La presencia de un peligro real o imaginario desata en cada uno de nosotros una serie de emociones incomparables entre sí. Una revoltura de sentimientos se mueven en el cuerpo generando uno solo: miedo. De este sentimiento tan incómodo nacen las fobias capaces de hacernos correr, gritar y arrancarnos las vestiduras para provocar un daño eterno en la memoria.


Cuando los hermanos Lumiere proyectaron la primera película, ésta mostraba un tren que avanzaba hacia la cámara rápidamente, los asistentes gritaron, corrieron y lloraron. Todos despertaron el temor que guardaban muy profundamente convirtiendo al “Tren” en la primera película de terror de la historia.

De este modo entendemos que las fobias son el resultado de la reacción al temor incontrolable que nos da algo desconocido y amenazante. Freud las analizaba a partir de un proceso neurótico en el que, decía, eran transformadas por el ser humano para defenderse psicológicamente de cualquier peligro construyendo todos los medios de defensa destinados a impedir el contacto con algún peligro. Lo cierto es que el miedo es parte esencial del ser humano. Nos hace vulnerables y eso nos condiciona como seres racionales, que sienten y expresan.


Una de las fobias más temidas en los últimos años es el miedo a las figuras geométricas conjuntadas en un espacio pequeño, en especial, círculos muy pegados entre sí simulando hoyuelos. Un panal de abejas y en casos extremos hasta un balón de fútbol es suficiente para estremecer a un tripofóbico. Esto lo sabe Colin Christian quien gusta de jugar con el temor de la gente, no de manera agresiva u ofensiva, sino más bien busca que despierten sus más sentidos placeres y sentimientos.

La obra de Chistian se conforma de una serie de piezas escultóricas que están repletas de hoyos, sangre, dientes y un poco de psicodelia. El objetivo del artista es crear sensaciones en las personas y mirarlas de cerca, documentar el temor y la angustia humana. Si bien otros medios audiovisules o sólo visuales han hecho del temor humano obras imperdibles, la de Colin Christian llega a romper con todo ya que no sólo hay tripofobia en ellas, sino temor a la sangre, al peligro y el espectador es capaz de crear un relato a partir de una de las piezas.
Para el artitsta, el miedo desemboca en otros sentimientos tales como la lujuria y el amor, por ello describe sus creaciones como “arte creepy y sexy” que despiertan todos los sentidos creando una confusión entre ellos hasta llegar al punto de no saber si al estar mirando sus piezas sentimos escalofríos recorrer el cuerpo por el miedo incontrolable o por una especie de excitación sexual que nos hace pensar en otra de las definiciones de Freud al respecto: «la represión de la libido y su transformación en angustia, fase que queda ligada a un peligro exterior». Esto genera una extraña repulsión o un deseo incontrolable al ver heridas abiertas y llenas de dientes. ¿Te parece absurdo? Lo experimentas a diario cuando quieres ver monstruos por puro morbo y placer visual.

«Uno podría esparcir la declaración de que estas obras se relacionan con el proceso de curación. Sin embargo, otro giro sostiene la pregunta: ¿podría esto todavía estar en el lugar de una obra ciber-erótica que sólo cava un poco más profundo, olvidando la perfección superficial de la piel y se sumerge en lo que sucede cuando la carne es perforada y rota?».

Así con una conjunción de rebeldía, surrealismo, miedo y arte, encontramos la fascinación de Colin Christian en los agujeros, esos que causan repulsión pero también admiración por el realismo que emana cada pieza. Cada alteración de la forma humana nos pone a pensar si se refiere a la sociedad que se corrompe y lo único que emite es miedo y repulsión, pero en el fondo no es más que una inspiración para darle a lo grotesco una visión artística digna de ser estudiada y exhibida. Es dejar de reprimirse para mostrarse tan humanos como podamos ser.
