
Hoy les dejo 5 poemas que abordan el tema de la homosexualidad desde el lado erótico-afectivo. En cada poema dejo una breve introducción al mismo que complemente la visión del texto poético.
DOS AMORES – ALFRED DOUGLAS

“¿Cuál es el amor que no se atreve a pronunciar su nombre?” preguntó el abogado Charles Gill a Oscar Wilde en el juicio celebrado en su contra. Esta frase aparece en el poema -Dos Amores- de Alfred "Bosie" Douglas que por ese entonces era amante de Wilde y con el cual tuvo una relación enfermiza que inclusive le costaría a Oscar el pasar dos años en la cárcel, acusado de sodomía, haciendo trabajos forzados. A estas alturas no es ningún secreto la homosexualidad de Wilde, pero en la época Victoriana, en la que le tocó vivir, sus preferencias sexuales escandalizaron a Gran Bretaña. Más que nada porque era ya un escritor de renombre y quizá fue uno de los primeros intelectuales en sacar la cabeza del closet.
“Dulce joven, dime
¿por qué, triste y suspirando,
vagas por estos apacibles lugares?
Te lo ruego, dime la verdad, ¿cuál es tu nombre?
Él respondió: “Mi nombre es Amor.”
Inmediatamente, el primero se dio la vuelta hacia mí
y grito: “Está mintiendo, ya que su nombre es Vergüenza,
pero yo soy Amor, y yo estaba acostumbrado a estar solo
en este bello jardín, hasta que él vino sin ser llamado
durante la noche; yo soy el verdadero Amor,
yo lleno los corazones de ella y de él con fuego mutuo.”
Después suspirando, dijo el otro:
“Entonces permíteme que me presente,
yo soy el Amor que no se atreve a pronunciar su nombre.”
¿por qué, triste y suspirando,
vagas por estos apacibles lugares?
Te lo ruego, dime la verdad, ¿cuál es tu nombre?
Él respondió: “Mi nombre es Amor.”
Inmediatamente, el primero se dio la vuelta hacia mí
y grito: “Está mintiendo, ya que su nombre es Vergüenza,
pero yo soy Amor, y yo estaba acostumbrado a estar solo
en este bello jardín, hasta que él vino sin ser llamado
durante la noche; yo soy el verdadero Amor,
yo lleno los corazones de ella y de él con fuego mutuo.”
Después suspirando, dijo el otro:
“Entonces permíteme que me presente,
yo soy el Amor que no se atreve a pronunciar su nombre.”
MI LISI DIVINA – SOR JUANA INES DE LA CRUZ

“Ser mujer, ni estar ausente,
no es de amarte impedimento;
pues sabes tú, que las almas
distancia ignoran y sexo.”
-Sor Juana Ines de la Cruz
no es de amarte impedimento;
pues sabes tú, que las almas
distancia ignoran y sexo.”
-Sor Juana Ines de la Cruz
Sor Juana Inés de la Cruz fue una monja mexicana del siglo 17, cuyos aclamados escritos incluyen poesía de amor lésbico. Ella es considerada una de las más grandes poetas de América Latina, una de las primeros defensoras de los derechos de las mujeres, y algunos dicen que fue la primera escritora feminista lesbiana de Norteamérica. Sor Juana convirtio su celda en un salón de reuniones, el cual era visitado por la élite intelectual de la ciudad. Entre ellos estaba la condesa María Luisa de Paredes, virreina de México. Las dos mujeres se hicieron amigas apasionadas. No está claro si eran lesbianas, en el sentido que entendemos el término hoy, pero María Luisa inspiró a Sor Juana para escribir poemas de amor, tales como el siguiente:
Divina Lisi mía:
perdona si me atrevo a llamarte así, cuando
aun de ser tuya el nombre no merezco.
A esto, no osadía es llamarte así,
Puesto que a ti te sobran rayos,
si en mí pudiera haber atrevimientos.
Error es de la lengua, que lo que dice imperio
del dueño, en el dominio,
parezcan posesiones en el siervo.
Mi rey, dice el vasallo;
mi cárcel, dice el preso;
y el más humilde esclavo,
sin agraviarlo, llama suyo al dueño.
Así, cuando yo mía te llamo, no pretendo
que juzguen que eres mía,
sino sólo que yo ser tuya quiero.
Yo te vi; pero basta:
que a publicar incendios
basta apuntar la causa,
sin añadir la culpa del efecto.
Que mirarte tan alta,
no impide a mi denuedo;
que no hay deidad segura
al altivo volar del pensamiento.
Y aunque otras más merezcan,
en distancia del cielo
lo mismo dista el valle
más humilde que el monte más soberbio,
En fin, yo de adorarte
el delito confieso;
si quieres castigarme,
este mismo castigo será premio.
perdona si me atrevo a llamarte así, cuando
aun de ser tuya el nombre no merezco.
A esto, no osadía es llamarte así,
Puesto que a ti te sobran rayos,
si en mí pudiera haber atrevimientos.
Error es de la lengua, que lo que dice imperio
del dueño, en el dominio,
parezcan posesiones en el siervo.
Mi rey, dice el vasallo;
mi cárcel, dice el preso;
y el más humilde esclavo,
sin agraviarlo, llama suyo al dueño.
Así, cuando yo mía te llamo, no pretendo
que juzguen que eres mía,
sino sólo que yo ser tuya quiero.
Yo te vi; pero basta:
que a publicar incendios
basta apuntar la causa,
sin añadir la culpa del efecto.
Que mirarte tan alta,
no impide a mi denuedo;
que no hay deidad segura
al altivo volar del pensamiento.
Y aunque otras más merezcan,
en distancia del cielo
lo mismo dista el valle
más humilde que el monte más soberbio,
En fin, yo de adorarte
el delito confieso;
si quieres castigarme,
este mismo castigo será premio.
CANCIÓN DEL MARIQUITA - FEDERICO GARCÍA LORCA

