Hola gente, simplemente les dejo los últimos poemas que he escrito en las ultimas semanas, un abrazo.
Objetivo: Extirpar la ansiedad
Me escabullí en la pesada madrugada,
buscando en mí andar tabernas de puertas abiertas
enredado entre el frío y la pereza
encontré el cálido aposento,
el umbral de las cálidas caricias de ginebra
Proseguí y me embutí,
en las redes de las mujeres de la noche,
perdidos borrachos y viejos amigos me siguieron
dándome palmadas en la espalda,
escapando del infierno al paraíso,
y posteriormente, de regreso al infierno
Medidas por las calles,
medidas sobre las barras,
fue esfumándose el escalofrió,
y quebrándose la escarcha,
de los huesos ya climatizados por las llamas
de diez botellas, veinte, cincuenta,
y de ahí, directo a la inconsciencia del ensueño
Cuando la vista mira sin mirar,
y el perfumado aliento
de los tragos eternos se apacigua,
se ensancha la laguna del tormento,
y se callan los labios,
y se estaciona el estruendo
terminando así la fiesta
en un sin fin de silencio
Se regresa lento pero seguro,
a esa guarida llamada hogar,
tambaleando se introduce la llave,
la llave que da paso a lo incierto,
y con suerte uno se duerme,
y con suerte uno logra despertar.
[bCCXLV ][/b]
Una áspera tristeza me cayó encima,
desde lo alto de un domingo
oscuro y de aguacero,
empapando las aves que llevo dentro,
aquellas, que cantaban esplendorosas,
indiferentes al espacio y al tiempo
Colosal y monárquico el viento,
que sacudió mi ocio y mi tedio,
descansando en el portal de mí casa,
luego, arrojándose encima
de la serenidad y de la calma,
corrompió mi frágil paz bajo techo,
rociando mis ojos con hechizos de lágrimas
Que crueles son las horas,
de esos mudos días impermeables,
esas horas vacías, esos rostros ya muertos,
son el eco de la soledad de las calles,
las esquinas vacías, los hogares sin alma,
esas horas, que se consumen fugaces,
y se comen despacio, lo que resta del aire,
momentos como este, que muy bien conocemos
Ya acepte la decrepitud que se acerca,
con la noche misteriosa,
vacía de cantos y rosas,
y desenvaine de ante mano
la fiel espada del miedo,
y asumí la resignación, de esta voluntad bajo cero,
Y ahora espero y espero, como un fiel centinela,
como un guardia al acecho,
sin penas ni gloria, sin pavor ni lamentos,
mientras el humo como tinieblas
se me escurre en la boca,
y la muerte nocturna,
sin llamar a la puerta,
solo pasa de largo, pero deja una nota
La bala
Miró a través de la ventana,
un cielo azul en demasía,
dejo atrás sus ángeles y demonios
y se hundió decidido,
en el sin fin de su memoria
Recordando aquel primer beso de antaño,
el primer tacto con la suave y reina piel,
dio el primer paso hacia el sendero incierto de su vida,
su lejana juventud enmohecida,
rutas que parecían jamás acabar,
el paisaje de los pinos y el mar,
ah, como recordó el mar,
lo dibujo en su mente,
con lágrimas de un pasado ya enterrado
Pensó, nuevamente pensó,
en las borracheras con los camaradas,
las cómicas andanzas
que a ningún lado llevaban,
el relampagueo de la imagen
de un abrazo maternal jubilado,
algún consejo olvidado,
ya abrigado, por el denso y paciente polvo
Vislumbro,
las mujeres, los vicios y las noches,
los actos de nobleza
y los de traición,
las mentiras que dañaron muchas almas,
especialmente la suya,
todo fue a parar a un envase descartable,
que la vida ahora se debía tragar.
Se poso un rato sobre los rostros
de los familiares que lo habían formado,
los que sí, algo representaban,
sobre los héroes de su primera infancia y juventud,
y arrojo y suprimió sus rencores y recelos,
sus perdones desprovistos de culpas,
su enorme y energúmeno odio,
su frágil y débil escudo ya curtido
Y con una mueca no mas cínica que triste,
con sus trémulas manos
Y sus latidos en llamas,
puso un pie sobre las sombras
de la nada,
el segundo, ya ahora
Palpando el sabor del misterio,
y miro, por última vez su palma,
escupió, una vez la calma
y tembloroso pero resuelto,
introdujo en el arma,
ya sin dudas, la bala.
[bA oídos sordos ][/b]
¡Qué fría, que desolada, la sociedad en demasía tecnificada!
marchan y marchan dormidos, autómatas en serie, con un código de barras
con la mirada perdida, y sus sueños hechos trizas,
con la boca partida y la lengua sin saliva,
de la cama, directo a la jornada,
y de regreso al hogar, ahogan sus penas
en un sin fin de lagrimas vacías, sin esperanzas ni fe,
un ciclo lamentable, el cuento de nunca acabar.
