En las calles un muchacho
abre la puerta
de un bar cualquiera,
y dice:
"Buenos dìas",
cuando el sol tìmido
reclama sus lugares rutinarios,
y el mozo no contesta, solo asiente.
Entonces Martìn
toma el ansiento de los solitarios,
anhelando lo imposible:
que una chica se dirija a su mirada,
que sepa que es un ser sensible,
y que es capaz de amar
desde la luna
hasta el alba,
sin cansancio.
Pero esto no pasa,
y nunca pasarà,
es la inercia lo que impulsa
a toda esperanza de lo extraordinario;
mientras los ojos
miran con ansias de caza,
sin saber anclar esas pupilas
para pernoctar alguna noche.
abre la puerta
de un bar cualquiera,
y dice:
"Buenos dìas",
cuando el sol tìmido
reclama sus lugares rutinarios,
y el mozo no contesta, solo asiente.
Entonces Martìn
toma el ansiento de los solitarios,
anhelando lo imposible:
que una chica se dirija a su mirada,
que sepa que es un ser sensible,
y que es capaz de amar
desde la luna
hasta el alba,
sin cansancio.
Pero esto no pasa,
y nunca pasarà,
es la inercia lo que impulsa
a toda esperanza de lo extraordinario;
mientras los ojos
miran con ansias de caza,
sin saber anclar esas pupilas
para pernoctar alguna noche.