Dulce puta sentada en la avenida, al tocar tu piel puedo sentir la tierra incrustada en tus fríos muslos, tus morenas piernas están marcadas después de haber pasado horas ahí esperando un cliente que pagara lo suficiente y fuera acorde a tus estándares de "parece que este no tiene sida".
Subes al auto, te sientas junto a mí y recitas lo que te enseñaron a recitar en un orden infinitamente repetido, tantas veces exclamado que lo pronuncias ya sin darte cuenta de lo que dices, en el fondo son solo palabras vacías que buscan ser reglas, que sabes que algunas no se van a cumplir y que antes rezabas para que otras no se cumplieran, a día de hoy te da igual. Estás tan automatizada que no me recuerdas, no te das cuenta de que ya conozco cada célula de tu piel y que he probado los añejos jugos que salen de tu ser.
El acto en sí es vacío, con palabras de puta vacías, algún que otro gemido a fuerzas, las caricias vendidas de siempre.
Me haces terminar, y termino satisfecho, el dinero está en tus manos. Por primera vez miras mis ojos y nuestras miradas se encuentran, entonces rápido alejas tu mirada y tu mano corre buscando abrir la puerta del auto. Sujeto delicadamente tu mejilla con mi mano, te hago mirarme, volteas hacia mí pero tus ojos parecen buscar un viejo recuerdo y miran hacia abajo y a un lado. Digo que te amo, que te quiero sacar de este mundo miserable, me dices que es imposible, que ganas el dinero suficiente como para mantenerte a ti y a tu familia, que no necesitas de amor ni de ningún hombre, que quieres disfrutar tu vida y otras frases que leíste alguna vez y que me dijiste ya la vez pasada. Asiento, te digo que lo entiendo pero te recuerdo lo mucho que me inspira tu ser y el amor y la pasión tan grande que me haces sentir, me pides que no vuelva a por ti, y te bajas.
Preparo un corte de pelo nuevo, esta vez creo que me dejaré la barba, pediré el carro prestado a un amigo, me cambiaré de ropa y estaré listo para poseerte una vez más.
Subes al auto, te sientas junto a mí y recitas lo que te enseñaron a recitar en un orden infinitamente repetido, tantas veces exclamado que lo pronuncias ya sin darte cuenta de lo que dices, en el fondo son solo palabras vacías que buscan ser reglas, que sabes que algunas no se van a cumplir y que antes rezabas para que otras no se cumplieran, a día de hoy te da igual. Estás tan automatizada que no me recuerdas, no te das cuenta de que ya conozco cada célula de tu piel y que he probado los añejos jugos que salen de tu ser.
El acto en sí es vacío, con palabras de puta vacías, algún que otro gemido a fuerzas, las caricias vendidas de siempre.
Me haces terminar, y termino satisfecho, el dinero está en tus manos. Por primera vez miras mis ojos y nuestras miradas se encuentran, entonces rápido alejas tu mirada y tu mano corre buscando abrir la puerta del auto. Sujeto delicadamente tu mejilla con mi mano, te hago mirarme, volteas hacia mí pero tus ojos parecen buscar un viejo recuerdo y miran hacia abajo y a un lado. Digo que te amo, que te quiero sacar de este mundo miserable, me dices que es imposible, que ganas el dinero suficiente como para mantenerte a ti y a tu familia, que no necesitas de amor ni de ningún hombre, que quieres disfrutar tu vida y otras frases que leíste alguna vez y que me dijiste ya la vez pasada. Asiento, te digo que lo entiendo pero te recuerdo lo mucho que me inspira tu ser y el amor y la pasión tan grande que me haces sentir, me pides que no vuelva a por ti, y te bajas.
Preparo un corte de pelo nuevo, esta vez creo que me dejaré la barba, pediré el carro prestado a un amigo, me cambiaré de ropa y estaré listo para poseerte una vez más.