Se escurre los días, y con ellos la vida, la vida artificial,
lamentable nos vemos, reflejados en un sucio espejo
que no aprende a reflejar, sus sucias dimensiones recrean la imagen,
y la imagen se disuelve en nuestras cuencas negruzcas,
es la muerte y no la vida, lo que aprendimos a moldear,
es la suma, y no calidad, son los números y no los resultados,
son las listas y cuentas, pocas veces el amor.
Y en los mismos senderos en que nos sabemos trasladar,
se nos escapan detalles de una naturaleza olvidada,
las mariposas borrachas con fuego en sus alas,
las nubes perezosas que humedecen el alma,
el frágil respiro, del sigilo del gato en su techo,
la voz de la tierra ya afónica en barro,
un infinito de colores que supimos borrar.
¿Hacia dónde corremos, y por qué tan deprisa?
si el sol que ahora brilla, vive solo una vez,
aclaremos la mirada y abracemos el miedo,
y quizás reaccionemos ante tan latente extinción,
arrojemos el confort del engaño,
la diabólica competencia que nos han inculcado,
y besemos la aurora y probemos el ocaso,
siempre y cuando lo hagamos, sin tragarnos al mundo.
Un pedazo de infierno
Tus ojos fueron abismos
en donde parte de mi se formo,
una oscura encrucijada que respira el dolor,
un estanque vacío, sucio en olvido,
una bóveda sombría en donde yacen demonios
disfrazados de ángeles
Hoy en nuestro nido no hay nada,
solo el frágil cimiento
de sombras traviesas y podridas las ramas,
tus ojos, un pedazo de infierno,
un zorzal asfixiado, por siempre sin canto,
un invierno estancado, derretido entre llamas
Observa y sonríe, como se han degradado,
Esos cálidos días de por si desangrados,
Por tus ráfagas fúnebres,
y el ocaso de nuestro cielo,
se ha de perder para siempre,
se han de oxidar en las penumbras,
lo que jamas hubo de haber nacido,
muertos ya hasta los huesos, hoy, nuestros años
Las golondrinas
Una bandada de golondrinas
me picoteaban el corazón,
en las horas del día en las que
ya se esconde el sol,
mientras esperaba la lluvia
que siempre se hace rogar,
y los ladridos de los perros,
recorrían la noche y sus estrellas,
como un fantasmagórico canto espectral
Que dolido que aun estaba,
cuantos rencores guardaba,
que las mariposas se volvían
crisálidas al verme,
evolucionando hacia atrás,
pero cada jornada
trae consigo un nuevo color,
y estos pellizcos apenas si se sienten,
la alegría se confunde con dolor,
Comportamiento natural de la tristeza,
que logra pesadas ramas mecer,
me dejo llevar por donde quiera,
empobrecida rutina sin dirección,
cuanto contento y cuanta nostalgia
se guardan en las mismas entrañas,
son tumores que despiertan,
y ya no vuelven a dormir
Una bandada de golondrinas
me picoteaban el corazón,
en las horas del día en las que
ya se esconde el sol,
pero yo decidí bajar los puños,
y arrojar unas cuantas migajas
y quizás, quien sabe,
sus negras perlas me aprendan a mirar.
Cuerpo a tierra
Cuando se cree uno en lo alto,
es cuando feroz se nos desfonda la cima,
caída libre a un hoyo negro,
y ya en el fondo, como una tumba
Tanto tiempo he pasado,
y tanto espacio transcurrido,
que ya la tierra reconoce mis pasos,
empero, ya no los besa,
solo y destartalado,
tan solo me ve pasar
Como un lamento caído del cielo,
un miedo enajenado rapto mi alma,
y hoy mi cuerpo ya aletargado,
no mueve dedo alguno por buscarla,
en un sendero de enredaderas,
con místicos claveles y rosas recelosas,
se encuentra ya miserable,
entre el azar regocijante,
entre mi piel y la nada
El impacto me fue muy duro,
la caída, una enseñanza,
mas enfermo, ya rebalsado,
ahora me encuentro por aprender,
se han terminado las paginas,
¿por qué anhelaba lo alto?
si en la pobreza del firme barro,
yo respiraba mejor.
