Simplemente unos escritos, o unas poesías escritas por una no-poeta. En estos escritos, o lo que sean, me refiero a muchas cosas, pero en ninguna me refiero a amor de ese que endulza cuando dos personas se aman. Creo que hay muchos que escriben sobre amor y parejas como para adherirme a ellos, mi mente está muy ocupada en maquinar sobre la muerte de alguien demasiado cercano, pensamientos que no son muy sanos y un amigo de los buenos.
Silencio.
Silencios y miradas punzantes,
mentiras que vinieron para quedarse
y lastimar de formas encadenantes.
Como esa canción decía "el silencio
es como un cáncer creciendo" pues bien,
ésta dolencia discreta puja y puja sin cesar,
dejándome sola y sin poder sosegar.
Muerte.
Opresión en el pecho, que de a poco hunde enteramente
lo poco queda de esta persona errante.
Intentando reemplazarte, con cualquier
muestra de amor infantil e interesante.
Sólo quiero odiarte, matarte y volver a extrañarte,
quién diría que la muerte lograría este resquebrajamiento
y con un revés de la vida me quitaría
hasta el último intento.
Mamstruosidad.
Olvidarme e ignorar mis carencias,
arrepentirme de alguna vez haber tenido
tu cariño de madre tan intensa.
La capacidad de dañarme fue tanta
que incluso ahora hasta me gustaría
que volvieras aún ante la amenaza
que eso conllevaría en mi desmotivada vida.
Con tus palabras, con tus miradas,
o con tu mano bastante lastimada.
Me daría completamente igual
que me hirieras hasta no poder más
con tal de sólo ver tu pecho
elevarse y bajarse con un cansado,
roto y patético respirar.
De oscuro a negro.
Caigo repentinamente en una espiral
oscura, tremebunda, hambrienta por
succionar lo poco que queda de mi personalidad.
¿Será que ese duelo jamás se acabará?
Lo único que te puedo revelar
es que la omisión de aquella afección
sólo tinta tu organismo con un negro corazón.
Extraño.
No sé quién sos, ni de dónde venís,
ni a dónde vas, ni dónde vas a terminar.
Sólo sé que desde que te conocí,
mi querido, extraño e influyente amigo
he tenido un apoyo y comprensión
mucho más fuerte que el de toda la extensión.
Pequeño no te asustes, para mi no hay diferencia,
40 años o 20 no tienen interferencia
en lo mucho que me importa tu bienestar,
tu buena suerte y tu posible ausencia.
Sinceridad de escritos.
Las cantidades son cero de poeta,
cero de escritora, y cero de redacción.
Si de algo le sirve a mi infundada desazón,
a esta lastimada imposición,
pues entonces que cada palabra tecleada salga,
como de una pistola sale la bala.
Mi gatillo consta de pensamientos,
de recuerdos que aún pervivo,
duelen, lastiman y queman y lo peor...
es que aún siguen vivos.
Fantasmagórica mentalidad.
Evitar aquella aguja, mentirle a la cuchilla,
reír ante la blancuzca pastilla.
¿De qué sirve permitirme otro año
si vengo repitiendo el último como una película mala
de esas que nunca acaban?
Romper el vidrio que me devuelve un reflejo
de nada, de ojeras, de marcas, de pruebas.
A veces da miedo, a veces no me lo creo.
Crear cosas en tu fantasmagórica mentalidad
muchas veces se torna más dañino que la propia realidad.
Silencios y miradas punzantes,
mentiras que vinieron para quedarse
y lastimar de formas encadenantes.
Como esa canción decía "el silencio
es como un cáncer creciendo" pues bien,
ésta dolencia discreta puja y puja sin cesar,
dejándome sola y sin poder sosegar.
Muerte.
Opresión en el pecho, que de a poco hunde enteramente
lo poco queda de esta persona errante.
Intentando reemplazarte, con cualquier
muestra de amor infantil e interesante.
Sólo quiero odiarte, matarte y volver a extrañarte,
quién diría que la muerte lograría este resquebrajamiento
y con un revés de la vida me quitaría
hasta el último intento.
Mamstruosidad.
Olvidarme e ignorar mis carencias,
arrepentirme de alguna vez haber tenido
tu cariño de madre tan intensa.
La capacidad de dañarme fue tanta
que incluso ahora hasta me gustaría
que volvieras aún ante la amenaza
que eso conllevaría en mi desmotivada vida.
Con tus palabras, con tus miradas,
o con tu mano bastante lastimada.
Me daría completamente igual
que me hirieras hasta no poder más
con tal de sólo ver tu pecho
elevarse y bajarse con un cansado,
roto y patético respirar.
De oscuro a negro.
Caigo repentinamente en una espiral
oscura, tremebunda, hambrienta por
succionar lo poco que queda de mi personalidad.
¿Será que ese duelo jamás se acabará?
Lo único que te puedo revelar
es que la omisión de aquella afección
sólo tinta tu organismo con un negro corazón.
Extraño.
No sé quién sos, ni de dónde venís,
ni a dónde vas, ni dónde vas a terminar.
Sólo sé que desde que te conocí,
mi querido, extraño e influyente amigo
he tenido un apoyo y comprensión
mucho más fuerte que el de toda la extensión.
Pequeño no te asustes, para mi no hay diferencia,
40 años o 20 no tienen interferencia
en lo mucho que me importa tu bienestar,
tu buena suerte y tu posible ausencia.
Sinceridad de escritos.
Las cantidades son cero de poeta,
cero de escritora, y cero de redacción.
Si de algo le sirve a mi infundada desazón,
a esta lastimada imposición,
pues entonces que cada palabra tecleada salga,
como de una pistola sale la bala.
Mi gatillo consta de pensamientos,
de recuerdos que aún pervivo,
duelen, lastiman y queman y lo peor...
es que aún siguen vivos.
Fantasmagórica mentalidad.
Evitar aquella aguja, mentirle a la cuchilla,
reír ante la blancuzca pastilla.
¿De qué sirve permitirme otro año
si vengo repitiendo el último como una película mala
de esas que nunca acaban?
Romper el vidrio que me devuelve un reflejo
de nada, de ojeras, de marcas, de pruebas.
A veces da miedo, a veces no me lo creo.
Crear cosas en tu fantasmagórica mentalidad
muchas veces se torna más dañino que la propia realidad.