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Rincon de la poesia: 4 poesias cortas





Literatura

No te quedes inmóvil 

al borde del camino 
no congeles el júbilo 
no quieras con desgana 
no te salves ahora 
ni nunca 
no te salves 
no te llenes de calma 
no reserves del mundo 
sólo un rincón tranquilo 
no dejes caer los párpados 
pesados como juicios 
no te quedes sin labios 
no te duermas sin sueño 
no te pienses sin sangre 
no te juzgues sin tiempo 


pero si 
pese a todo 
no puedes evitarlo 
y congelas el júbilo 
y quieres con desgana 
y te salvas ahora 
y te llenas de calma 
y reservas del mundo 
sólo un rincón tranquilo 
y dejas caer los párpados 
pesados como juicios 
y te secas sin labios 
y te duermes sin sueño 
y te piensas sin sangre 
y te juzgas sin tiempo 
y te quedas inmóvil 
al borde del camino 
y te salvas 
entonces 
no te quedes conmigo.

Mario Benedetti



filosofia


No me preguntes más, es mi secreto, 


secreto para mí terrible y santo; 
ante él me velo con un negro manto 
de luto de piedad; no rompo el seto 



que cierra su recinto, me someto 
de mi vida al misterio, el desencanto 
huyendo del saber y a Dios levanto 
con mis ojos mi pecho siempre inquieto. 



Hay del alma en el fondo oscura sima 
y en ella hay un fatídico recodo 
que es nefando franquear; allá en la cima 



brilla el sol que hace polvo al sucio lodo; 
alza los ojos y tu pecho anima; 
conócete, mortal, mas no del todo.
Miguel de Unamuno

poesia



Dios mío, yo te ofrezco mi dolor: 


¡Es todo lo que puedo ya ofrecerte! 
Tú me diste un amor, un solo amor, 
¡un gran amor! 
Me lo robó la muerte 
...y no me queda más que mi dolor. 
Acéptalo, Señor: 
¡Es todo lo que puedo ya ofrecerte!...
Amado Nervo



Mario Benedetti

Tengo caído el sueño, 


y la voz suspendida de mariposas muertas. 
El corazón me sube amontonado y solo 
a derrotar auroras en mis párpados. 
Perdida va mi risa 
por la ciudad del viento más triste y devastada. 
Mi sed camina en ríos agotados y turbios, 
rota y despedazándose. 
Amapolas de luz, mis manos fueron fértiles 
tentaciones de incendio. 
Hoy, cenizas me tumban para el nido distante. 
¡Oh mar, no esperes más! 
Casi voy por la vida como gruta de escombros. 
Ya ni el mismo silencio se detiene en mi nombre. 
Inútilmente estiro mi camino sin luces. 
Como muertos sin sitio se sublevan mis voces. 
¡Oh mar, no esperes más! 
Déjame amar tus brazos con la misma agonía 
con que un día nací. Dame tu pecho azul, 
y seremos por siempre el corazón del llanto
Julia de Burgos



Amado Nervo
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