Tuve que crear para vos una pausa en la sinfonía del mundo
En el que refugiada te desnudaste de tu carne con olor a calle
A falsos amigos, a tu prima, esa que no bancás
A ese examante que todavía te sigue
Y entre esas horas, ese número imaginario entre las 9 y las 10
Las 19 y las 21, aprovechabas nuestro silencio para hacer música conmigo
Y ellos estaban sordos de tanto escucharse a sí mismos
Y yo estaba sordo por solo escucharte a vos
Pero vos, vos no escuchabas a nadie
Debí darme cuenta que yo no tocaba tu carne
Ellos seguían pensando que conocían tu alma
Yo jugué con lo que es de ellos y ellos con lo que es mío
Tomaste lo que quisiste, de mí y de ellos
Interpretando a tu antojo mi silencio
Sin dar crédito a los murmullos que tenían tu nombre
Este proceso de negación se acentúaba cuando ellos dibujaban el mío
Y yo te tapaba los oídos, o mejor dicho
Ponías mis manos en tus orejitas de muñeca francesa
Y era esa tu mentira parnasiana: “el amor por el amor”
Para desnudarte de la peste de las calles que elegiste transitar
Y pensabas que era buen plan, quedarte con el oro hediondo
Y limpiarte con el perfume del romance, que moría apenas y a penas pisaras la calle
Te repartiste milimétricamente entre el arte, la societé, lo laboral y lo pasional
Yo me quedé con tu alma anhelante, simplemente, de un poco de cariño sincero
Mientras prostituías tu carne, hastíada de la música en silencio y tu voz
Y seguramente en especial de mi voz
Queriendo borrar tu nombre de los murmullos
E incorporarte a ellos, y a tu lengua a esa sinfonía viperina
Te rompiste, y a mi reparto de pedazos ya no lo quiero
Y ellos nunca te querrán completa, como yo
Harán un collage, y lo que tenga perfume de romance lo habrán de tirar
Una parte de vos fue mía, otra de ellos, y pensabas que estaba bien así
Pero ahora te sentís rota, porque te das cuenta que vos
Nunca fuiste tuya.
En el que refugiada te desnudaste de tu carne con olor a calle
A falsos amigos, a tu prima, esa que no bancás
A ese examante que todavía te sigue
Y entre esas horas, ese número imaginario entre las 9 y las 10
Las 19 y las 21, aprovechabas nuestro silencio para hacer música conmigo
Y ellos estaban sordos de tanto escucharse a sí mismos
Y yo estaba sordo por solo escucharte a vos
Pero vos, vos no escuchabas a nadie
Debí darme cuenta que yo no tocaba tu carne
Ellos seguían pensando que conocían tu alma
Yo jugué con lo que es de ellos y ellos con lo que es mío
Tomaste lo que quisiste, de mí y de ellos
Interpretando a tu antojo mi silencio
Sin dar crédito a los murmullos que tenían tu nombre
Este proceso de negación se acentúaba cuando ellos dibujaban el mío
Y yo te tapaba los oídos, o mejor dicho
Ponías mis manos en tus orejitas de muñeca francesa
Y era esa tu mentira parnasiana: “el amor por el amor”
Para desnudarte de la peste de las calles que elegiste transitar
Y pensabas que era buen plan, quedarte con el oro hediondo
Y limpiarte con el perfume del romance, que moría apenas y a penas pisaras la calle
Te repartiste milimétricamente entre el arte, la societé, lo laboral y lo pasional
Yo me quedé con tu alma anhelante, simplemente, de un poco de cariño sincero
Mientras prostituías tu carne, hastíada de la música en silencio y tu voz
Y seguramente en especial de mi voz
Queriendo borrar tu nombre de los murmullos
E incorporarte a ellos, y a tu lengua a esa sinfonía viperina
Te rompiste, y a mi reparto de pedazos ya no lo quiero
Y ellos nunca te querrán completa, como yo
Harán un collage, y lo que tenga perfume de romance lo habrán de tirar
Una parte de vos fue mía, otra de ellos, y pensabas que estaba bien así
Pero ahora te sentís rota, porque te das cuenta que vos
Nunca fuiste tuya.