Hola, amigos.
No hace mucho que terminó el día del amor y la amistad (por lo menos aquí en México), y la celebración me hizo acordarme de estas siete poesías, que me gustaría compartir en esta página. Tiene algún tiempo que las escribí, pero de cualquier modo me satisface decirme su creador. Espero a ustedes les gusten tanto como a mí.
A tu lado por siempre
Sería feliz de ser firmamento,
con las nubes y la lluvia fundirme,
para nunca de tu vida salirme,
para contemplarte en todo momento.
Cuando te despiertes por la mañana,
rayos de sol intensos te mandaré,
y con ellos, dulce te acariciaré,
con tu primer mirar a la ventana.
Horas después, volveré a aparecer,
cuando el cielo lo ocupe el crepúsculo;
entre el cielo herido, mi rostro has de ver.
Y cuando alcance su esplendor la noche,
te enviaré la caricia de la luna,
y tibio aire, que es de mi amor derroche.
Con tu llegada
Todo este tiempo que estuviste ausente,
cuando ni siquiera te conocía,
juro al Señor que otra cosa no hacía
que ser solitario e inteligente.
Pero apenas a mi vida llegaste,
la misma y mi alma se hicieron dichosas,
mi jardín de hiedra se lleno de rosas,
y toda tristeza de mí ahuyentaste.
Soy dichoso sólo con contemplarte,
y el que me hayas dado esta felicidad,
obliga a mi mente a siempre evocarte.
Dichosos soy de ser correspondido;
eso me ha dejado una cosa clara:
eres lo mejor que nunca he vivido.
Gracias por amarme y dejarme amarte
Nuestro paseo a la luz de la luna,
mientras nuestras manos entralazamos,
y nuestros labios calientes juntamos,
me hace feliz, como al bebé su cuna.
Nos da su luz el astro femenino,
en tanto contempla nuestro inmenso amor;
aun con brisa fría, tendremos calor,
porque calentamos más que un buen vino.
Al juntarnos, somos más que felices:
yo te doy mis caricias y mis besos;
tú, sólo palabras bellas me dices.
Nosotros hacemos del amor arte,
y esta noche decimos, mutuamente,
"gracias por amarme y dejarme amarte".
Mi beso, tu amuleto
Me he colado esta noche hasta tu lecho,
he entrado por la ventana a mirarte,
a mi más cálido beso obsequiarte,
cuando entre ti y el sueño hay poco trecho.
Cuando te dormiste, te di mi beso,
para que al soñar tengas felicidad
y no esté presente la perversidad;
en pesadillas, tu amuleto es eso.
Así, hasta en tus sueños me recordarás,
porque de este ser que te ama, y al que amas,
una parte a tus sueños te llevarás.
Y el regalarte una parte de mi alma
me da garantía que, en todas partes,
no importando ese lugar, tendrás calma
El atractivo del cine
Me has pedido que vayamos al cine;
dije que sí sólo por lo que habrá ahí,
y que se hallará presente junto a mí:
sólo para contemplarte es que vine.
El dulce que en realidad quiero comer
es tu boca, de múltiples sabores,
aunque luego sienta fuertes dolores
por ese acto tan soñado cometer.
Quisiera ya tenerte en la oscuridad,
para en la penumbra darte mil besos,
para amarte sin ni una perversidad.
Aunque la gente se empiece a retirar,
me quedaré a tu lado, abrazándote,
para besarte... y tus auroras mirar.
La súplica atendida
Siempre una cosa en mi casa imploraba,
a Dios o a quien estuviera escuchando
siempre esta súplica lo estaba hartando;
pero decirla, esperanza me daba.
Podía hacerse realidad mi anhelo,
pero igual podía ser fantasía,
más yo sólo el lado bueno veía...
y se hizo verdad, por obra del cielo.
Lo que yo pedía, con tanto fervor,
era a ti, todo tu cuerpo, toda tú,
que tú por mí sintieras también amor.
A la vida otra cosa no le pido,
porque el que hiciera que también me amaras
es lo mejor que entregarme ha podido.
En pedazos mi corazón
¿Quieres saber cuánto amor siento por ti?
Dudo que existan palabras para ello,
como para describirte, ser bello;
más miel que en el panal encuentras en mí.
Todos mis versos puedo recitarte,
con tal de hacer a tus labios felices,
con tal de que en la dicha te deslices;
daría todo por apasionarte.
¿Cómo es posible no amar a lo hermoso,
cómo no admirar a lo filantrópico,
quién por lo fiel no reza fervoroso?
A revelar mi único pecado voy:
destruir mi corazón, trozo a trozo,
para regalarte en ellos cuanto soy.
Espero que los hayan disfrutado, y les agradezco por haberlos leído.
Los mejores deseos de parte de un servidor, Jesús Salvador Juárez Treviño. Pero pueden llamarme simplemente J.S. Hasta luego, amigos.
