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Estética del Horror


“Nada es Bello, sólo el hombre es bello…
Nada hay tan feo como el hombre degenerado”

Friedrich Nietzsche



El horror es una sensación intensa
Para hablar del horror es preciso definir la fealdad –que es una sensación de la misma estirpe pero de menor intensidad–, y hallo en Friedrich Nietzsche el significado más propicio. Para el filósofo alemán, lo feo es entendido como señal y síntoma de la degeneración. Pero es imposible entender lo feo sin distinguir lo bello, e inalcanzable asimilar lo horrible sin comprender lo hermoso. Todos éstos, lo bello y lo feo, lo hermoso y lo horrible, son atributos que otorgamos a los fenómenos que nos causan ciertas sensaciones positivas y negativas respectivamente: lo bello nos contenta, lo feo nos disgusta; lo hermoso nos place, lo horrible nos horroriza. Dicho de esta forma, podría interpretarse que cuando algo es hermoso produce placer, lo que no es así: el orden de los factores, en esta ocasión, sí altera el producto. No es como el cuento del huevo y la gallina, ya que al ser todas éstas cualidades humanas, lo primero en definir es lo que al humano concierne. Lo que quiero decir es que primero algo causa placer, luego es hermoso; primero pienso, luego existo.
He decidido llevar la orientación del escrito hacia la óptica de Nietzsche, por la particular y transgresora posición que tiene el pensador frente a nuestra cristianizada cultura occidental. Bajo la mirada nietzscheana, lo que incremente las aptitudes humanas será positivamente hecho por obra de lo bello, y lo que merme las posibilidades a nuestra especie, negativamente vendrá dado por lo feo. Probablemente, algunas de las obras de arte modernas glorificadoras de la moral y vistas por la masa e inmensa fracción de los intelectuales como bellas-hermosas, serían para el sabio germano aberraciones hacia nuestra raza. Lo que quiero decir, y es fundamental para comenzar a referirse a una cualidad exclusivamente humana como el horror, es que además de nuestra naturaleza como especie y sociedad, la naturaleza que hayamos construido como individuos, es decir, nuestra identidad, será la única adjetivadora del ya nombrado.


Estetas del horror
En mi opinión, no es correcto referirse a una “estética del horror”, sino a “estéticas del horror”, o más precisamente, a estetas del horror o artistas del horror. Para que exista una estética del horror es necesario que confluyan una cantidad importante de características de naturaleza horripilante pudiendo así clasificarlas en un concepto genérico, lo que puede ser factible dada la evidente –y afortunadamente decadente– cultura cristiana de la que somos, queramos o no, parte. Pero me niego tajantemente a dirigir este texto en esa dirección, por lo que reitero: lo correcto es hablar de estetas o artistas del horror.
Para exponer sobre artistas del horror, haré un fugaz paso por algunas de las consideradas bellas artes y autores dedicados a ellas, para detenerme finalmente en uno y profundizar en él.

Estatua del Horror
“Laocoonte y sus hijos” es una escultura de la Grecia Helénica inspirada en la mitología del famoso Caballo de Troya regalado por los griegos a los troyanos. Cuando el caballo estuvo dentro de Troya, el sacerdote Laocoonte advirtió a sus conciudadanos de la peligrosidad que conllevaba aceptar un regalo griego. Los fanáticos troyanos le ignoraron y dos serpientes enviadas por los dioses aparecieron desde el mar para atacar a los dos hijos mellizos del precavido hombre. Laocoonte se abalanza sobre ellas y comienza una descarnada lucha contra las víboras para salvar a sus hijos.
Al leer el mito, una primera lectura es la del horror que padece el sacerdote al ver a sus hijos, sangre de su sangre, embestido por las dos bestias, emoción evidente en cualquier ser humano que vea a un familiar cercano involucrado en tal adversidad. Pero hay una segunda lectura, y es la que hace que esta estatua sea una escultura del horror: la ceguera, la necedad y la injusticia con la que los desprevenidos inmolan a los prudentes, dejándoles caer encima todo el peso de una atropelladora e inmoral penitencia.

Estética del Horror



Cuadro del Horror
“El grito” es un cuadro expresionista del noruego Edvard Munch pintado hacia fines del siglo XIX. Para llevarlo a cabo, Munch hizo múltiples ensayos previos en búsqueda de la imagen precisa que pudiera expresar desesperación. Cuando hubo realizado ya tres versiones, dio con el resultado deseado.
Lo interesante en esta famosa obra es la paradoja que se da entre el producto final y las motivaciones que llevaron a hacerla. El cuadro es una pieza que puesta en juicio presenta invariabilidad en la orientación de las opiniones. La inmensa mayoría (sino la totalidad) de los jueces dirían que lo que expresa la imagen es horror o diversos sinónimos de éste. Es por ello que El Grito termina transformándose en un ícono. Sin embargo, las motivaciones que tuvo Munch para realizarlo están lejos de cualquier especulación que pueda hacer un ignorante de la materia. Lo que llevó al artista a realizar su creación fue una crisis existencial que le abrumó sorpresivamente mientras veía un azafranado cielo. Es ahí donde Edvard siente el más íntimo de los horrores: el horror de la existencia, el horror del quién soy.

