso a las enfermeras, que me dieron cita con el medico encargado de mi caso, de mi "nor-ma-li-dad". Pase con gran facilidad todas las pruebas que me tenían programadas, siempre con la seguridad mental de que "todo" se encontraba en su respectiva caja. Salí del hospital, volví a mi casa, a mi vida, ¿era mi vida? si, eso era, mi vida "nor-mal" con la que yo no estaba familiarizada. Sabía que debía esperar y sin embargo en cuanto pude pinte una caja. Luego otra, y otra mas. A todos parecía gustarles mi nueva afición por dibujar cajas. Al menos estas eran reales. Pero hacía frío en esta nueva vida en la cual decían que se "gozaba" de "nor-ma-li-dad". Más frío aun que el que hacía debajo de la bata que me otorgaron al ingresarme. Más frío aun que el que alguien pueda soportar en su cuerpo de existencia comprobada. Pero abrir las cajas era peligroso, significaba quitarles a todos su felicidad recién encontrada en el auge de mi "nor-ma-li-dad" tardía. Así que tuve que optar por la única opción restante: entrar a las cajas. A cualquiera, pero entrar y dejar el cuerpo "existente" en modo automático aunque fuera solo por unas horas. Eso, unas horas al día podía vivir en las cajas, nadie se daría cuenta. Entre en la primera que el oleaje de mi mente turbulenta de emociones pudo traer hasta las costas de mi inestable cordura. Entre y se cerró detrás de mi tan herméticamente como les había enseñado a cerrarse. Y las cosas en ella guardadas se habían reproducido, en la misma forma en la que solían hacerlo antes de los confinamientos forzosos. La felicidad inundo mi alma como antes de que dibujar fuera un problema. No hay tiempos, ni pastillas o prohibiciones desde entonces y cuando temo haber renunciado a algún tipo de tesoro invaluable (tal como esa bendita "nor-ma-li-dad" que jamás llegue a comprender pero así hacían sonar de importante) solo recuerdo que hacía frío debajo de la bata que me otorgaron al ingresarme.
Internación -Cuento Corto-
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