Marcos sale de su casa, apurado como siempre, vuelve después de dos cuadras por que se olvidó su celular y el gato dentro de casa. Cierra nuevamente con doble vuelta de llave. Tefi toma café en un frasco por que no hay necesidad de lavar las tazas, esperan el agua desde hace seis días. Desnuda danza su figura al ritmo de Aretha. Se viste, toma su bici y, dejando la puerta entreabierta, saluda despidiendo a su hogar. Marcos dobla la esquina, saluda al panadero y le pide tres croissants que comerá en dos cuadras. Tefi calza su auriculares y sintoniza la radio local de su amigo. Es el único que pasa discos de blues a las ocho de la mañana. Marcos camina a un trabajo que lo satisface solamente en lo económico. Habla solo y la gente lo mira extrañado. Se cuenta de anhelos y, sobre todo, de cortar la rutina solitaria. Si tan solo la encontrara, de repente, como un accidente de ojos verdes, con musica de fondo como en las telenovelas baratas, como un abismo que te obligue a abrir las alas. Tefi pedalea y los charcos le salpican sus alpargatas gastadas por caminar en las nubes, sonríe para el afuera por que su alma es marrón invierno, dobla la esquina con la rueda de adelante, luego con su torso y, finalmente, con los ojos verdes. Marcos lleva un paraguas por las dudas, hoy pronosticaron lluvia de ácidas palabras transeúntes, tormentas de jefes mal desayunados desmejorando al mediodía con probabilidad de chaparrones embates. Tefi es agua y se mimetiza. Cuando llueve le gusta pisar los charcos y volver, aunque sea en milésimas, a sus cuatro años. Marcos apura el paso y toma la vereda izquierda de calle Buenaire, corazón en su mano y en su diestra el teléfono con el reloj asesino de tiempo. Tefi nota cansino su pedalear y decide acompañar la bicicleta a su lado, se detiene en detalles como los rostros de las personas, la forma en que nadie se parece a nadie, los insectos y como el sol se abre paso por entre las ramas de los jacarandá. Marcos se pierde en el canto de los zorzales recién nacidos del nido del árbol tres. Por fin nacieron y se deleita viendo como su mamá les da de comer con su pequeño pico. Tefi toma la bici y corta camino por plaza Francia, le gusta que la sucesión de luces y sombras, hechas por los arboles, se parezcan a días y noches de gran velocidad. Marcos cruza plaza Francia por que las baldosas no están flojas, de ese modo, el agua barrosa no salpicará su gabardina nueva. Además, la alineación de la vereda es la adecuada con la bandera francesa. Intersección, destino o simplemente cruce de personas causales. Marcos detiene su mundo frente a la mirada de ojos verdes. Una explosión de galaxias atormentadas forman un nuevo planeta, un infante se duerme en los brazos de su madre y un globo anaranjado se libera de la mano opresora para volar libre. Tefi frena su bicicleta y todos los pájaros suspiran al mismo ritmo, los rayos solares hacen halo en la sonrisa de Marcos y una casualidad se arma en silencio. Los destinos se cruzan, se miran, se enamoran en milésimas de segundo y en el siguiente cada uno sigue su camino. Se alejan … Como todas las cosas que pudieron ser y que no fueron.
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