Vivir al límite te acerca a la muerte. Resulta un atajo seguro al destino final
e inevitable de nuestras vidas. En cambio, vivir de a poco en poquito solo retrasa
lo inevitable, lo acentúa, lo pospone... Creo que solo hay una
manera en que apoquinar la vida valga la pena, y es si gozas cada instante
como si fuera el último. Pero si lo haces así, tarde o temprano te
encontrarás otra vez en el límite y vuelta a empezar... Parece paradoja.
Porque la gente que pasa a mi lado no vive realmente, medio viven,
mientras que los que realmente vivimos nos estamos despidiendo...
De vivir al máximo me andaba muriendo, se los digo de verdad. Pero
hoy no quiero morir así, tan rápido, tan inconciente. Yo quiero morir como
Yukio Mishima, el que de joven escribía poesia, y de viejo decidió
suicidarse en un ataque a un cuartel militar. Él que fue poeta y escritor, no
murió como vivía: Murió como escribía: ¿Acaso habrá manera más
honrada, más galana y más brillante de morir para un literato?
Mishima se convirtió en uno más de sus personajes, y así encaró a la gran
zorra,sin esperar a que la remilgosa le pelara el diente. Él fue derechito a
buscarla con el loco propósito de un encuentro eterno, a ella; la que se
regala con todos, la que se revuelca lo mismo en lecho de rico que en
otate de pobre...La que a todos nos brinda su mortal abrazo; su gélido
beso de muerte.
Bukowsky amaba la buena cerveza y a las mujeres las amaba aún más. Él,
que les escribió ardorosos poemas lo mismo que cutres libelos.
Él, que hizo apología del perderse sin rumbo con la delirante meta de encontrarse...
El borrachín bukowsky, quien aseguraba haber muerto muchas veces en
medio de una borrachera, y vuelto a revivir al recobrar la conciencia.
De sus andanzas etílicas nos trajo poesía brava, pelada, golpeadora...
¿Y yo qué? Yo tengo que hacer mi vida antes que mi muerte, y no sé que pensarán
de mí mis nulos seguidores de internet, pero sí sé que de lo que de mí perciben
mis incontables no-seguidores es indiferencia. Es que son tantos y yo
solo uno...
¿Qué dices?¿Quieres que salte del edificio más alto de la ciudad más
grande para hacerme notorio? ¿Quieres que corra desnudo por entre las
plateas de Kim Yong-Un? ¿Quieres que estampe un pastel sobre la horrible cara de Donald Trump?
Hacerme notorio, "ser alguien" a costa de mí mismo, a
costa de otro, a costa de los otros... No, no tengo el tupé para hacer
semejantes cosas.
Sabes, lo que haré será vivir al límite sin hacerme notorio, sin exceder mi presupuesto, sin saturar prístinos mass media... Seguiré pequeño y gigantesco, soso y brillante, despierto y soñador... ¡Y al mundo que le den por culo!
e inevitable de nuestras vidas. En cambio, vivir de a poco en poquito solo retrasa
lo inevitable, lo acentúa, lo pospone... Creo que solo hay una
manera en que apoquinar la vida valga la pena, y es si gozas cada instante
como si fuera el último. Pero si lo haces así, tarde o temprano te
encontrarás otra vez en el límite y vuelta a empezar... Parece paradoja.
Porque la gente que pasa a mi lado no vive realmente, medio viven,
mientras que los que realmente vivimos nos estamos despidiendo...
De vivir al máximo me andaba muriendo, se los digo de verdad. Pero
hoy no quiero morir así, tan rápido, tan inconciente. Yo quiero morir como
Yukio Mishima, el que de joven escribía poesia, y de viejo decidió
suicidarse en un ataque a un cuartel militar. Él que fue poeta y escritor, no
murió como vivía: Murió como escribía: ¿Acaso habrá manera más
honrada, más galana y más brillante de morir para un literato?
Mishima se convirtió en uno más de sus personajes, y así encaró a la gran
zorra,sin esperar a que la remilgosa le pelara el diente. Él fue derechito a
buscarla con el loco propósito de un encuentro eterno, a ella; la que se
regala con todos, la que se revuelca lo mismo en lecho de rico que en
otate de pobre...La que a todos nos brinda su mortal abrazo; su gélido
beso de muerte.
Bukowsky amaba la buena cerveza y a las mujeres las amaba aún más. Él,
que les escribió ardorosos poemas lo mismo que cutres libelos.
Él, que hizo apología del perderse sin rumbo con la delirante meta de encontrarse...
El borrachín bukowsky, quien aseguraba haber muerto muchas veces en
medio de una borrachera, y vuelto a revivir al recobrar la conciencia.
De sus andanzas etílicas nos trajo poesía brava, pelada, golpeadora...
¿Y yo qué? Yo tengo que hacer mi vida antes que mi muerte, y no sé que pensarán
de mí mis nulos seguidores de internet, pero sí sé que de lo que de mí perciben
mis incontables no-seguidores es indiferencia. Es que son tantos y yo
solo uno...
¿Qué dices?¿Quieres que salte del edificio más alto de la ciudad más
grande para hacerme notorio? ¿Quieres que corra desnudo por entre las
plateas de Kim Yong-Un? ¿Quieres que estampe un pastel sobre la horrible cara de Donald Trump?
Hacerme notorio, "ser alguien" a costa de mí mismo, a
costa de otro, a costa de los otros... No, no tengo el tupé para hacer
semejantes cosas.
Sabes, lo que haré será vivir al límite sin hacerme notorio, sin exceder mi presupuesto, sin saturar prístinos mass media... Seguiré pequeño y gigantesco, soso y brillante, despierto y soñador... ¡Y al mundo que le den por culo!