CHISPAS
Recuerdo muy bien la primera vez
que te vi desnudo.
Las primeras veces que sentí tu piel.
Chispas, llamas, fuego.
Pasión irrefrenable,
a veces sin control, sin medidas.
Aquellas primeras veces
que tus labios
comenzaron a conocer mi cuerpo.
Sé que temblaba a menudo,
que no pensaba fríamente.
Sé que mis piernas tímidas
se amoldaban a tus tenues curvas,
que ahora encajan perfectamente
con mi silueta desnuda.
Sé que mis ojos interrogantes buscaban los tuyos,
a veces con miedo,
pero tu beso en mi frente
me devolvía la confianza.
Aunque no niego que me encanta
mirarte a los ojos en todo el trayecto.
Hoy sé que me fascina mimarte.
Apagar la luz mientras acaricio tu barba,
y entre las pocas sombras veo tus ojos en llamas.
Sé que me encanta morder tu cuello,
hacerte cosquillas y besarte el alma.
Sé que te gusta redescubrir mi piel,
ella que te espera ardiendo en deseo.
Y también sé que te enloquece
mi cuerpo de mujer inmadura.
Un reloj de arena que te gusta saborear,
sentir y respirar.
Un camino que te gusta recorrer
cada vez que me entrego a tu querer.
Lo bueno es saber
que nos seguimos gustando como esa primera vez.
también como la última vez,
pero todas las veces con la misma intensidad,
con la misma energía y la misma ilusión.
Lo bueno es saber
que cada vez que nos entregamos al amor,
el reloj de arena deja de funcionar
y se derrite en llamas
al vernos juntos.
Y luego, vuelve a empezar de cero,
siempre como la primera vez.
Siempre con el mismo placer.
Joanna Meminger
Recuerdo muy bien la primera vez
que te vi desnudo.
Las primeras veces que sentí tu piel.
Chispas, llamas, fuego.
Pasión irrefrenable,
a veces sin control, sin medidas.
Aquellas primeras veces
que tus labios
comenzaron a conocer mi cuerpo.
Sé que temblaba a menudo,
que no pensaba fríamente.
Sé que mis piernas tímidas
se amoldaban a tus tenues curvas,
que ahora encajan perfectamente
con mi silueta desnuda.
Sé que mis ojos interrogantes buscaban los tuyos,
a veces con miedo,
pero tu beso en mi frente
me devolvía la confianza.
Aunque no niego que me encanta
mirarte a los ojos en todo el trayecto.
Hoy sé que me fascina mimarte.
Apagar la luz mientras acaricio tu barba,
y entre las pocas sombras veo tus ojos en llamas.
Sé que me encanta morder tu cuello,
hacerte cosquillas y besarte el alma.
Sé que te gusta redescubrir mi piel,
ella que te espera ardiendo en deseo.
Y también sé que te enloquece
mi cuerpo de mujer inmadura.
Un reloj de arena que te gusta saborear,
sentir y respirar.
Un camino que te gusta recorrer
cada vez que me entrego a tu querer.
Lo bueno es saber
que nos seguimos gustando como esa primera vez.
también como la última vez,
pero todas las veces con la misma intensidad,
con la misma energía y la misma ilusión.
Lo bueno es saber
que cada vez que nos entregamos al amor,
el reloj de arena deja de funcionar
y se derrite en llamas
al vernos juntos.
Y luego, vuelve a empezar de cero,
siempre como la primera vez.
Siempre con el mismo placer.
Joanna Meminger