"Ella, al percibirlo antes de su exalo, durante fugaces instantes celestes como los amaneceres de marzo, le dijo trémula de fúnebre felicidad: Gracias, mi Yiyo bonito... adiós... perdóname.... allá te espero, en la eternidad, ven pronto a mi lado... como me lo has prometido más de mil veces... sé que cumplirás... eres un hombre de palabra".
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