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Historia de Comidas

Recetas Y Cocina10/12/2013
En el museo histórico de la nación, y en un manuscrito de puño y letra de Juan Manuel de Rosas... se cuenta el origen de nuestro famosísimo dulce de leche.
En 1829, en Cañuelas que es una localidad que está a 65 kilómetros de la Capital Federal, se reunieron en la estancia de Rosas éste y su archienemigo el unitario Juan Lavalle. Lavalle no sólo era enemigo político de Rosas... sino que eran primos lejanos.

Como Lavalle llegó antes de lo pactado, se recostó en una cama, y se quedó dormido, rendido por el extenuante viaje. Una criada que preparaba al fuego la "lechada" (leche con azúcar) matutina, para cebarle mate de leche a su patrón, al ver la actitud del enemigo del "Restaurador", alborotada fue a dar aviso a los guardias. Al llegar Rosas, dejó que Lavalle descansara un buen tiempo más, y cuando éste despertó, pidió que les cebaran el mate de leche. En ese momento la criada tomó conciencia que no había prestado más atención de la leche azucarada que continuaba hirviendo desde temprano.
Dulce de leche
Cuando fue a buscarla encontró que se había convertido en una sustancia espesa y marrón oscura. Llorosa fue a plantearle a Rosas lo sucedido, y don Juan Manuel probó lo que había en el recipiente aún humeante, le agradó el gusto, lo convidó a su enemigo político... y de ahí en más se conoció este fruto de la casualidad como Dulce Criollo... que fue el nombre con que lo bautizó el Restaurador de las Leyes y que más adelante iba a ser conocido como Dulce de Leche pilar de la industria láctea argentina. Su espaldarazo y presentación al mundo ocurrió casi 100 años después, en 1921, cuando se celebró en Washington la Primera Exposición Regional de Lechería.

El resto es historia conocida ya que rápidamente nuestro Dulce de Leche conquistó un lugar predominante en los paladares exigentes de todo el mundo.



Chocolate


La primera referencia que se conoce del chocolate se remonta a 1502 cuando Cristóbal Colón, en el tercero de sus viajes, es obsequiado en una isla de Honduras, llamada Guanaja, con unas bayas de cacao que empleaban como moneda de cambio. Con estas bayas los indios elaboraban una extraña bebida de sabor amargo y picante que les pareció a los españoles realmente desagradable, por lo que la primera experiencia de los occidentales con el chocolate no pudo ser más desalentadora.

Pero el verdadero descubrimiento del chocolate no se produjo hasta 17 años después cuando los aztecas esperaban la llegada de su dios bienhechor, Quetzalcoatl. Y para su desgracia el que llegó fue Hernán Cortés que desembarcó en las costas de Tabasco, en Méjico, donde fue recibido por el emperador Moctezuma que le ofreció una bebida llamada "tchocolatl", muy exquisita para los aztecas y no tanto para los españoles que, si bien acabaron acostumbrándose, fue debido a la ausencia de otro líquido que no fuera agua.

Esta bebida estaba compuesta de cacao con maíz molido, vainilla, pimienta, ají molido y otras especias. Cierto es que, posteriormente, unas monjas de Oaxaca descubren (se supone que por inspiración divina) que mezclando el cacao con azúcar y canela e incluso con anís, el resultado era realmente exquisito. Y para congraciarse con sus superiores, el abad del Monasterio de Piedra, al que pertenecían estas religiosas, envió la bebida a España.

El chocolate arraigó rápidamente en la península y en el resto de Europa donde se lo toma a la manera española: es decir espeso para mojar pan o pasteles; o a la francesa, con agua, batido, espumoso y bebido rápidamente.

No es de todas maneras hasta el siglo XIX en que se lo puede ingerir en tabletas o mezclado con leche. Y los que le dieron por fin el gran impulso fueron los maestros chocolateros suizos, país en que el chocolate tiene una exquisita elaboración que lo hizo famoso en todo el mundo.



El chimichurri
¿Es una palabra indígena? ¿Qué significa? No es una voz indígena y, más bien, es un argentinismo.

