Santo del sonido convincente,
baja tus prodigios a nosotros
que tenemos manos indigentes
abrazadas a falibles rostros.
Y danos el tiempo de los truenos,
para que venzan al final los buenos
sobre la estadía de estos lares
donde se confiscan los altares.
Brindanos el fuego que sorbiste
sobre las entrañas de la tierra,
pues siguen tambores a los pies de guerras
a pesar de los besos que diste
desde tu soplido metafísico
con tu sempiterno panegírico.
Y esparce tu semilla en estos campos
donde precisamos de tus lampos.
Oh querido santo del artista
de las altas cumbres alquimista.
baja tus prodigios a nosotros
que tenemos manos indigentes
abrazadas a falibles rostros.
Y danos el tiempo de los truenos,
para que venzan al final los buenos
sobre la estadía de estos lares
donde se confiscan los altares.
Brindanos el fuego que sorbiste
sobre las entrañas de la tierra,
pues siguen tambores a los pies de guerras
a pesar de los besos que diste
desde tu soplido metafísico
con tu sempiterno panegírico.
Y esparce tu semilla en estos campos
donde precisamos de tus lampos.
Oh querido santo del artista
de las altas cumbres alquimista.