Apocalypse Now



Poema del Horror
“Cuando los españoles llegaron a Chile” es el antipoema XXIV del libro “Sermones y Prédicas del Cristo del Elqui”, del escritor chileno Nicanor Parra.
El poema subyugado a la ironía da cuenta del tremendo horror del que el poeta chileno y su público, el obrero y el campesino; padecen por causa de otro que también es señalado como público: el colono. Este horror es un guiño al que será tratado con un poco más de detención posteriormente: el horror por causa del abuso, de la ilegalidad y la pérdida de todo aprecio por la humanidad. El horror por la codicia y la violencia como herramienta para obtener lo pretendido. El horror por el asalto a mano armada sufrido por un pueblo pobre, hambriento y maltratado. Y en definitiva, el horror por la pérdida de la esperanza: ya no es cosa de regiones, y ni siquiera como cantaba Víctor Jara que los derechos humanos los violan en tantas partes; pues ahora los derechos humanos los violan en todas partes.




Película del Horror
“Apocalypse Now” (Apocalipsis Ahora) es un filme bélico de fines de los 70 dirigido por el cineasta de ascendencia italiana, nacido en los Estados Unidos, Francis Ford Coppola. El guión está inspirado en la novela del escritor polaco Joseph Conrad, “Herat of Darkness” (El Corazón de las Tinieblas), donde la acción transcurre en África, pero que para efectos de adaptación, tuvo que cambiarse a Asia, en las Islas Filipinas, simulando ser Vietnam . La historia comienza con el Capitán Willard en su habitación sumergido en el alcoholismo, dada la habitual depresión post- Vietnam sufrida por los militares estadounidenses de la época. Cuando el estado del Capitán limitó con la miseria y la esquizofrenia, dos soldados llegan a encomendarle una misión que consistía en asesinar Coronel Kurtz, quien tras rebelarse contra el ejército norteamericano se había convertido en un serio peligro, formando su propio ejército de nativos, los que le adoraban como si fuese un dios. Willard se embarca con cuatro soldados dispuestos a sus órdenes en busca del misterioso Kurtz, a quien va conociendo y admirando progresivamente a través de documentos a medida que avanza por el río. En el transcurso, los cinco viajeros deambularon y se avezaron por el extenso menú que ofrece una guerra: asesinatos, miedos, amistades, drogas, alcohol, sexo, rockandroll, etcétera. Cuando casi están por llegar, y con el personal ya mermado, se encuentran con una comunidad de franceses que han hecho de la selva y la clandestinidad inherente a la guerra, su hogar. Tras una pequeña estadía con los europeos y sin comprender verdaderamente nada uno del otro, sumergidos todos en la más absoluta y embarulladora de las confusiones, Willard y sus acompañantes retoman la misión que les fue encomendada. Finalmente, son sorprendidos por un autóctono ejército de lanzas y flechas, y secuestrados por el Coronel Kurtz. Cuando Kurtz acabó de dar a Willard todas sus ininteligibles razones de subversión y mostrado la construcción cultural incomprensible que había llevado a cabo en la isla, lo libera para que éste ejecute su cometido. Willard asesina brutalmente a Kurtz, quien agonizando en el suelo susurra sus últimas palabras: “El horror. El horror.”
Pese a que Apocalypse Now es más una película sobre la demencia humana más que cualquier otra cosa, lo que posibilita esta pérdida de todo razonamiento, este funeral desasistido de la cordura, es el horror y sus inagotables formas de expresión ejecutadas todas por el hombre. Lo que más horroriza el Coronel Kurtz es ver cómo el hombre, por causa del hombre, es devastado inmisericordemente. El marco histórico del filme y el tremendo talento del director dan al Apocalypse un sustento sólido que raya la perfección. El que la película, como tantas otras, esté basada en una de las mayores atrocidades cometidas en la historia le otorga un prejuicio que es dejado de lado inmediatamente cuando comienza a correr el celuloide. En palabras de Francis Ford Coppola, “Apocalypse Now no es una película sobre Vietnam . Apocalypse Now es Vietnam .” Es por esto que, según yo, Apocalpse Now es la máxima expresión de una estética del horror: es la mejor película de guerra en la historia del cine, y nada hay que degenere al humano más que la guerra. Por lo tanto, y retomando lo del inicio, como una cadena de conclusiones, Apocalypse Now es el horror.

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