Es muy dificil reconocer la envidia que algo le genera a uno. Es casi un dolor profundo que no se puede evitar y nos hace sentir como un ser despreciable.
La mujer que conoci esta noche es una de aquellas que asi me hizo sentir.
No aguantaba mas el hecho de escucharla hablar, era una cosa insoportable. Desplegaba sus armas sobre la mesa con un poder de seduccion inagotable que la hacia feroz.
Pense "mujer estupida, creida, mente vacia" a tal punto de no poder aguantar el dolor fisico que me provocaba cada una de sus palabras.Sentia asco y repulsion.
Yo, en cambio, queria llamarle la atencion a toda costa y con el paso de los minutos me fue mas sentencioso.
Mi mente, sumida en la locura que generaban sus palabras, sentia el egocentrismo y la calidez humana de un mismo ser. Era una diosa salvaje,reaccionaria de lujuria y con frases estupidas y de convencimiento.
No podia evitar sentir terror, panico, de su imagen infantil y a la vez fuertemente adolescente que revolvia mi intestino y mi presion que estaba a punto de estallar. No habia nada en el mundo que me desconcertara más que estar ahi.
Mis intentos de llamarle la atencion (eramos seis en la mesa) fueron de alguien que siente una pasion incontrolable.Haria todo por ella, por tenerla en mi vida y eso me convertiria en un pobre infeliz dispuesto a cruzar los limites de su caracter, actitudes y costumbres solo para complacerla y hacer de ella un culto permanente, una total proveedora de mi propia evolucion hacia los impulsos.
Como para Walter White lo es la metanfetamina, ella seria la que me daria prestigio, fama, caracter duro y ofensivo en la vida, buscando complacerla y al mismo tiempo entregandome a una locura insana naciente en mi caracter.