-¿Seremos dos demonios?
preguntabas,
mientras te penetraba con la rabia
de las crepitaciones.
Y con sudor saciábamos
al tedio,
y con saliva hacíamos la nave
de la pequeña muerte
en el jadeo.
-¿Seremos dos demonios?
y así desesperada y corcoveante
vibrando recostada en el pupitre
cautivo de papeles calcinados.
Llegamos al orgasmo,
de vastas secreciones,
temblando en el espejo de las noches.
preguntabas,
mientras te penetraba con la rabia
de las crepitaciones.
Y con sudor saciábamos
al tedio,
y con saliva hacíamos la nave
de la pequeña muerte
en el jadeo.
-¿Seremos dos demonios?
y así desesperada y corcoveante
vibrando recostada en el pupitre
cautivo de papeles calcinados.
Llegamos al orgasmo,
de vastas secreciones,
temblando en el espejo de las noches.