Mi micro cuento fue publicado en el diario de Tres Arroyos "La voz del pueblo"
Luego de enviarle varias piezas, pudieron sacar a la luz uno de ellos el pasado domingo 24 de julio.
Un pequeño logro en el largo y arduo camino de escribir.
Cuento: "Deseos"
El rechazo lo había dejado tan triste que intentó distraerse. Con desasosiego comenzó a ordenar el catálogo del anticuario. Por ahí, entre los objetos enumerados, encontró una vieja lámpara proveniente de Oriente.
Desesperado, corrió en su búsqueda y cuando la sostuvo en sus manos se apuró a frotarla. Al principio no pasó nada, pero de pronto una espesa niebla brotó de su interior.
- Gracias por liberarme -dijo el ser que se manifestó frente a él-, por hacerlo te has ganado tres deseos.
El hombre, desbordante de júbilo, le preguntó: - ¿Puedo pedir lo que quiera?
- Sí -contestó el genio-, lo que desees: oro, un palacio, la vida eterna, poder, cualquier cosa que imagines.
- ¡Quiero que Beatriz me ame! -gritó en seguida.
- No puedo concederte eso
- ¡¿Por qué no?! -protestó.
- Porque no puedo doblegar la voluntad de las personas. Debes saber, sin embargo, que cualquier otro deseo te será cumplido.
El hombre lo miró furioso y tras unos segundos ordenó: - Deseo que desaparezcas.
El humo se desvaneció casi de inmediato. Un minuto después el vendedor subió a su oficina y se puso a llorar.
Luego de enviarle varias piezas, pudieron sacar a la luz uno de ellos el pasado domingo 24 de julio.
Un pequeño logro en el largo y arduo camino de escribir.
Cuento: "Deseos"
El rechazo lo había dejado tan triste que intentó distraerse. Con desasosiego comenzó a ordenar el catálogo del anticuario. Por ahí, entre los objetos enumerados, encontró una vieja lámpara proveniente de Oriente.
Desesperado, corrió en su búsqueda y cuando la sostuvo en sus manos se apuró a frotarla. Al principio no pasó nada, pero de pronto una espesa niebla brotó de su interior.
- Gracias por liberarme -dijo el ser que se manifestó frente a él-, por hacerlo te has ganado tres deseos.
El hombre, desbordante de júbilo, le preguntó: - ¿Puedo pedir lo que quiera?
- Sí -contestó el genio-, lo que desees: oro, un palacio, la vida eterna, poder, cualquier cosa que imagines.
- ¡Quiero que Beatriz me ame! -gritó en seguida.
- No puedo concederte eso
- ¡¿Por qué no?! -protestó.
- Porque no puedo doblegar la voluntad de las personas. Debes saber, sin embargo, que cualquier otro deseo te será cumplido.
El hombre lo miró furioso y tras unos segundos ordenó: - Deseo que desaparezcas.
El humo se desvaneció casi de inmediato. Un minuto después el vendedor subió a su oficina y se puso a llorar.