
Al contemplar las cosas desde el aire adquirimos una perspectiva muy reveladora, capaz de mostrarnos cómo de insignificante resultan ser los objetos desde tal distancia o la perfecta geometría que pueden llegar a exponer las ciudades o autopistas.
Pero no solo las construcciones de los humanos son capaces de adquirir tales propiedades paisajísticas, también la naturaleza se encarga de imponer sus propias reglas en cuanto a orden y belleza. Un ejemplo de ello lo encontramos en los campos de flores de Holanda, tan famosos que se han convertido en una atracción turística que sirve como reclamo para miles de visitantes procedentes de todo el mundo.
