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Eugenio Montejo La tierra giró para acercarnos

Arte2/21/2013
[Poema] Eugenio Montejo La tierra giró para acercarnos

La tierra giró para acercarnos,

giró sobre sí misma y en nosotros,

hasta juntarnos por fin en este sueño,

como fue escrito en el Simposio.

Pasaron noches, nieves y solsticios;

pasó el tiempo en minutos y milenios.

Una carreta que iba para Nínive llegó a Nebraska.

Un gallo cantó lejos del mundo,

en la previda a menos mil de nuestros padres.

La tierra giró musicalmente llevándonos a bordo;

no cesó de girar un solo instante,

como si tanto amor, tanto milagro

sólo fuera un adagio hace mucho ya escrito

entre las partituras del Simposio.



El Autor:

Venezuela


Eugenio Montejo (Caracas,19 de octubre de 1938 - Valencia, 5 de junio de 2008) fue un poeta y ensayista venezolano, fundador de la revista Azar Rey y co-fundador de la Revista Poesía de la Universidad de Carabobo.

Fue investigador en el Centro de Estudios Latinoamericanos "Romulo Gallegos" de Caracas, y colaborador de una gran cantidad de revistas nacionales y extranjeras. En 1998 recibió el Premio Nacional de Literatura de Venezuela y en 2004 el Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo. Uno de sus poemas es citado en la película 21 gramos, del director mexicano Alejandro González Iñárritu.

Eugenio Montejo fue Profesor Universitario, Gerente Literario de la Editorial MonteAvila de Venezuela . Como diplomático trabajo en la embajada de Venezuela en Portugal en varias ocasiones.

El valor de su estimable obra poética y ensayística no ha parado de crecer en los últimos años, siendo una de las más importantes y originales de la última mitad del siglo XX.


Otros Poemas:


El Duende

poemas

Esta misma calle, pero antes,

a bordo de mis veinte,

de noche en noche, con tabaco y lámpara,

escribía poemas.

Alrededor la multitud dormida

soñaba con dinero

y alguna que otra estatua recosía

el azul de su sombra.

Nunca supe qué duende a mis espaldas

–volátil e insistente–

fijos los ojos me seguía

frase por frase y letra a letra.

No, no era aquel azul casi corpóreo

arrancado del mármol,

ni mi ángel de la guarda anochecido

y en ardua vela,

ni tampoco un espectro hamletiano,

veraz hasta el misterio,

ni ninguna presencia subitánea

de aquella época.

Nada de nada ni de nadie,

sino yo mismo, yo mismísimo.

Pero no aquél de entonces: –éste

que cifra ya sesenta,

–éste era el duende…

El que aquí vuelve buscándome de joven,

en esta misma calle, a medianoche,

y me llama

y no es sueño.


El Sol En Todo

eugenio

El trópico y sus horas de calor,

el sol sobre las cosas día tras día,

y el rencor de los malos matrimonios...

Se oye un sapo a la sombra en todo esto

que no se ve porque no hay sombra,

sino luz recta y piedras refractarias.

El calor de las horas emerge con su lava

de pantanos volcánicos.

Hay silbatos de barcos en el polvo sin puerto,

un salobre espejismo sin espumas,

el acre aroma de frutas descompuestas

y el color sin color de la miseria.

–¿Qué más, qué menos, cuál sopor no dicho,

cuál nieve inalcanzable en densos copos

cayendo siempre como blancos sapos,

en las noches más tórridas y amargas?

...Y cuanto no se tuvo ni ha de tenerse nunca,

lo que perdimos antes de este mundo,

el calor con su tedio y su postedio

y la tierra que gira para otros

y tanto sol en todo, hasta de noche,

y el rencor de los malos matrimonios.



Amantes




Se amaban. No estaban solos en la tierra;

tenían la noche, sus vísperas azules,

sus celajes.

Vivían uno en el otro, se palpaban

como dos pétalos no abiertos en el fondo

de alguna flor del aire.

Se amaban. No estaban solos a la orilla

de su primera noche.

Y era la tierra la que se amaba en ellos,

el oro nocturno de sus vueltas,

la galaxia.

Ya no tendrían dos muertes. No iban a separarse.

Desnudos, asombrados, sus cuerpos se tendían

como hileras de luces en un largo aeropuerto

donde algo iba a llegar desde muy lejos,

no demasiado tarde.


La Poesía

[Poema] Eugenio Montejo La tierra giró para acercarnos


La poesía cruza la tierra sola,

apoya su voz en el dolor del mundo

y nada pide

-ni siquiera palabras.

LLega de lejos y sin hora, nunca avisa;

tiene la llave de la puerta.

Al entrar siempre se detiene a mirarnos.

Después abre su mano y nos entrega

una flor o un guijarro, algo secreto,

pero tan intenso que el corazón palpita

demasiado veloz. Y despertamos



Escritura


Venezuela


Alguna vez escribiré con piedras,

midiendo cada una de mis frases

por su peso, volumen, movimiento.

Estoy cansado de palabras.

No más lápiz: andamios, teodolitos,

la desnudez solar del sentimiento

tatuando en lo profundo de las rocas

su música secreta.

Dibujaré con líneas de guijarros

mi nombre, la historia de mi casa

y la memoria de aquel río

que va pasando siempre y se demora

entre mis venas como sabio arquitecto.

Con piedra viva escribiré mi canto

en arcos, puentes, dólmenes, columnas,

frente a la soledad del horizonte,

como un mapa que se abra ante los ojos

de los viajeros que no regresan nunca.



Canción

poemas



Cada cuerpo con su deseo

y el mar al frente.

Cada lecho con su naufragio

y los barcos al horizonte.

Estoy cantando la vieja canción

que no tiene palabras.

Cada cuerpo junto a otro cuerpo,

cada espejo temblando en la sombra

y las nubes errantes.

Estoy tocando la antigua guitarra

con que los amantes se duermen.

Cada ventana en sus helechos,

cada cuerpo desnudo en su noche

y el mar al fondo, inalcanzable.
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