Hola gente: DEJEN CARGAR.
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Gracias.
Charles Pierre Baudelaire fue un poeta, crítico de arte y traductor francés. Fue llamado poeta maldito debido a su vida de bohemia y excesos y a la visión del mal que impregna su obra. Fue el poeta de mayor impacto en el simbolismo francés. Las influencias más importantes sobre él fueron Théophile Gautier, Joseph de Maistre (de quien dijo que le había enseñado a pensar) y, en particular, Edgar Allan Poe, a quien tradujo extensamente. Así mismo fue un autor de gran importancia para otros genios de las letras como Paul Verlaine, Stéphane Mallarmé y Arthur Rimbaud.
De su extensa obra, se suele decir que alcanzó su punto álgido con Las Flores Del Mal, una obra de concepción clásica en su estilo y oscuramente romántica por su contenido, en la que los poemas se disponen de forma orgánica. En ella, Baudelaire expone la teoría de las correspondencias y, sobre todo, la concepción del poeta moderno como un ser maldito, rechazado por la sociedad burguesa, a cuyos valores se opone. El poeta se entrega al vicio (la prostitución y la droga), pero sólo consigue el Tedio (Spleen, como se decía en la época), al mismo tiempo que anhela la belleza y nuevos espacios ('El viaje'). Es la conciencia del mal.
Siguiendo esa concepción del poeta en contra de los valores hegemónicos de la sociedad, Andrea presenta ilustraciones que no pasan desapercibidas sino que se yergue frente a lo "políticamente correcto", a lo "moralmente aceptado" y viste la lírica de visceralidad pura.
La primera edición constó de 1.300 ejemplares y se llevó a cabo el 23 de junio de 1857. La segunda edición (1861), elimina los poemas censurados, pero añade 30 nuevos.
Pat Andrea
Lo que les traigo hoy son 6 poemas prohibidos, con ilustraciones de Pat Andrea de las que Baudelaire sin duda estaría orgulloso. Para hacer la entrega un poco más interesante les dejo también los poemas en el Francés original.
Dejo algunas de las ilustraciones del libro:
Si quieren tener la serie completa (68 scans):
http://www.media fire.com/?a6cudanyabngfx2
(Borren el espacio)
Para quien sólo quiera leer, dejo los 6 poemas acá:
Lesbos
Madre de los juegos latinos y de las voluptuosidades griegas.
Lesbos donde los besos, son lánguidos o jubilosos,
calientes como soles, frescos como los melones,
adornan las noches y los dias gloriosos.
Madre de los juegos latinos y de las voluptuosidades griegas.
Lesbos donde los besos son como las cascadas,
que se lanzan sin miedo en los huecos insondables,
y corren saltarinas y movidas por las sacudidas,
tormentosas y secretas, bulliciosas y profundos.
Lesbos donde los besos son como las cascadas.
Lesbos donde los Phrynes uno al otro se atraen,
donde jamás un suspiro descansará sin un eco,
al igual que Paphos las estrellas te admiran,
y Venus con justo derecho puede sentir celos de Safo.
Lesbos donde los Phrynes uno al otro se atrae.
Lesbos, tierra de noches cálidas y lánguidas,
que hacen eso con sus espejos, estéril voluptuosidad.
las muchachas con los ojos huecos, enamoradas de sus cuerpos,
acarician los frutos maduros de su virginidad,
Lesbos, tierra de noches cálidas y lánguidas.
Deja al viejo Platón, fruncir el ceño austero,
tu hilvanas tu perdón con exuberantes besos,
reina del imperio dulce, amada y noble tierra,
y de refinamientos nunca exhaustos,
Deja al viejo Platón, fruncir el ceño austero.
Tu delineas tu perdón del eterno martirio,
infligido sin tregua, a los corazones ambiciosos,
que atrae lejos de nosotros, la radiante sonrisa,
entrevista vagamente al borde de otros cielos,
tú delineas tu perdón del eterno martirio
¿Quién de los dioses se atreverá, Lesbos, a ser tu juez,
y condenar tu frente empalidecida de tantos trabajos,
si sus balanzas de oro no pesaron el torrente,
de lágrimas que al mar han vertido tus arroyuelos?
¿Quién de los dioses se atreverá, Lesbos, a ser tu juez?
¿Qué importa que la ley sea justa o injusto?
¡Vírgenes de corazón sublime, dignidad del archipiélago,
vuestra religión como otras es majestuosa,
y el amor se reirá del Infierno y del Cielo,
¿Qué importa que la ley sea justa o injusto?