A mediados del siglo XIX llegó al país un comerciante inglés, llamado Jimmy Curry interesado en importar carne al Reino Unido.
Para agasajarlo lo llevaron a una estancia cercana a Cañuelas y le prepararon un asado criollo. El inglés quedó maravillado con lo que vio sobre las parrillas y los asadores pero, fundamentalmente, por el aroma que inundaba el lugar. Consultó el hombre con qué se acompañaba esa carne, le dijeron que con nada y que simplemente se la salaba.

El señor Curry entonces, y a modo de agradecimiento a la comida que se estaba preparando en su honor, pidió algunos ingredientes (ajíes, morrones, tomates, cebollas y ajos), algunas especias (como orégano, romero y tomillo) y algunos condimentos (ají molido, sal y pimienta) y en una base de agua hervida preparó un aliño o un adobo para saborizar y perfumar esa exquisita carne asada.

En realidad preparó lo que hoy conocemos como el Chimichurri. A los presentes les encantó y comenzaron a prepararlo y a acompañar desde ese momento las carnes asadas. Y si bien la peonada recordaba cómo se había hecho ese verdadero manjar, no les había quedado muy claro el nombre y apellido del "gringo". Por deformación, entonces, de Jimmy Curry pasaron al Chimichurri que "sonaba" parecido.

Y ésa es la historia de este adobo que se popularizó, y se extendió por todo nuestro país aunque en cada región se lo presenta con distintos ingredientes, aunque siempre conservando aquella base original que nació del gusto británico y culinario de don Curry.



Los spaghetti
La historia de que Marco Polo volvió de China trayendo a Italia la receta de los spaghetti es uno de los mitos más arraigados en la literatura gastronómica. Sin embargo, esta afirmación es aparentemente errónea.

Algunos historiadores ponen incluso en duda el hecho de que el genial veneciano llegara a penetrar en el reino prohibido. Argumentan que en sus relatos existen una serie de carencias, de imprecisiones, que dan lugar a la sospecha. Entre otras, deja de citar el té y la escritura ideográfica y sus descripciones de la geografía del país y las distancias entre las ciudades no es ni aproximada.

Hay, sin embargo, otro argumento aún más poderoso. Los spaghetti no son ni con mucho la forma más antigua de pasta. Hacer cintas, pasta plana e incluso macarrones, era sencillo y está documentado que los preparaban griegos y romanos antes de nuestra era.

Pero lograr las finas hebras de fideos y spaghetti requería de prensas poderosas y máquinas de extrusión, que no se inventaron hasta la mitad del siglo XIX.

La primera referencia escrita de los spaghetti aparece en un diccionario dialectal de la región de Piacenza en 1836, pero hasta 1846 la palabra no se hizo común en lengua italiana.

Esta variedad de pastas representa dos terceras partes del consumo mundial y no es extraño que se la haya querido buscar rancios abolengos como medida publicitaria por aquellos pioneros que deseaban popularizar el producto. Sin embargo, platos como los Spaghetti alla carbonara parece que se inventaron recién en 1944 durante la ocupación americana, con el fin de aprovechar las raciones de panceta y huevos que suministraba la intendencia militar.



Los Ravioles
Se identifican con Génova y sus habitantes, con todo el derecho de nombrarse 'ravioli alla genovese'.

Aquí en Argentina, la nostalgia de viejos conocedores de La Boca o descendientes de genoveses hablan de borraja, seso, cerdo, felices domingos familiares, y todos contentos discutiendo y poniendo trapitos sucios al sol... alrededor de un suculento plato de ravioli caseros. La familia era así.

Hurgando en la incierta historia del origen de los ravioles, resulta que Raviolo era el apellido de unos modestos taberneros de pequeñas ciudades al norte de Génova que haciendo aquel tipo de pasta rellena expandieron el hábito a la clase genovés socialmente elevada y en tierras del sureste de Francia.

Fue tanta la platita que hicieron los Raviolo que fueron investidos con el titulo de nobles ostentando como blasones un ravioli con tres estrellas sobrestantes.

