¡Buenas! Antes que nada les quiero comentar que escribí dos novelas hace un tiempo las cuales cuando pueda voy a editar y publicar si todo sale bien.
Ahora como fanatico el mundo literario de J.R.R. Tolkien y por hobbie o aburrimiento me puse a escribir una "serie" corta de textos, que cuenta como unos 12 inspirada en el relato Ainulindalë que sirve de apertura en El Silmarillion.
Inspirado en esta obra, interprete a mi manera determinados hechos descritos en la misma y a continuación los escribí en una serie de capítulos cortos, en los que a veces me pongo en el papel el personaje y otras veces soy solo un observador y relator de lo que acontece en su vida.
Como dije al comienzo es algo que hago por hobbie o bien por aburrimiento y al mismo tiempo como descargo, donde las palabras reflejan como me sentía al momento de escribirlas.
La "Obra" si así se la quiere llamar a la que doy vida se llama Eressëa Maranwë que traducido desde el Quenya significa Destino del Solitario.
𝔈𝔯𝔢𝔰𝔰ë𝔞 𝔪𝔞𝔯𝔞𝔫𝔴ë -𝔇𝔢𝔰𝔱𝔦𝔫𝔬 𝔡𝔢𝔩 𝔖𝔬𝔩𝔦𝔱𝔞𝔯𝔦𝔬-
Capitulo 4: ℑ𝔫𝔰𝔱𝔦𝔫𝔱𝔬𝔰 𝔠𝔢𝔤𝔞𝔡𝔬𝔰.
Efímeras son las vidas de los orcos, y aún más lo son, cuando la tormenta se acerca, pues detrás suyo solo deja cadáveres cercenados. Orcos se voltean, muchos otros huyen aterrados y ni los látigos de sus amos los pueden retener, se alza un susurro que congela los alaridos roncos de los orcos.
"Deseo ver el terror en ojos ajenos.
Deseo oír el cálido cantó de la muerte.
Deseo ser el frío abrazo de la perdición."
Deseo oír el cálido cantó de la muerte.
Deseo ser el frío abrazo de la perdición."
Eriados resplandecía reflejando el sol ardiente que se aferraba a las montañas altas y lejanas, para observarnos aquella vez.
Bajé la vista, los orcos se arrastraban gruñendo y retorciéndose como si sus más primitivos instintos les gritaran, —¡Huye insensato!—, pero aquellas alimañas estaban cegadas y avanzaban al paso de estrepitosos redobles. Aferré firmemente la empuñadura, avancé hacia ellos y supongo que fue aterrador, pues pude sentir su miedo antes de alcanzarlos, y sinceramente no me extrañó en ese momento ni luego de haberlos matado, todo cubierto de sangre negra y barro, envuelto en harapos, con el rostro rabioso y el cabello mancillado con las cenizas que caían de los cielos oscuros del este, hasta un orco parecía mas pendiente de su aspecto. Tras limpiar la hoja de Eriados con mi capa, pude escuchar los gritos de unos cuantos orcos que habían logrado huir, o quizás se había limitado a observar el encuentro guarecidos en algún lugar y ahora huían, posiblemente detrás de alguna torre o escombros que eran tan comunes ahora en aquellas tierras, y es que Beleriand ya no era tan magnífica como antaño, la Cintura de Melian se ajustaba cada vez más sobre su reino en los bosques y el enemigo avanzaba y se instalaba en aquellas tierras.
Cuando el sol se ocultó detrás de las montañas perdí de vista al más rezagado de la horda de orcos, tras unas lomas de camino al norte, pero aún el viento soplaba y se podía escuchar el susurro ronco.
—¡Valaraukar!, ¡Valaraukar!—
Muchos otras voces y otras palabras trajo el viento, pero solo aquella pude reconocer, Valaraukar, y no pude evitar recordar a Manwë, —¡Oh tan lejano ahora!—, y sus palabras sobre Maiars corrompidos, los orcos los llamaban, Balrogs, pero en el idioma de los Noldo y los Lindar, se los conoce como Valaraukar, Demonios de Poder. Al comienzo no me pareció adecuado aquél título, siempre fue sinónimo de muerte y desgracia para los pueblos libres, pero tras varios días de reflexionar, pues no era algo que pudiese sacarme de la cabeza, concluí que no estaba tan mal, después de todo, más allá de la carne, era un Vala, un Poder sobre Arda, y para ellos seria como un demonio iracundo. Recuerdo haber dormido bien esa noche, satisfecho con mi conclusión, aunque el techo de aquélla sucia y húmeda caverna no me daba demasiada confianza.
Bueno gente eso es todo, espero que les haya gustado.
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