Bueno, en éste post mío voy a mostrarles una historia corta que es lo más cercano a lo gótico que he podido crear. Y es que he visto una iniciativa de crear la categoría literatura. ¡La apoyo, por supuesto!
A lo que vamos...
Ella abrió los ojos, pero casi no notó la diferencia.
El bosque estaba oscuro, muy oscuro. Se sentía dentro de un cuadro pintado por algún pintor obsesionado por el color negro. Además estaba anocheciendo. Incluso las hojas de los árboles parecían ser negras. De cada rincón parecía salir un fantasma o algún otro espantajo horrible. No había estrellas en el cielo.
Y no recordaba cómo podía haber llegado allí. No recordaba nada. Como si de pronto hubiera aparecido en el mundo. Como si no tuviera vida.
Trató de incorporarse, pero no pudo. Con temor, se dio cuenta de que no podía moverse. Ni siquiera podía mover un dedo. Lo único que se movía era su cabello, azotado por el viento. Trató de nuevo, pero fue en vano. Entonces se apoderó de ella una sensación extraña, algo parecido a la impotencia, pero no… Era desesperación. Un grito de rabia quiso surgir de su boca, y entonces se dio cuenta que tampoco podía gritar. No podía formular ni una palabra. A lo lejos, oyó el reclamo, sobrenatural, de un ave.
Poco después, sus sentimientos cambiaron. Su interior se volvió casi tan negro como el bosque que la rodeaba. Comprendió que pasaría allí mucho tiempo, y una lágrima corrió por su mejilla, mientras el viento intensificó su fuerza. La hierba negra a su alrededor le golpeó la cara. Ella se sintió sola, sin esperanza, abandonada y triste.
“No soy nada”, pensó.
En ese momento, su mano se elevó. ¡Al fin! Trató de nuevo de incorporarse, pero no pudo. Extrañada, ella miró su mano que parecía flotar…
Y se sintió izada. El viento le estaba levantando levemente sobre el suelo. Pudo ver la hierba negra que serpenteaba frente a su rostro.
Y de pronto, se elevó mucho más. Vió como los pinos negros a su alrededor parecían caer, y el cielo se acercaba más y más…
El viento le golpeaba la cara, y de ella se apoderó una sensación de vértigo. El viento la zarandeaba a su antojo, como si ella fuera un títere. Entonces vió el sol, pero no era el sol. Una estrella rara que emitía un brillo apagado, oscuro. De él parecía emanar la oscuridad que reinaba en el bosque.
Sintió miedo, e impotencia. No podía hacer nada. Sería transportada por el viento por toda la eternidad, sin poder hacer nada para evitarlo. Sólo tendría que ver diferentes cielos, dominados por aquella extraña estrella negra que envolvía todo…
Y de pronto, un rayo de luz cruzó su memoria. Una imagen se avivó en su mente: una niña sonriente, en un campo verde. Deseó ver aquella imagen toda su vida, y trató de retenerla en su mente, pero se fue. Tan rápido como había surgido. Y, a pesar de su estado, la felicidad entró a su cuerpo en forma de luz. No sabía qué la provocaba.
“Quiero volver a ver esa imagen”, pensó.
Y mientras el viento seguía golpeándole la cara, sintió con claridad cómo descendía. Al fin, la intensidad del aire bajaba y ella pudo sentir el suelo de nuevo bajo su espalda. Entrecerró los ojos. Tenía sueño, y no quería seguir viendo aquel paisaje negro y oscuro, que, sin embargo, parecía darle la bienvenida a… aquel otro mundo.
Y ella se quedó dormida…
A lo que vamos...
Ella abrió los ojos, pero casi no notó la diferencia.
El bosque estaba oscuro, muy oscuro. Se sentía dentro de un cuadro pintado por algún pintor obsesionado por el color negro. Además estaba anocheciendo. Incluso las hojas de los árboles parecían ser negras. De cada rincón parecía salir un fantasma o algún otro espantajo horrible. No había estrellas en el cielo.
Y no recordaba cómo podía haber llegado allí. No recordaba nada. Como si de pronto hubiera aparecido en el mundo. Como si no tuviera vida.
Trató de incorporarse, pero no pudo. Con temor, se dio cuenta de que no podía moverse. Ni siquiera podía mover un dedo. Lo único que se movía era su cabello, azotado por el viento. Trató de nuevo, pero fue en vano. Entonces se apoderó de ella una sensación extraña, algo parecido a la impotencia, pero no… Era desesperación. Un grito de rabia quiso surgir de su boca, y entonces se dio cuenta que tampoco podía gritar. No podía formular ni una palabra. A lo lejos, oyó el reclamo, sobrenatural, de un ave.
Poco después, sus sentimientos cambiaron. Su interior se volvió casi tan negro como el bosque que la rodeaba. Comprendió que pasaría allí mucho tiempo, y una lágrima corrió por su mejilla, mientras el viento intensificó su fuerza. La hierba negra a su alrededor le golpeó la cara. Ella se sintió sola, sin esperanza, abandonada y triste.
“No soy nada”, pensó.
En ese momento, su mano se elevó. ¡Al fin! Trató de nuevo de incorporarse, pero no pudo. Extrañada, ella miró su mano que parecía flotar…
Y se sintió izada. El viento le estaba levantando levemente sobre el suelo. Pudo ver la hierba negra que serpenteaba frente a su rostro.
Y de pronto, se elevó mucho más. Vió como los pinos negros a su alrededor parecían caer, y el cielo se acercaba más y más…
El viento le golpeaba la cara, y de ella se apoderó una sensación de vértigo. El viento la zarandeaba a su antojo, como si ella fuera un títere. Entonces vió el sol, pero no era el sol. Una estrella rara que emitía un brillo apagado, oscuro. De él parecía emanar la oscuridad que reinaba en el bosque.
Sintió miedo, e impotencia. No podía hacer nada. Sería transportada por el viento por toda la eternidad, sin poder hacer nada para evitarlo. Sólo tendría que ver diferentes cielos, dominados por aquella extraña estrella negra que envolvía todo…
Y de pronto, un rayo de luz cruzó su memoria. Una imagen se avivó en su mente: una niña sonriente, en un campo verde. Deseó ver aquella imagen toda su vida, y trató de retenerla en su mente, pero se fue. Tan rápido como había surgido. Y, a pesar de su estado, la felicidad entró a su cuerpo en forma de luz. No sabía qué la provocaba.
“Quiero volver a ver esa imagen”, pensó.
Y mientras el viento seguía golpeándole la cara, sintió con claridad cómo descendía. Al fin, la intensidad del aire bajaba y ella pudo sentir el suelo de nuevo bajo su espalda. Entrecerró los ojos. Tenía sueño, y no quería seguir viendo aquel paisaje negro y oscuro, que, sin embargo, parecía darle la bienvenida a… aquel otro mundo.
Y ella se quedó dormida…
¡Gracias por leer!
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