Con un poquito más de suceso luego, allí por el año 1528, cambiaron el escudo de armas por otro más afín al estatus habían logrado: un león rampante en fondo azul. También el apellido: Gavi.

La poderosa 'Repubblica Marinara di Genova' con sus grandes y capaces hombre de mar fueron en realidad quienes mantuvieron alta siempre la tradición de los 'ravieu zeneisi'. Era el plato que estaba amorosamente programado para festejar el reintegro a casa del navegante, luego de sacrificados e interminables meses surcando los mares del mundo, ahorrando casi todo lo ganado para los tiempos de desembarco.


Pizza
Los romanos del antiguo imperio consumían en el siglo I una masa cocida similar al pan, de forma circular, condimentada con hierbas y semillas. Habían tomado esta comida de los Griegos y de los Etruscos.

Las mujeres romanas cocinaban el pan en hornos comunales de los pueblos, y mientras esperaban que estuviera cocido, cortaban pedazos de masa a los que le daban forma circular y condimentaban con lo que tenían a mano. Estos bollos se horneaban más rápido que el pan y saciaban el hambre de los que esperaban : niños, ancianos, mujeres.

De la plaza pública, este antecesor de la pizza pasó a las alforjas del trabajador, quien lo llevaba a sus labores a modo de almuerzo rápido, popularizándose rápidamente.

Se necesitaron catorce siglos -descubrimiento de América mediante- para que apareciera en Europa el tomate. Traído del Perú, inicialmente causó aprehensión a los europeos, quienes lo consideraban tóxico o con poderes mágicos por su nombre “pomodoro” que significa fruto de oro, dado a las primeras variedades que se conocieron. Inicialmente el tomate se utilizaba para decorar, pero con el correr del tiempo la gente se animó a comerlo.

En sus comienzos, el queso no formaba parte de la preparación ( se utilizaba sólo tomate, albahaca y hierbas). Su introducción se produjo en 1889 en la ciudad de Nápoles, La reina Margarita de Saboya y había oído hablar de esa “comida de plebe “ que disfrutaba de tanto prestigio en el lugar, quiso satisfacer su curiosidad y envió al panadero de la pizzería “ Pietro il pizzaiolo” la real orden de prepararle una pizza.

El panadero quiso engalanar esta pizza con los colores de Italia y agregó al rojo del tomate y al verde de la albahaca, el blanco del queso mozzarella. Llamó a su invento “pizza a la Margarita”, inaugurando así una nueva era, en está que sería tal vez la comida más popular de Italia y del mundo.

Se popularizó al finalizar la guerra, por la difusión que le dieron los soldados que re-gresaban de Europa.


Los ñoquis

La leyenda cuenta que un fraile llegó a una pequeña localidad italiana, un día 29, y tocó la puerta de una trattoria. Pidió un plato de comida y recibió el único alimento que había: ñoquis. Tiempo después, volvió al local y contó a los propietarios que, después de comer aquel plato, su vida había cambiado para mejor. La costumbre de comer ñoquis los días 29 puede ser relativamente reciente, pero la historia del plato es bastante antigua. Fue el primer tipo de masa casera.

Spaghetti, ravioles y compañía son posteriores. Los ñoquis existen desde los tiempos de griegos y romanos. En Italia, los llamaron primeramente macarrones. En la Edad Media, ya eran conocidos con su nombre actual.

Algunos estudiosos dicen que significa algo así como "pelota", ya que justamente son pelotitas de harina amasadas con agua. Los ingredientes de la masa fueron variando en el tiempo; comenzaron a ser elaborados con varias harinas, sobre todo de trigo.
Mezcladas con agua, condimentadas con sal y cocidas en agua, eran alimentos sustanciosos. Años después, la masa fue enriquecida con espinaca, queso, castañas, carne o pescado.

Luego de la introducción del maíz en Italia, a mediados del siglo XVI, surgió el ñoqui de polenta. Pero fue la llegada de la papa, entre los siglos XVI y XVII, quien cambió la historia del plato. En el pasado, los ñoquis eran una preparación característica de la cocina del norte y centro de Italia. Hoy, es de dominio nacional.

