LOS CHOLETS Es un término originado por la combinación de las palabras "cholo" y "chalet"—1 es una construcción con las características de un chalet, en la última planta de un edificio de 3 a 7 niveles destinados a usos comerciales o viviendas. El cholet es generalmente habitado por el propietario del inmueble. Tienen hasta siete pisos, paredes de colores fluorescentes y albergan desde una pista de baile hasta un cómodo departamento. Son los 'cholets', edificios ícono de la nueva burguesía aymara, y que se expanden de la mano de la boyante economía de Bolivia.Se erigen a 4.000 metros de altura en la ciudad del El Alto, una localidad pobre cerca de La Paz, y en donde quienes empiezan a beneficiarse de la bonanza económica del país no se mudan a un barrio rico, sino que construyen su castillo allí mismo. Lo dueños de estas edificaciones, "aparte de ser clientes, son promotores de esta nueva arquitectura. Son comerciantes, son transportistas, mineros, personas dedicadas a la gastronomía", con un común denominador: su origen aymara, explica Freddy Mamani, (Ingeniero, albañil y arquitecto autodidacta boliviano,2 reconocido por su trabajo conocido como Nueva arquitectura andina o Arquitectura Transformer, con más de 60 proyectos construidos en la ciudad boliviana de El Alto.) creador de estas obras barrocas neoandinas que pueden llegar a costar hasta un millón de dólares. El constructor explicó que esta revalorización de la identidad indígena en los edificios se inserta en el contexto de la llegada de Evo Morales a la presidencia. La nueva arquitectura andina refleja los cambios sociales, económicos y culturales de la última década. El empoderamiento de los indígenas, sus logros en materia de derechos y su acceso a puestos de decisión en el ámbito público y privado han llevado al surgimiento de una nueva realidad, que en lo urbano se traduce en estos edificios. El antropólogo español-boliviano Xavier Albó califica a los dueños de los 'cholets' de "una nueva burguesía aymara que migró del campo y logró éxito en el comercio".El boom de la construcción coincidió con la llegada a la presidencia de Evo Morales, primer gobernante indígena del país, de origen aymara, en 2006, y los buenos precios de las materias primas, además del renacer del orgullo de los pueblos campesinos originarios. "La Uta (casa, en idioma aymara) no puede estar estática o muerta, tiene vida, debe bailar, moverse entre la comunidad, servir a los suyos, generando interés y acumulación de capital para toda comunidad", dice el jurista y filósofo Boris Bernal.Bajo esta idea, en la primera planta van galerías o tiendas comerciales, en el sótano canchas de wallyball -muy practicado en el país- mientras que en el segundo nivel están los salones sociales, encima una cancha de futbol salón con pasto sintético y, más arriba, el chalet."En la cultura andina decimos que todo tiene vida (..), también nuestros edificios tienen que tener vida. ¿Eso, qué significa?, que tienen que generar dinero", agrega el constructor Mamani. En este panorama de uniformidad, sobresalen por su volumen, altura y sobre todo por su sofisticación esos edificios coloridos que quizás constituyen hoy el fenómeno urbano más interesante de Bolivia. Tres o cuatro pisos más altos que la media, estos edificios pertenecen a un solo dueño o familia y son expresión de su éxito económico (con un costo que va desde 250.000 a 600.000 dólares). Además, son unidades de producción de renta: una docena o más de tiendas para alquilar en la planta baja; un gran salón de eventos en el segundo y tercer piso; dos o más apartamentos para alquiler o para los hijos de los dueños en el cuarto y a veces quinto piso; y encima de todo, la vivienda del dueño, de una forma y diseño que rompen con el resto del edificio: es la casa patronal o chalet. Entre estos edificios, los del ingeniero Freddy Mamani Silvestre son quizá los que ofrecen el estilo más consistente y deliberado, que se ha ido, además, perfeccionando con el tiempo. Mamani hizo su primer “cholet” hacia 2005, según él, “por accidente”. “Hice un viaje por Tiwanaku y de allá llegué pensando que debíamos hacer obras que muestren nuestra cultura milenaria, obras con las formas andinas, con los colores de los aguayos. Le propuse eso al dueño del terreno y aceptó; hicimos el primer edificio y lo pinté de verde porque en El Alto no hay árboles y quería poner un poco de color a la ciudad. Luego de eso reventamos como pipocas…”. pero... Para Rim Safar, la Presidenta del Colegio de Arquitectos local, los cholets no expresan una identidad cultural andina ni étnica sino la emergencia de nuevos ricos que con la ostentación de sus nuevos palacios nos dicen “yo soy orgullosamente cholo, antes no tenía plata, ahora tengo, mírenme”. Al contrario, para Édgar Patana, alcalde alteño, se trata de un “diseño colectivo hace visible una matriz cultural propia, original, innovadora y auténtica, con bases comunitarias, diferentes al pensamiento moderno occidental”. En las formas y la paleta cromática de las edificaciones, el arquitecto ha incorporado "diseños geométricos que existen en las ruinas de Tiahuanaco", además de "los colores intensos de los textiles" de las culturas locales. El resultado: una nueva arquitectura de "trascendencia mundial". En total, incluyendo los edificios de El Alto, son al menos 100 las obras de Mamani en toda América del Sur.
Lo mejor de la arquitectura boliviana
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