Las preferencias sexuales de Federico García Lorca no son ya a esta altura un misterio para nadie. Tampoco lo es cómo debió esconderlas (públicamente, quiero significar; porque por lo demás, todos quienes lo conocían sabían que era homosexual; por más que nunca se haya asumido frente a la sociedad como tal) en el contexto de esa España de la primera treintena del siglo XX.
Como se desprende de los versos, la mirada de García Lorca sobre el mariquita del poema, viene dada desde la perspectiva de lo folclórico, digamos. No hay en el autor una intención de simpatía ni complicidad con el personaje, y tampoco la hay de rechazo ni condena; el mariquita que nos pinta Federico está inmerso en el paisaje andaluz e integra la "fauna" que lo habita.
El mariquita se peina
en su peinador de seda.
Los vecinos se sonríen
en sus ventanas postreras.
Por los patios gritan loros,
surtidores de planetas.
La tarde se pone extraña
de peines y enredaderas.
El mariquita se adorna
con un jazmín sin vergüenza.
El escándalo temblaba
rayado como una cebra.
La tarde se pone extraña
de peines y enredaderas.
El mariquita se adorna
con un jazmín sin vergüenza.
¡Los mariquitas del Sur,
cantan por las azoteas!
en su peinador de seda.
Los vecinos se sonríen
en sus ventanas postreras.
Por los patios gritan loros,
surtidores de planetas.
La tarde se pone extraña
de peines y enredaderas.
El mariquita se adorna
con un jazmín sin vergüenza.
El escándalo temblaba
rayado como una cebra.
La tarde se pone extraña
de peines y enredaderas.
El mariquita se adorna
con un jazmín sin vergüenza.
¡Los mariquitas del Sur,
cantan por las azoteas!
DE VERDAD QUE MORIR YO QUIERO - SAFO DE LESBOS

Safo de Mitilene o Safo de Lesbos (Sí, por ella se popularizo el termino -lesbiana-) fue una poetisa griega nacida en el año 600 a.C. Vivió toda su vida en la Isla Lesbos, una isla cercana a las costas de Asia Menor. Es a raíz del contenido de sus composiciones poéticas que se deduce la admiración y atracción de Safo por sus jóvenes discípulas. Aunque no habla de relaciones sexuales explícitas, sus odas de alabanza a la belleza de los cuerpos femeninos, sus frases de reconocido amor sentimental por determinadas alumnas, dan a entender que un fuerte afecto y atracción le unía a algunas de ellas.
…de verdad que morir yo quiero
pues aquella llorando se fue de mí.
Y al marchar me decía: Ay, Safo,
qué terrible dolor el nuestro
que sin yo desearlo me voy de ti.
Pero yo contestaba entonces:
No me olvides y vete alegre
sabes bien el amor que por ti sentí,
y, si no, recordarte quiero,
por si acaso a olvidarlo llegas,
cuánto hermoso a las dos nos pasó y feliz:
las coronas de rosas tantas
y violetas también que tú
junto a mí te ponías después allí,
las guirnaldas que tú trenzabas
y que en torno a tu tierno cuello
enredabas haciendo con flores mil,
perfumado tu cuerpo luego
con aceite de nardo todo
y con leche y aceite del de jazmín.
recostada en el blando lecho,
delicada muchacha en flor,
al deseo dejabas tú ya salir.
Y ni fiesta jamás ni danza,
ni tampoco un sagrado bosque
al que tú no quisieras conmigo ir.
pues aquella llorando se fue de mí.
Y al marchar me decía: Ay, Safo,
qué terrible dolor el nuestro
que sin yo desearlo me voy de ti.
Pero yo contestaba entonces:
No me olvides y vete alegre
sabes bien el amor que por ti sentí,
y, si no, recordarte quiero,
por si acaso a olvidarlo llegas,
cuánto hermoso a las dos nos pasó y feliz:
las coronas de rosas tantas
y violetas también que tú
junto a mí te ponías después allí,
las guirnaldas que tú trenzabas
y que en torno a tu tierno cuello
enredabas haciendo con flores mil,
perfumado tu cuerpo luego
con aceite de nardo todo
y con leche y aceite del de jazmín.
recostada en el blando lecho,
delicada muchacha en flor,
al deseo dejabas tú ya salir.
Y ni fiesta jamás ni danza,
ni tampoco un sagrado bosque
al que tú no quisieras conmigo ir.
MONTA SOBRE MI – PAUL VERLAINE