Venció incluso la resistencia de los napolitanos, adeptos irreductibles de los spaghetti y otras masas largas. El éxito de los ñoquis llegó incluso a países vecinos.

En Alemania y Hungría existe un plato similar, los "spätzle", que se acompañan con carnes asadas, o gratinado y servido en sopas. Los húngaros repitieron la receta, cambiando el nombre a "galuska", que se acompaña con el famoso "goulash", un guiso de carne conocido desde el siglo IX.

Traiga fortuna o no, el plato del día 29 es un clásico. Para el comilón, en tanto, la verdadera fortuna consiste en saborearlos.



Salsa golf
Se dice que este plato ha sido creado en Mar del Plata, por un eximio ciudadano argentino, durante una visita a un renombrado campo de golf frente al mar.

Al preguntársele como aderezar distintamente los palmitos, el Químico mezcló una buena salsa mayonesa con otra como la salsa ketchup. Algunas gotas de buen coñac y otras de Tabasco habrán coronado el momento mágico de esta salsa que adoptó el nombre de Golf, por el lugar de los hechos.

El Dr. Oscar Maisto, fundador de la cátedra de endodoncia en Argentina, y en otros países como Venezuela, y cuyos libros han sido textos obligados para todos los odontólogos. era muy allegado al Dr. Bernardo Houssay, premio Nóbel de medicina en el año 1947, y cuenta la “verdadera” historia de la creación de la salsa golf, parecida al del otro premio Nóbel, de química en el 1971, y discípulo del médico, el ciudadano nombrado al comienzo, el Dr. Leloir.

“Yo creo ciegamente en ambos genios, pero aquí hay algo que no coincide...” cuenta , que el Dr. Houssay, asiduo frecuentador del Club de Golf, en Palermo cerca del lago, habiendo pedido algo con mayonesa, con poca suerte, pues había muy poca, pidió salsa ketchup, que mezclándola con la primera creó otra salsa muy sabrosa y colorida.

Como en el caso de Leloir se apreció enseguida la genialidad del médico imponiéndole el nombre de salsa golf, en honor al club que frecuentaba.



El vino
El vino está unido a la historia del hombre desde sus orígenes. El descubrimiento de un jarrón de barro encontrado en las montañas de Zagros, en Irán, de 5.500 años de antigüedad, en cuyo fondo se han encontrado restos de vino. Hasta el momento, es el documento arqueológico más antiguo que se conoce de la historia del vino.

El descubrimiento del vino probablemente fue, como el de los grandes descubrimientos de la Humanidad, un hecho casual. Podemos imaginar cómo un depósito donde se almacenaron las uvas recogidas al final del verano fue olvidado en un rincón de la cueva o cabaña. Durante el invierno se produjo la fermentación, y pasados unos meses el hombre probó el zumo fermentado, comprobando sus agradables efectos.

Así el hombre incorpora el vino a su vida social, compartiendo el descubrimiento con el resto de la comunidad; a su vida alimenticia, comprobando cómo mejora el gusto de los alimentos y cómo le aporta una energía suplementaria; a sus prácticas curativas, al descubrir sus virtudes sanatorias; y por fin a su vida espiritual, al comprobar que el vino le eleva a un estado que le acerca a sus divinidades.

En la cultura mediterránea el vino está incorporado a la vida cotidiana. Se consume principalmente en casa, junto a las comidas, y en familia. Alrededor del vino se entablan las grandes conversaciones, que probablemente serían menos elevadas si nos faltara el vino.

Sin vino no hay una buena comida, y quizás "la comida no es más que una excusa para beber buen vino”.

Y alrededor del vino también nace una cultura, la cultura del buen vivir, de gente civilizada que cree en la amistad y mira la vida desde un plano diferente.

Hipócrates afirmaba que "el vino es cosa admirablemente apropiada para el hombre, tanto en el estado de salud como en el de enfermedad”.

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