Réquiem para un termo
Floto por un instante.
Extendí mi mano,
Más no pude alcanzarlo en su caída.
Casi le dije con los ojos:
“Adios amigo.”
Justo cuando todos los cristales de su alma se quebraban.
Y se quedó allí, su interior desecho,
su sangre aún humeando.
Rodando su cuerpo en el charco que crecía.
Se fue de una manera absurda,
dejando el mate a medias.
Producto del desorden y un mal movimiento de mi codo.
Él,
que fue compañero de tantas madrugadas.
El que atesoraba la tibieza en su corazón sincero.
Hacía siempre horas extras
y nunca hubo de su boca una queja.
Sólo el agua caliente como se le confiara.
Adiós amigo.
Mi viejo termo querido.
No tengo cara para agradecerte mi viejo.
Si yo mismo fuí tu asesino.
Dedicada a los que alguna vez rompieron un termo.