Porque Lesbos entre todos me eligió en la tierra,
para cantar el secreto de las vírgenes en flor,
y yo fui admitido desde la juventud al negro misterio,
de las risas libres unidas a las lágrimas oscuras,
porque Lesbos entre todos me eligió en la tierra.
Y tomo después el cuidad de la trama de Léucade,
como un centinela, el ojo despierto y seguro,
que vigila noche y día, los bergantines, tartanas o fragatas,
de la cual se agitan las formas a través del azul,
y tomo después el cuidado de la trama de Léucade.
Para saber si la mar es indulgente o buena,
a través de los sollozos de la roca que resuena,
una tarde traerá hacia Lesbos, que perdona,
los adorados despojos de Safo, que ha partido,
para saber si la mar es indulgente o buena.
De Safo amante y poeta,
mas bella que Venus a causa de su mortal palidez,
el ojo azul, vencido por el ojo negro,
el círculo negro trazado por los dolores,
de Safo amante y poeta.
-Más bella que Venus se ataviaba sobre el mundo,
y vertiendo los tesoros de su serenidad,
y la luminiscencia de su justa juventud,
sobre el viejo Océano de su hija encantada,
más bella que Venus se ataviaba sobre el mundo
-De Safo quien sucumbió el día de la blasfemia,
cuando insultando el rito y el culto inventado,
el día hizo de su hermoso cuerpo pasto supremo de la tierra,
cruel cuyo el orgullo castiga al sacrilegio,
de Safo quien sucumbió el día de su blasfemia
Y es después de esos tiempos, que Lesbos deplora,
y a pesar de los honores que el universo le rinde,
se embriaga cada noche con el grito de la tormenta,
que empujan a los cielos sus orillas desiertas,
y es después de esos tiempos, que Lesbos se lamenta.
Mujeres Condenadas
Delfina e Hipólita
A la pálida claridad de las lámparas mortecinas,
Sobre profundos cojines impregnados de perfume,
Hipólita evocaba las caricias intensas
Que levantaran la cortina de su juvenil candor.
Ella buscaba, con mirada aún turbada por la tempestad,
De su ingenuidad el cielo ya lejano,
Así como un viajero que vuelve la cabeza
Hacia los horizontes azules transpuestos en la mañana.
Sus ojos apagados, las perezosas lágrimas,
El aire quebrantado, el estupor, la mohína voluptuosidad,
Sus brazos vencidos, abandonados cual vanas armas,
Todo contribuía, todo mostraba su frágil beldad.
Tendida a sus pies, tranquila y llena de gozo,
Delfina la cobijaba con ardientes miradas,
Como una bestia fuerte vigilando su presa,
Luego de haberla, desde luego, marcado con sus dientes.
Beldad fuerte prosternada ante la belleza frágil,
Soberbia, ella trasuntaba voluptuosamente
El vino de su triunfo, y se alargaba hacia ella,
Como para recoger un dulce agradecimiento.
Buscaba en la mirada de su pálida víctima
La canción muda que entona el placer,
Y esa gratitud infinita y sublime
Que brota de los párpados cual prolongado suspiro.
—"Hipólita, corazón amado, ¿qué dices de estas cosas?
Comprendes ahora que no hay que ofrendar
El holocausto sagrado de tus primeras rosas
A los soplos violentos que pudieran marchitarlas?
Mis besos son leves como esas efímeras
Que acarician en la noche los lagos transparentes,
Y los de tu amante enterrarían sus huellas
Como los carretones o los arados desgarrantes;
Pasarán sobre ti como una pesada yunta
De caballos y de bueyes con cascos sin piedad...
Hipólita, ¡oh, hermana mía! vuelve, pues, tu rostro,
Tú, mi alma y mi corazón, mi todo y mi mitad,
¡Vuelve hacia mí tus ojos llenos de azur y de estrellas!
Por una sola de esas miradas encantadoras, bálsamo divino,
De placeres más oscuros yo levantaré los velos
¡Y te adormeceré en un sueño sin fin!"
Mas Hipólita, entonces, levantando su juvenil cabeza:
—"Yo no soy nada ingrata y no me arrepiento,
Mi Delfina, sufro y me siento inquieta,
Como después de una nocturna y terrible comida.