Cuando Rimbaud de diecisiete años y Verlaine de veintisiete se conocieron 1871 pronto sintieron el uno por el otro una fuerte atracción sexual, a la que se unió la común pasión por la bebida, el amor a la poesía y la exaltación enardecida hacia los hombres, formando desde el primer momento una pareja con una capacidad cognitiva única pero tormentosa. Rimbaud y Verlaine ampararon una relación que rozaba y se balanceaba entre el delirio y la pesadilla. Tomaban alcohol y se drogaban hasta desfallecer para superar los límites de la razón, del bien y del mal, y sobre todo, para liberarse de los falsos prejuicios sociales de un mundo aburguesado, decadente y absurdo que no aceptaba su amor homoerótico.
En una época de represión y censura contra cualquier tema que hablase del amor homosexual, Verlaine tuvo la valentia de hablar de ellas con una proverbial claridad. En este poema podremos ver como va cambiando el rol entre ambos amantes: tras penetrar al joven efebo el autor le realiza una felación:
Monta sobre mí como una mujer,
lo haremos a "la jineta".
Bien: ¿estás cómodo?... Así
mientras te penetro -daga
en la manteca- al menos
puedo besarte en la boca,
darte salvajes besos de lengua
sucios y a la vez tan dulces.
Veo tus ojos en los que sumerjo
los míos hasta el fondo de tu corazón:
allí renace mi deseo vencedor
en su lujuria de sueños.
Acaricio la espalda nerviosa,
los flancos ardientes y frescos,
la doble y graciosa peluquita
de los sobacos, y los cabellos.
Tu culo sobre mis muslos
lo penetran con su dulce peso
mientras mi potro se desboca
para que alcances el goce.
Y tú disfrutas, chiquito,
pues veo que tu picha entumecida,
celosa por jugar su papel
apurada, apurada se infla, crece,
se endurece. ¡Cielo!, la gota, la perla
anticipadora acaba de brillar
en el orificio rosa: tragarla,
debo hacerlo pues ya estalla
a la par de mi propio flujo. Es mi precio
poner cuanto antes tu glande
pesado y febril entre mis labios,
y que descargue allí su real marea.
Leche suprema, fosfórica y divina,
fragante flor de almendros
donde una ácida sed mendiga
esa otra sed de ti que me devora.
Rico y generoso, prodigas
el don de tu adolescencia,
y comulgando con tu esencia
mi ser se embriaga de felicidad
lo haremos a "la jineta".
Bien: ¿estás cómodo?... Así
mientras te penetro -daga
en la manteca- al menos
puedo besarte en la boca,
darte salvajes besos de lengua
sucios y a la vez tan dulces.
Veo tus ojos en los que sumerjo
los míos hasta el fondo de tu corazón:
allí renace mi deseo vencedor
en su lujuria de sueños.
Acaricio la espalda nerviosa,
los flancos ardientes y frescos,
la doble y graciosa peluquita
de los sobacos, y los cabellos.
Tu culo sobre mis muslos
lo penetran con su dulce peso
mientras mi potro se desboca
para que alcances el goce.
Y tú disfrutas, chiquito,
pues veo que tu picha entumecida,
celosa por jugar su papel
apurada, apurada se infla, crece,
se endurece. ¡Cielo!, la gota, la perla
anticipadora acaba de brillar
en el orificio rosa: tragarla,
debo hacerlo pues ya estalla
a la par de mi propio flujo. Es mi precio
poner cuanto antes tu glande
pesado y febril entre mis labios,
y que descargue allí su real marea.
Leche suprema, fosfórica y divina,
fragante flor de almendros
donde una ácida sed mendiga
esa otra sed de ti que me devora.
Rico y generoso, prodigas
el don de tu adolescencia,
y comulgando con tu esencia
mi ser se embriaga de felicidad
--------FIN DEL POST---------
GRACIAS POR LA VISITA.
GRACIAS POR PUNTUAR.
GRACIAS POR COMENTAR.
GRACIAS POR LA VISITA.
GRACIAS POR PUNTUAR.
GRACIAS POR COMENTAR.