El vicedibujante Nudo
-Soy el segundo mejor dibujante de Bichos Antenudos de todo el mundo.
-¿Y el primero quién es?
-Yo, también. Pero prefiero presentarme así, de una manera más humilde.
Negociación en el puente
-¡Si no viene Romina me tiro, eh!
-La llamamos y nos dijo que se puede tirar, nomás. Que lo quiere filmar para mostrarle a sus amigas… Pero, no nos haga esto a nosotros. Después, tenemos que limpiar el enchastre. Encima el puente está recién inaugurado con la firma del Gobernador y todo y además… ¡Uy, espere! Acá, hay una señorita interesada en que no se estrole!
-A ver… que de una vueltita. Un poco más de perfil, por favor.
-¿Y, qué le parece? Se llama Corina, no cantará como la otra pero…
-Sí, puede aprender. Bueno, ¡aaaaay me baaaajo!
-¡Como son las cosas, che! Creyó que podía elegir el momento de su partida y ahí está; Si no era por el toldito del Quiosco se mataba.
Auspició: “Quiosco El Toldito, estamos siempre que nos necesites”.
El veneno mortal del bicho volador
“Era un puente verdaderamente hermoso para suicidarse y él, así lo creía. Pero justo cuando se preparaba para saltar, un camión le partió el traste (a 90 kilómetros por hora) y lo mandó derechito al hospital del pueblo.”
(del libro “Un Suicidio Pretencioso”, de Rosí Lemionc)
-La otra vez, me contaron que un famoso compositor ruso murió tras haber sido picado por un insecto. Y lo raro es que, este compositor, estaba escribiendo un poema sinfónico en el cual uno de los principales personajes moría por la misma causa.
Y… ¿usted qué anda escribiendo, Don Antenudo?
-No… nada, señorita Edith.
Bueno, sí. Estoy con la historia de un escritor fracasado que gana la quiniela y que… ¡Mucho gana, eh! ¡Como 20 millones de petunias de plata! Y que después, recibe varias cartas de una piba que le gustaba y… ¡Ah, y no lo pica ningún insecto y vive sin problemas de salud!
-¡Pero… ese cuento es una porquería! ¡Rompaló y escriba algo en serio, quiere!