Las sombras del sauce
El sauce ya está cansado,
bajo la luz crepuscular,
en un rincón de la acera,
donde vos ya no estás,
sus raíces sueñan con vida,
con la inexistente claridad,
yacen bajo la tierra,
como mi voluntad,
el sauce llora sin lágrimas,
sabe observar sin mirar,
le regala su sombra al mundo,
el tiene en gran cantidad,
me habla sin palabras
cantando en la oscuridad,
en donde finas madrugadas
lo intentan derrocar,
el sauce sabe y calla más de la vida,
de lo que nunca sabrás
Objetivo: Extirpar la ansiedad
Me escabullí en la pesada madrugada,
buscando en mí andar tabernas de puertas abiertas
enredado entre el frío y la pereza
encontré el cálido aposento,
el umbral de las cálidas caricias de ginebra
Proseguí y me embutí,
en las redes de las mujeres de la noche,
perdidos borrachos y viejos amigos me siguieron
dándome palmadas en la espalda,
escapando del infierno al paraíso,
y posteriormente, de regreso al infierno
Medidas por las calles,
medidas sobre las barras,
fue esfumándose el escalofrió,
y quebrándose la escarcha,
de los huesos ya climatizados por las llamas
de diez botellas, veinte, cincuenta,
y de ahí, directo a la inconsciencia del ensueño
Cuando la vista mira sin mirar,
y el perfumado aliento
de los tragos eternos se apacigua,
se ensancha la laguna del tormento,
y se callan los labios,
y se estaciona el estruendo
terminando así la fiesta
en un sin fin de silencio
Se regresa lento pero seguro,
a esa guarida llamada hogar,
tambaleando se introduce la llave,
la llave que da paso a lo incierto,
y con suerte uno se duerme,
y con suerte uno logra despertar.
[bCCXLV ][/b]
Una áspera tristeza me cayó encima,
desde lo alto de un domingo
oscuro y de aguacero,
empapando las aves que llevo dentro,
aquellas, que cantaban esplendorosas,
indiferentes al espacio y al tiempo
Colosal y monárquico el viento,
que sacudió mi ocio y mi tedio,
descansando en el portal de mí casa,
luego, arrojándose encima
de la serenidad y de la calma,
corrompió mi frágil paz bajo techo,
rociando mis ojos con hechizos de lágrimas
Que crueles son las horas,
de esos mudos días impermeables,
esas horas vacías, esos rostros ya muertos,
son el eco de la soledad de las calles,
las esquinas vacías, los hogares sin alma,
esas horas, que se consumen fugaces,
y se comen despacio, lo que resta del aire,
momentos como este, que muy bien conocemos
Ya acepte la decrepitud que se acerca,
con la noche misteriosa,
vacía de cantos y rosas,
y desenvaine de ante mano
la fiel espada del miedo,
y asumí la resignación, de esta voluntad bajo cero,
Y ahora espero y espero, como un fiel centinela,
como un guardia al acecho,
sin penas ni gloria, sin pavor ni lamentos,
mientras el humo como tinieblas
se me escurre en la boca,
y la muerte nocturna,
sin llamar a la puerta,
solo pasa de largo, pero deja una nota
La bala
Miró a través de la ventana,
un cielo azul en demasía,
dejo atrás sus ángeles y demonios
y se hundió decidido,
en el sin fin de su memoria
Recordando aquel primer beso de antaño,
el primer tacto con la suave y reina piel,
dio el primer paso hacia el sendero incierto de su vida,
su lejana juventud enmohecida,
rutas que parecían jamás acabar,
el paisaje de los pinos y el mar,
ah, como recordó el mar,
lo dibujo en su mente,
con lágrimas de un pasado ya enterrado
Pensó, nuevamente pensó,
en las borracheras con los camaradas,
las cómicas andanzas
que a ningún lado llevaban,
el relampagueo de la imagen
de un abrazo maternal jubilado,
algún consejo olvidado,
ya abrigado, por el denso y paciente polvo
Vislumbro,
las mujeres, los vicios y las noches,
los actos de nobleza
y los de traición,
las mentiras que dañaron muchas almas,
especialmente la suya,
todo fue a parar a un envase descartable,
que la vida ahora se debía tragar.
Se poso un rato sobre los rostros
de los familiares que lo habían formado,
los que sí, algo representaban,
sobre los héroes de su primera infancia y juventud,
y arrojo y suprimió sus rencores y recelos,
sus perdones desprovistos de culpas,
su enorme y energúmeno odio,
su frágil y débil escudo ya curtido
Y con una mueca no mas cínica que triste,
con sus trémulas manos
Y sus latidos en llamas,
puso un pie sobre las sombras
de la nada,
el segundo, ya ahora
Palpando el sabor del misterio,
y miro, por última vez su palma,
escupió, una vez la calma
y tembloroso pero resuelto,
introdujo en el arma,
ya sin dudas, la bala.
[bA oídos sordos ][/b]
¡Qué fría, que desolada, la sociedad en demasía tecnificada!
marchan y marchan dormidos, autómatas en serie, con un código de barras
con la mirada perdida, y sus sueños hechos trizas,
con la boca partida y la lengua sin saliva,
de la cama, directo a la jornada,
y de regreso al hogar, ahogan sus penas
en un sin fin de lagrimas vacías, sin esperanzas ni fe,
un ciclo lamentable, el cuento de nunca acabar.
