El la mira con esos ojos
se ha enamorado de sus pasos
de su voz o de su historia.
Quizá del universo que se desprende de su cuello
mientras danza.
O de la libertad de sus manos
que es otro real y hermoso paisaje.
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de sus cientos de rostros, el firme e impenetrable,
o del lienzo que pinta el sol sobre su cara
como en aquel atardecer.
Nino Quemao