Siento fundirse sobre mí pesados terrores
Y negros batallones de fantasmas esparcidos,
Que quieren conducirme por caminos movedizos
Que un horizonte sangriento cierra por doquier
¿Hemos perpetrado, entonces, un acto extraño?
Explica, si tú puedes, mi turbación y mi espanto:
Tiemblo de miedo cuando me dices: "¡Mi ángel!"
Y, empero, yo siento mi boca acudir hacia ti.
¡No me mires así, tú, mi pensamiento!
¡Tú a la que yo amo eternamente, mi hermana dilecta,
Aunque tú fueras una acechanza predispuesta
Y el comienzo de mi perdición!"
Delfina, sacudiendo su melena trágica,
Y como pisoteando sobre el trípode de hierro,
La mirada fatal, respondió con voz despótica:
—"Entonces, ¿quién, ante el amor, osa hablar del infierno?
¡Maldito sea para siempre el soñador inútil
Que quiso, el primero, en su estupidez,
Apasionándose por un problema insoluble y estéril,
A las cosas del amor mezclar la honestidad!
¡Aquel que quiera unir en un acuerdo místico
La sombra con el ardor, la noche con el día,
Jamás caldeará su cuerpo paralítico
Bajo este rojo sol que llamamos amor!
Ve tú, si quieres, en busca de un navío estúpido;
Corre a ofrendar un corazón virgen a sus crueles besos;
Y, llena de remordimientos y de horror, y lívida,
Volverás a mí con tus pechos estigmatizados...
¡No se puede aquí abajo contentar más que a un solo amo!"
Pero, la criatura, desahogándose en inmenso dolor,
Exclamó de súbito: —Yo siento ensancharse en mi ser
Un abismo abierto; ¡este abismo es mi corazón!
¡Ardiente cual un volcán, profundo como el vacío!
Nada saciará este monstruo gimiente
Y no refrescará la sed de la Euménide
Que, antorcha en la mano, le quema hasta la sangre.
¡Que nuestras cortinas corridas nos separen del mundo,
Y que la laxitud conduzca al reposo!
Yo anhelo aniquilarme en tu garganta profunda
Y encontrar sobre tu seno el frescor de las tumbas!"
—¡Descended, descended, lamentables víctimas,
Descended el camino del infierno eterno!
Hundios hasta lo más profundo del abismo, allí donde todos los crímenes,
Flagelados por un viento que no llega del cielo,
Barbotean entremezclados con un ruido de huracán.
Sombras locas, acudid al cabo de vuestros deseos;
Jamás lograréis saciar vuestra furia,
Y vuestro castigo nacerá de vuestros placeres.
Jamás un rayo fugaz iluminará vuestras cavernas;
Por las grietas de los muros las miasmas febricentes
Fíltranse inflamándose cual linternas
Y saturan vuestros cuerpos con sus perfumes horrendos.
La áspera esterilidad de vuestro gozo
Altera vuestra sed y enerva vuestra piel,
Y el viento furibundo de la concupiscencia
Hace claquear vuestras carnes como una vieja bandera.
¡Lejos de los pueblos vivientes, errantes, condenadas,
A través de los desiertos, acudid como los lobos;
Cumplid vuestro destino, almas desordenadas,
Y huid del infinito que lleváis en vosotras!
El Leteo
Ven sobre mi corazón, alma cruel y sorda,
Tigre adorado, monstruo de aires indolentes;
Quiero, por largo rato sumergir mis dedos temblorosos
En el espesor de tu melena densa;
En tus enaguas saturadas de tu perfume
Sepultar mi cabeza dolorida,
Y aspirar, como una flor marchita,
El dulce relente de mi amor difunto.
¡Quiero dormir! ¡Dormir antes que vivir!
En un sueño tan dulce como la muerte,
Yo derramaré mis besos sin remordimiento,
Sobre tu hermoso cuerpo pulido como el cobre.
Para absorber mis sollozos sosegados
Nada equiparable al abismo de tu lecho;
El olvido poderoso mora sobre tu boca,
Y el Leteo corre en tus besos.
A mi destino, en lo sucesivo, mi delicia,
Yo obedeceré como un predestinado;
Mártir dócil, inocente condenado,
Del cual el fervor atiza el suplicio,
Yo absorberé, para ahogar mi tormento,
El nepente y la buena cicuta,
En los pezones encantadores de ese pecho agudo
Que jamás aprisionó un corazón.
A la que es Demasiado Alegre
Tu cabeza, tu gesto, tu aire
Como un bello paisaje, son bellos;
Juguetea en tu cara la risa
Cual fresco viento en claro cielo.