Se escurre los días, y con ellos la vida, la vida artificial,
lamentable nos vemos, reflejados en un sucio espejo
que no aprende a reflejar, sus sucias dimensiones recrean la imagen,
y la imagen se disuelve en nuestras cuencas negruzcas,
es la muerte y no la vida, lo que aprendimos a moldear,
es la suma, y no calidad, son los números y no los resultados,
son las listas y cuentas, pocas veces el amor.
Y en los mismos senderos en que nos sabemos trasladar,
se nos escapan detalles de una naturaleza olvidada,
las mariposas borrachas con fuego en sus alas,
las nubes perezosas que humedecen el alma,
el frágil respiro, del sigilo del gato en su techo,
la voz de la tierra ya afónica en barro,
un infinito de colores que supimos borrar.
¿Hacia dónde corremos, y por qué tan deprisa?
si el sol que ahora brilla, vive solo una vez,
aclaremos la mirada y abracemos el miedo,
y quizás reaccionemos ante tan latente extinción,
arrojemos el confort del engaño,
la diabólica competencia que nos han inculcado,
y besemos la aurora y probemos el ocaso,
siempre y cuando lo hagamos, sin tragarnos al mundo.
Un pedazo de infierno
Tus ojos fueron abismos
en donde parte de mi se formo,
una oscura encrucijada que respira el dolor,
un estanque vacío, sucio en olvido,
una bóveda sombría en donde yacen demonios
disfrazados de ángeles
Hoy en nuestro nido no hay nada,
solo el frágil cimiento
de sombras traviesas y podridas las ramas,
tus ojos, un pedazo de infierno,
un zorzal asfixiado, por siempre sin canto,
un invierno estancado, derretido entre llamas
Observa y sonríe, como se han degradado,
Esos cálidos días de por si desangrados,
Por tus ráfagas fúnebres,
y el ocaso de nuestro cielo,
se ha de perder para siempre,
se han de oxidar en las penumbras,
lo que jamas hubo de haber nacido,
muertos ya hasta los huesos, hoy, nuestros años
Las golondrinas
Una bandada de golondrinas
me picoteaban el corazón,
en las horas del día en las que
ya se esconde el sol,
mientras esperaba la lluvia
que siempre se hace rogar,
y los ladridos de los perros,
recorrían la noche y sus estrellas,
como un fantasmagórico canto espectral
Que dolido que aun estaba,
cuantos rencores guardaba,
que las mariposas se volvían
crisálidas al verme,
evolucionando hacia atrás,
pero cada jornada
trae consigo un nuevo color,
y estos pellizcos apenas si se sienten,
la alegría se confunde con dolor,
Comportamiento natural de la tristeza,
que logra pesadas ramas mecer,
me dejo llevar por donde quiera,
empobrecida rutina sin dirección,
cuanto contento y cuanta nostalgia
se guardan en las mismas entrañas,
son tumores que despiertan,
y ya no vuelven a dormir
Una bandada de golondrinas
me picoteaban el corazón,
en las horas del día en las que
ya se esconde el sol,
pero yo decidí bajar los puños,
y arrojar unas cuantas migajas
y quizás, quien sabe,
sus negras perlas me aprendan a mirar.
Cuerpo a tierra
Cuando se cree uno en lo alto,
es cuando feroz se nos desfonda la cima,
caída libre a un hoyo negro,
y ya en el fondo, como una tumba
Tanto tiempo he pasado,
y tanto espacio transcurrido,
que ya la tierra reconoce mis pasos,
empero, ya no los besa,
solo y destartalado,
tan solo me ve pasar
Como un lamento caído del cielo,
un miedo enajenado rapto mi alma,
y hoy mi cuerpo ya aletargado,
no mueve dedo alguno por buscarla,
en un sendero de enredaderas,
con místicos claveles y rosas recelosas,
se encuentra ya miserable,
entre el azar regocijante,
entre mi piel y la nada
El impacto me fue muy duro,
la caída, una enseñanza,
mas enfermo, ya rebalsado,
ahora me encuentro por aprender,
se han terminado las paginas,
¿por qué anhelaba lo alto?
si en la pobreza del firme barro,
yo respiraba mejor.
Las sombras del sauce
El sauce ya está cansado,
bajo la luz crepuscular,
en un rincón de la acera,
donde vos ya no estás,
sus raíces sueñan con vida,
con la inexistente claridad,
yacen bajo la tierra,
como mi voluntad,
el sauce llora sin lágrimas,
sabe observar sin mirar,
le regala su sombra al mundo,
el tiene en gran cantidad,
me habla sin palabras
cantando en la oscuridad,
en donde finas madrugadas
lo intentan derrocar,
el sauce sabe y calla más de la vida,
de lo que nunca sabrás