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Febrero 29 (escrito propio)

Arte3/7/2016
Era danzante del espacio que ocupaba y del que cautivaba su mente, indiferente a conceptos tan limitantes como el del tiempo y consciente de su futura transición de una forma material y pensante, a cualquier otra que la naturaleza decidiera, se sintió agradecido, digo esto, pues inusualmente sonreía. Era una noche fría, la penumbra no domino aquella noche y su café era amargo, contrario a la costumbre, quizá, pensando en la amargura de esa realidad.

En aquella hora tan fría su mente dejo de divagar, perdida siempre en los errores y horrores del hombre, y en sus logros a través de su propia historia, le parecía difícil de comprender y compartir su misma naturaleza con la gran parte de la humanidad, era tan igual y tan distinto a la vez, le era fácil aceptar todas las victorias del hombre como sus propias victorias, sin embargo, en ningún momento se consideró responsable del poder de la voluntad del hombre, ni de su trágica capacidad de decidir.
Se maravilló en una memoria lejana de un logro en particular, la construcción de aquel llamado telescopio Hubble, y su incursión en el espacio profundo, estos descubrimientos desencadenaron una serie de cambios graduales que culminaron en la metamorfosis de este no tan simple ser. Primero, pensó en la enormidad del universo, en su forma y en su estructura, ya no se imaginaba un universo material, sino un universo pensante, le parecía que vivíamos dentro de una mente, algo sin forma e incierto, después, pensó en su posición dentro de este universo, al igual que en una mente, podía estar muy en el centro de un pensamiento lógico y racional, o en los bordes de la locura, podía ser también un sueño, o una expresión artística, divago tanto en esto, que su propia mente en lapsos colapsaba, y en lapsos era consciente, y la gente comenzó a dudar de su cordura, sin embargo, él estaba muy lejos de los pensamientos de cualquier cosa externa a él.

Después pensó en la historia del tiempo, todas esas veces en que él mismo represento al hombre tratando de medir algo que no comprendía, incluso en este futuro, que estamos rozando el tope de la civilización, que estamos alcanzando la cima tecnológica, somos ineficientes midiéndolo, pues es inexacta la rotación de la tierra alrededor del sol. Tomando esta referencia y el hecho de que el mismo sol se mueve alrededor de algo más grande, y que cada cosa en el universo se mueve alrededor de algo más, dado que es una mente, concluyo que aquel concepto conocido como tiempo era además de inexistente, irrelevante. En ese momento ya no conseguía distinguir entre todo el universo que concurría fuera de su mente, y su propio universo interno, y la gente lo llamo “hombre sin cordura, irracional”.

Recuerdo el momento en que lo conocí, no se sorprendió al verme, aun siendo altas horas de la madrugada, me invito un café, y jugamos un par de partidas de ajedrez, quedando empatados en aquel primer momento, estudie sus movimientos, al principio parecieron movimientos al azar, y lo derrote con facilidad, sin embargo, al ver que su segundo juego era exactamente igual al primero, lo deje jugar, por mera curiosidad, quedando maravillado ante aquel juego con aquel increíble ritmo, como una danza con movimientos totalmente simétricos.

Nunca sentí tanta curiosidad por un hombre, menos por uno al que llamaban loco, sin embargo, mis visitas a este nuevo amigo fueron cada vez más frecuentes, y yo siempre preste atención a todo lo que decía, su inexistencia, me decía el, no representaba ningún cambio en el universo, sin embargo, yo siempre creí, que sin él, el universo no era posible tal y como lo conocemos.

A decir verdad, coincido con la idea de este hombre, la idea del tiempo y la idea del espacio, quizá el universo es una mente, o quizá la locura es contagiosa, no lo sé, ni sé que quiero creer.

Esta noche tan fría, soy su única compañía, la verdad lo he acompañado hace muchos recuerdos, esperando esta noche. Me ofreció un café, lo acepte con gusto, nos sentamos a la mesa y tuvimos una última conversación, y un último duelo, escogí las negras, como de costumbre, el tomando su rey, acepto su rendición, sonrió y dijo lo que serían sus últimas palabras, “Transición”, sonreí y me despedí de este amigo. Ahora me dispongo a ser su guía en el nuevo cambio que le espera, interpretando mi papel, la muerte.
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