Tratando de darle horror a una vivencia creada en momentos que nace la necesidad de escribir. A oscuras Se asustaba a cada tranco vacilante. La sombra larga de su figura algo desgreñada se movía de un lado a otro ya que la luz escasa de la noche hacía difícil la visión entre las pozas de agua en la acera de un lugar tenebroso al que llegó después de caminar angustiado por las calles vacías a esas horas de la madrugada. Al llegar al portón de una lúgubre mansión antigua y medio derrumbada, se detuvo pues sus oídos no percibían ruido alguno por el ensordecedor silencio de la noche, apenas alumbrada por algún rayo de luz de luna escapado por entre unas nubes tormentosas. La desesperación de no escuchar los ruidos naturales lo hizo golpearse con sus puños cerrados y fríos por el frío del invierno, sus enormes orejas hasta dejarlas hinchadas de dolor sin lograr sentir sonido alguno. Se agazapó medio agachado por el miedo de no poder percibir si alguien se le acercaba sin verlo allí, como escondido entre el muro enorme de la propiedad abandonada a la que había llegado después de haber sido expulsado de su hogar, por la mujer que lo mantenía para tenerlo como hombre de la casa, pues su trabajo nocturno en las calles apestosas de su pueblo lo requería, por si algún cliente se sentía con más derechos que los servicios sexuales que la mujer prostituta le proporcionaba. Había clientes que luego de algunas copas de más se volvían violentos con el cuerpo alquilado en una esquina alumbrada por una tenue luz de farol cansado por el tiempo y el abandono, entonces allí era donde le hacía falta ese hombre que vivía en su mismo cuarto durmiendo en una cama sucia y fría, alimentado con el escaso alimento que podían comprar. Estaba allí maldiciendo a la mujer que le había dado un lugar donde dormir en aquellas noches oscuras de invierno por algún tiempo que ya ni recordaba, pues esa fría y calculadora mujer lo había echado a la calle después de haber encontrado otro hombre más joven que le serviría mejor a sus requerimientos, hasta que se aburriera tal cual lo hizo con este personaje asustado y agazapado en ese tenebroso lugar en una calle solitaria. Sus pensamientos lo habían apartado de su realidad por unos instantes y, de pronto sintió sobre su hombro derecho un peso,…sería una mano? Que lo apretaba misteriosamente y moviéndose peligrosamente hacia su cuello, paralogizándolo desde la punta de su cabello erizado por el terror…hasta su corazón alterado por su cobardía. No sintió nada más, el pobre individuo aterrorizado por las circunstancias perdió el conocimiento tumbándose en el suelo con su abrigo de lana algo grasiento por el uso continuo sin poder llevarlo a algún servicio de lavado, su sombrero de fieltro, raído por los años que había permanecido en aquella cabeza medio calva, rodó por la acera mojada por la humedad de la noche. La poca luz de la luna que alumbró la calle algunos instantes se apagó quedando escondida tras las tormentosas nubes que cubrían el cielo y, como ayudando a la tenebrosidad de la oscura noche se puso a llover torrencialmente. Pasaron unos largos minutos, la lluvia inundó las calles, el agua corría arrastrando la basura acumulada y que no había sido recogida aún pues los aseadores municipales lo hacían temprano por la mañana y, todavía era de noche. No había muerto, sólo estaba desvanecido. El agua fría y abundante lo hizo reaccionar y cuando se dio cuenta que estaba tendido boca abajo en el suelo sucio y duro hizo un enorme esfuerzo para levantarse, tratando de recordar que le había sucedido. Todo estaba aún muy oscuro y, escuchaba cómo caía el agua en las pozas que se habían formado a su alrededor, entonces se dio cuenta que no había quedado sordo, retrocedió hacia el muro y volvió a sentir en su hombro que algo lo empujaba…no volvió a desmayarse porque sacó fuerzas de su flaqueza, se volteó violentamente para no ser agredido sin ofrecer resistencia. Lanzó varios golpes en el aire y, en uno de sus saltos con los brazos extendidos y sus puños apretados, pudo sentir las ramas secas y duras de una enredadera que colgaba del muro. Respiró profundo, se calmó un poco y, a pesar de estar todo con agua, se sentó en la acera para descansar de aquel enorme susto que le había provocado un mal entendido. No alcanzó a darse cuenta, un dolor repentino y violento por la penetración de una estocada en el costado de su cuello y en la zona de una gran vena, lo hizo sentir que la vida había comenzado cuando su madre lo abandonó en su niñez y como en un cine y en una enorme pantalla pasó todo lo que aconteció desde ese momento hasta la noche terrorífica de ese día que tuvo que abandonar a esa mujer que nunca había amado. No portaba billetera, no tenía dinero, no poseía nada de valor, sólo un reloj barato que le fue arrancado de su muñeca por un asaltante que esperaba mucho más de una víctima que había tenido su última noche de horror… FIN Escribo sin mucha pretención, y espero que les haya gustado.
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