Lejana en la colina
esta morada.
Está hecha de palabras inclementes,
cuyos cimientos arden en el aire.
Conforme a los pretéritos del sueño,
con materiales nobles e inútiles
que escapan
de los escaparates de los rostros
que guardan la estela de las premoniciones.
Y yacen encerrados esos nombres,
que dan golpes siniestros
a paredes
que facilmente ceden a sus puños,
y se derrumban frágiles de antaños.
Pero la maldición de esta estructura
reside en quien decide levantarla,
pues una vez afuera de su holgura
la sangre se rebela a descuidarla.
esta morada.
Está hecha de palabras inclementes,
cuyos cimientos arden en el aire.
Conforme a los pretéritos del sueño,
con materiales nobles e inútiles
que escapan
de los escaparates de los rostros
que guardan la estela de las premoniciones.
Y yacen encerrados esos nombres,
que dan golpes siniestros
a paredes
que facilmente ceden a sus puños,
y se derrumban frágiles de antaños.
Pero la maldición de esta estructura
reside en quien decide levantarla,
pues una vez afuera de su holgura
la sangre se rebela a descuidarla.