No hace mucho que terminó el día del amor y la amistad (por lo menos aquí en México), y la celebración me hizo acordarme de estas siete poesías, que me gustaría compartir en esta página. Tiene algún tiempo que las escribí, pero de cualquier modo me satisface decirme su creador. Espero a ustedes les gusten tanto como a mí.
A tu lado por siempre
Sería feliz de ser firmamento,
con las nubes y la lluvia fundirme,
para nunca de tu vida salirme,
para contemplarte en todo momento.
Cuando te despiertes por la mañana,
rayos de sol intensos te mandaré,
y con ellos, dulce te acariciaré,
con tu primer mirar a la ventana.
Horas después, volveré a aparecer,
cuando el cielo lo ocupe el crepúsculo;
entre el cielo herido, mi rostro has de ver.
Y cuando alcance su esplendor la noche,
te enviaré la caricia de la luna,
y tibio aire, que es de mi amor derroche.
Con tu llegada
Todo este tiempo que estuviste ausente,
cuando ni siquiera te conocía,
juro al Señor que otra cosa no hacía
que ser solitario e inteligente.
Pero apenas a mi vida llegaste,
la misma y mi alma se hicieron dichosas,
mi jardín de hiedra se lleno de rosas,
y toda tristeza de mí ahuyentaste.
Soy dichoso sólo con contemplarte,
y el que me hayas dado esta felicidad,
obliga a mi mente a siempre evocarte.
Dichosos soy de ser correspondido;
eso me ha dejado una cosa clara:
eres lo mejor que nunca he vivido.
Gracias por amarme y dejarme amarte
Nuestro paseo a la luz de la luna,
mientras nuestras manos entralazamos,
y nuestros labios calientes juntamos,
me hace feliz, como al bebé su cuna.
Nos da su luz el astro femenino,
en tanto contempla nuestro inmenso amor;
aun con brisa fría, tendremos calor,
porque calentamos más que un buen vino.
Al juntarnos, somos más que felices:
yo te doy mis caricias y mis besos;
tú, sólo palabras bellas me dices.
Nosotros hacemos del amor arte,
y esta noche decimos, mutuamente,
"gracias por amarme y dejarme amarte".
Mi beso, tu amuleto
Me he colado esta noche hasta tu lecho,
he entrado por la ventana a mirarte,
a mi más cálido beso obsequiarte,
cuando entre ti y el sueño hay poco trecho.
Cuando te dormiste, te di mi beso,
para que al soñar tengas felicidad
y no esté presente la perversidad;
en pesadillas, tu amuleto es eso.
Así, hasta en tus sueños me recordarás,
porque de este ser que te ama, y al que amas,
una parte a tus sueños te llevarás.
Y el regalarte una parte de mi alma
me da garantía que, en todas partes,
no importando ese lugar, tendrás calma
El atractivo del cine
Me has pedido que vayamos al cine;
dije que sí sólo por lo que habrá ahí,
y que se hallará presente junto a mí:
sólo para contemplarte es que vine.
El dulce que en realidad quiero comer
es tu boca, de múltiples sabores,
aunque luego sienta fuertes dolores
por ese acto tan soñado cometer.
Quisiera ya tenerte en la oscuridad,
para en la penumbra darte mil besos,
para amarte sin ni una perversidad.
Aunque la gente se empiece a retirar,
me quedaré a tu lado, abrazándote,
para besarte... y tus auroras mirar.
La súplica atendida
Siempre una cosa en mi casa imploraba,
a Dios o a quien estuviera escuchando
siempre esta súplica lo estaba hartando;
pero decirla, esperanza me daba.
Podía hacerse realidad mi anhelo,
pero igual podía ser fantasía,
más yo sólo el lado bueno veía...
y se hizo verdad, por obra del cielo.
Lo que yo pedía, con tanto fervor,
era a ti, todo tu cuerpo, toda tú,
que tú por mí sintieras también amor.
A la vida otra cosa no le pido,
porque el que hiciera que también me amaras
es lo mejor que entregarme ha podido.
En pedazos mi corazón
¿Quieres saber cuánto amor siento por ti?
Dudo que existan palabras para ello,
como para describirte, ser bello;
más miel que en el panal encuentras en mí.
Todos mis versos puedo recitarte,
con tal de hacer a tus labios felices,
con tal de que en la dicha te deslices;
daría todo por apasionarte.
¿Cómo es posible no amar a lo hermoso,
cómo no admirar a lo filantrópico,
quién por lo fiel no reza fervoroso?
A revelar mi único pecado voy:
destruir mi corazón, trozo a trozo,
para regalarte en ellos cuanto soy.
Espero que los hayan disfrutado, y les agradezco por haberlos leído.
Los mejores deseos de parte de un servidor, Jesús Salvador Juárez Treviño. Pero pueden llamarme simplemente J.S. Hasta luego, amigos.