En San Telmo, Buenos Aires, se realizó la 11va Llamada de candombe.
El nombre de "llamadas" se remonta al siglo XIX. Según Antonio Plácido, en su obra "Carnaval: evocación de Montevideo en la historia y la tradición", la aparición e incorporación definitiva de las comparsas de negros en los desfiles de carnaval se produjo en 1865. En 1876 aparecieron las comparsas de negros y lubolos, similares a las que conocemos actualmente.1 En sus orígenes las comparsas estaban integradas por hasta 300 componentes. Para realizar sus actuaciones en los tablados se desplazaban a pie o a caballo (los de más jerarquía). Tal como hoy se toca a la puerta o el timbre para comunicarse, entonces se iban "llamando" con los tambores. Un determinado componente colgaba su tambor en bandolera y así iba reclutando en casa a la mayoría de sus compañeros.2 También se dice que la "llamada" se debe a que un conjunto de candomberos salía por la calle a tocar y con su sonido alentaba a otros tocadores a unirse.



Originalmente fueron manifestaciones populares espontáneas que, alrededor de los tambores, convocaban al encuentro, a una recorrida por las calles al ritmo del candombe y de su danza. Hasta 1956 estos desfiles partían de sus reductos naturales, los conventillos, en los que vivían casi todas las familias negras de Uruguay, especialmente de los dos más famosos, los conventillos Mediomundo y Ansina, en los barrios Palermo y Sur. Estos conventillos fueron cerrados y demolidos en la década de los años 1970.



Cada comparsa se identifica con un determinado toque o ritmo. Hay dos fundamentales: el toque Ansina (lo vas a reconocer porque es muy fuerte) y el Cuareim (más lento). Los nombres de estos ritmos vienen de los barrios tradicionales de Montevideo en donde se practicaban.





El nombre de "llamadas" se remonta al siglo XIX. Según Antonio Plácido, en su obra "Carnaval: evocación de Montevideo en la historia y la tradición", la aparición e incorporación definitiva de las comparsas de negros en los desfiles de carnaval se produjo en 1865. En 1876 aparecieron las comparsas de negros y lubolos, similares a las que conocemos actualmente.1 En sus orígenes las comparsas estaban integradas por hasta 300 componentes. Para realizar sus actuaciones en los tablados se desplazaban a pie o a caballo (los de más jerarquía). Tal como hoy se toca a la puerta o el timbre para comunicarse, entonces se iban "llamando" con los tambores. Un determinado componente colgaba su tambor en bandolera y así iba reclutando en casa a la mayoría de sus compañeros.2 También se dice que la "llamada" se debe a que un conjunto de candomberos salía por la calle a tocar y con su sonido alentaba a otros tocadores a unirse.



Originalmente fueron manifestaciones populares espontáneas que, alrededor de los tambores, convocaban al encuentro, a una recorrida por las calles al ritmo del candombe y de su danza. Hasta 1956 estos desfiles partían de sus reductos naturales, los conventillos, en los que vivían casi todas las familias negras de Uruguay, especialmente de los dos más famosos, los conventillos Mediomundo y Ansina, en los barrios Palermo y Sur. Estos conventillos fueron cerrados y demolidos en la década de los años 1970.



Cada comparsa se identifica con un determinado toque o ritmo. Hay dos fundamentales: el toque Ansina (lo vas a reconocer porque es muy fuerte) y el Cuareim (más lento). Los nombres de estos ritmos vienen de los barrios tradicionales de Montevideo en donde se practicaban.