El triste paseante al que rozas
Se deslumbra por la lozanía
Que brota como un resplandor
De tus espaldas y tus brazos.
El restallante colorido
De que salpicas tus tocados
Hace pensar a los poetas
En un vivo ballet de flores.
Tus locos trajes son emblema
De tu espíritu abigarrado;
Loca que me has enloquecido,
Tanto como te odio te amo.
Frecuentemente en el jardín
Por donde arrastro mi ironía,
Como una ironía he sentido
Que el sol desgarraba mi pecho;
Y el verdor y la primavera
Tanto hirieron mi corazón,
Que castigué sobre una flor
La osadía de la Naturaleza.
Así, yo quisiera una noche,
Cuando la hora del placer llega,
Trepar sin ruido, como un cobarde,
A los tesoros que te adornan,
A fin de castigar tu carne,
De magullar tu seno absuelto
Y abrir a tu atónito flanco
Una larga y profunda herida.
Y, ¡Vertiginosa dulzura!
A través de esos nuevos labios,
Más deslumbrantes y más bellos,
Mi veneno inocularte, hermana.
Las Joyas
Ella estaba desnuda, y, sabiendo mis gustos,
Sólo había conservado las sonoras alhajas
Cuyas preseas le otorgan el aire vencedor
Que las esclavas moras tienen en días fastos.
Cuando en el aire lanza su sonido burlón
Ese mundo radiante de pedrería y metal
Me sumerge en el éxtasis; yo amo con frenesí
Las Cosas en que se une el sonido a la luz.
Ella estaba tendida y se dejaba amar,
Sonriendo de dicha desde el alto diván
A mi pasión profunda y lenta como el mar
Que ascendía hasta ella como hacia su cantil.
Fijos en mí sus ojos, como en tigre amansado,
Con aire soñador ensayaba posturas
Y el candor añadido a la lubricidad
Nueva gracia agregaba a sus metamorfosis;
Y sus brazos y piernas, sus muslos y sus flancos
Pulidos como el óleo, como el cisne ondulantes,
Pasaban por mis ojos lúcidos y serenos;
Y su vientre y sus senos, racimos de mi viña,
Avanzaban tan cálidos como Ángeles del mal
Para turbar la paz en que mi alma estaba
Y para separarla del peñón de cristal
Donde se había instalado solitaria y tranquila.
Y creí ver unidos en un nuevo diseño
-Tanto hacía su talle resaltar a la pelvis-
Las caderas de Antíope al busto de un efebo,
¡Soberbio era el afeite sobre su oscura tez!
-Y habiéndose la lámpara resignado a morir
Como tan sólo el fuego iluminaba el cuarto,
Cada vez que exhalaba un destello flamígero
Inundaba de sangre su piel color del ámbar.
La Metamorfosis del Vampiro
La mujer, entre tanto, de su boca de fresa
Retorciéndose como una sierpe entre brasas
Y amasando sus senos sobre el duro corsé,
Decía estas palabras impregnadas de almizcle:
«Son húmedos mis labios y la ciencia conozco
De perder en el fondo de un lecho la conciencia,
Seco todas las lágrimas en mis senos triunfales.
Y hago reír a los viejos con infantiles risas.
Para quien me contempla desvelada y desnuda
Reemplazo al sol, la luna, al cielo y las estrellas.
Yo soy, mi caro sabio, tan docta en los deleites,
Cuando sofoco a un hombre en mis brazos temidos
O cuando a los mordiscos abandono mi busto,
Tímida y libertina y frágil y robusta,
Que en esos cobertores que de emoción se rinden,
Impotentes los ángeles se perdieran por mí.»
Cuando hubo succionado de mis huesos la médula
y muy lánguidamente me volvía hacia ella
A fin de devolverle un beso, sólo vi
Rebosante de pus, un odre pegajoso.
Yo cerré los dos ojos con helado terror
y cuando quise abrirlos a aquella claridad,
A mi lado, en lugar del fuerte maniquí
Que parecía haber hecho provisión de mi sangre,
En confusión chocaban pedazos de esqueleto
De los cuales se alzaban chirridos de veleta
O de cartel, al cabo de un vástago de hierro,
Que balancea el viento en las noches de invierno.
Nota: No son de la misma versión del libro por lo que hay bastantes diferencias de traducción.
Eso es todo por ahora, espero que les guste y disfruten la música!!
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