Dos átomos se chocan
en la esquina,
y hay heridos y muertos,
que reclaman por su dosis
de querida anfetamina.
Las puertas se deslizan
por las otras dimensiones,
vibra el témpano sesgado
de los colores apagados.
Todo se disgrega,
en contundente habitación
de lisérgicos olores:
el óleo se dispersa
y se despega de los lienzos.
La noche es nuestra,
en soledades.
en la esquina,
y hay heridos y muertos,
que reclaman por su dosis
de querida anfetamina.
Las puertas se deslizan
por las otras dimensiones,
vibra el témpano sesgado
de los colores apagados.
Todo se disgrega,
en contundente habitación
de lisérgicos olores:
el óleo se dispersa
y se despega de los lienzos.
La noche es nuestra,
en soledades.