Grito de Guerra III: Un navío sobre el mar
El barco se asomaba sobre el mar tranquilo. El cielo comenzaba a brillar color fuego y las eternas nubes se reflejaban en el silencioso espejo marino. El barco tenía la roda rota así como muchas otras partes del navío. Narshmir contemplo la cabeza del Drakkar caída.
– Los dioses nórdicos nos echan de su terreno -. Y echase a reír con fervor.
Los piratas se levantaban y corrían a sus puestos en los remos. Un joven marinero con un sombrero árabe sobre su flacucho rostro hablaba a Narshmir comunicándole la rotura de cuerdas y como la vela se había quemado en el último combate. A lo que el capitán respondió -¡Remen ratas! ¡Remen!-.
El día transcurrió y los marineros contemplaron un pequeño trozo de tierra donde se alzaba humo. No tardaron en llegar al lugar. Al aproximarse y descender al agua con sus armas en mano, contemplaron un hogar completamente vació pero con el lecho de fuego aún tibio y húmedo. No había riquezas en el hogar y el alimento no estaba, solo había un cerdo cerca de un corral.
-Escaparon ¡Id por ellos! ¡Quiero sus cabezas sobre estacas al final del día! Busquen el alimento, ha de estar bajo tierra o cerca de aquí- Fueron las órdenes del gran capitán, que con ojos desorbitados y abiertos contemplaba el terreno-.
La tarde avanzó, y mientras el joven flacucho arreglaba la gigantesca tela quemada se escucharon desgarradores gritos en la lejanía. Los piratas hablaban entre sí como si nada hubiese ocurrido y las aves seguían cantando. Entre los bosques de pinos emergió un hombre montado que traía en una de sus manos un palo ensangrentado que en su punta tenía la cabeza de una joven mujer, tan joven que aún tenía rasgos de niña. Tras este jinete le siguieron otros que traían las cabezas de los demás miembros de la familia.
-Encontramos su guarida- Grito un explorador- Unos cuantos kilómetros más allá hay una cueva enorme donde guardan bestias, alforjas y ropajes-.
-¿Cuántas bestias y que bestias?-. Gritó Narshmir.
-Cinco cabezas de ganado, tres de vacuno más los caballos que montamos-.
-Más el cerdo – Respondió con una sonrisa el capitán- ¡Hoy habrá banquete! –. Grito fuertemente, y luego lo repitió - ¡Hoy habrá banquete! -.
Y los marineros al segundo grito enloquecieron y gritaron, comenzando a moverse para la gran comida. Acuchillaron al cerdo y estrujaron su sangre. Las ovejas las empalaron completamente enteras y las colocaron sobre una gran fogata. Un hombre cojo echó sobre agua hirviendo una gallina que había pillado en el bosque mientras reía entre dientes. Otros talaban árboles para la gran mesa rustica. Desde el Drakkar un hombre de barba harapienta sonreía << ¡Esta noche habrá banquete!>> Se decía mientras pasaba la lengua por sus grasientos bigotes.
Los exploradores se percataron de que en la inmensa cueva había más provisiones de la que esperaban, encontrando hidromiel, licor fuerte y alforjas llenas de alimentos y granos. Montaron guardia y se percataron de que otros granjeros concurrían a la cueva. Tras asesinarlos y arrojarlos al mar exploraron alrededor y se percataron de que unos kilómetros en la lejanía emergía un camino, y que al seguirlo llegaban a una colina donde se observaba un conglomerado de granjas. La cueva debió ser donde guardaban parte de las reservas para el inverno. Los piratas habían dado con un gran tesoro que no tardaron en cargar al barco. Montaron guardia cerca de la granja que habían tomado. La noche ya estaba sobre ellos y los alimentos listos; El banquete había empezado.
Jóvenes y ancianos tomaron instrumentos en mano y cantaron ejecutando asombrosa música al ritmo del fuego y las estrellas. La madera chispeante se coludía con el sonido de los brutales mordiscos a la carne y a las papas hervidas. Los piratas gritaban y bebían despreocupados de todo. Eran prácticos en la vida; La muerte no les importaba. Los mismos guardias que vigilaban que los granjeros no se aproximaran a asesinarlos montaban guardia ebrios al haber guardado botellas de licor bajo las armaduras de placas de hierro o los grandes sombreros. Tal irresponsabilidad tuvo repercusión más tarde cuando una flecha cruzo los cantos y el calor de la hermandad encestando justo en el pecho de un anciano que comía más de lo que realmente podía. Los piratas enloquecieron y corrieron al bosque tomando sus hachas espadas y navajas. En el bosque fue poco lo que encontraron; solo unos cuantos granjeros corriendo despavoridos. Aquellos que cayeron en la loma encontraron brutal destino de muerte al ser masacrados por las hachas y las bolas de acero que tiraron sobre sus cráneos y espinas dorsales. Unas cuantas fechas más volaron asestando en la pierna falsa de un anciano o atravesando la cabeza de un joven pirata.
-Bien se han ido ¡De vuelta a comer y a beber! –. Y rio fuertemente Narshmir enfadado.
Caminó hacia donde estaba la guardia ebria con los cuellos ensangrentados. El capitán les escupió y les arrebato las botellas de licor vacías << ¡Ratas!>> Dijo para sí, reventando la botella en la cabeza de uno de los piratas muertos y se aproximó a la gran fogata acompañado de su séquito.
Desde el barco se contemplaban las siluetas de la gran fiesta. Aquí los hombres más grandes montaban guardia resguardando el tesoro. De vez en vez los muchachos traían alimento para ellos, quienes ninguna gota de licor habían probado; La muerte no les importaba, pero si le temían al capitán que con tortura castigaba la pérdida del erario. En cuanto a la muerte del personal solía decir; ¡Las ratas débiles mueren rápido! Y no volvía a mencionar palabra mientras arrojaba el cadáver a la mar.
Al día siguiente despertaron los hombres adoloridos y vomitados. A primera hora el capitán hizo sonar campanas. La cabaña habían quemado y parte del bosque había pescado fuego. Los piratas se aproximaron a los botes y subieron a los barcos. El joven que había arreglado la vela se percató mientras orinaba que había cuerpos incendiados, piratas que estaban tan ebrios que había caído a las fauces de las llamaradas. Vio la carne quemada, los huesos salidos y los ojos derretidos. Nunca había contemplado un cadáver tan destruido. Las vísceras les faltaban al haber sido alimento de buitres. Nunca olvido dicho cuadro y deseó estar de vuelta en el lejano desierto rezando con los suyos. Pero negó dichos pensamientos y siguió el paso echándose a las aguas.