InicioArteLos tres cuervos
Los Tres Cuervos Al amanecer tres cuervos se encontraron en la rama de un viejo y amarillento árbol. —¿Qué desayunaremos el día de hoy? —dijo Ala Oscura a sus compañeros—Hace días que no tenemos un desayuno bien merecido. La coincidencia del encuentro entre los tres amigos en aquel viejo árbol no era casualidad, debajo de ellos se había librado una batalla entre un bando de cien hombres hacía unas horas y el olor a muerte y sangre danzaba fresco por todo el lugar. —Ahí debajo hay un caballero que yace moribundo debajo de su escudo —aportó Pico Partido— Podemos terminar con él y servirnos un desayuno fresco. Por más que seamos carroñeros comer a alguien vivo de vez en cuando no deja de ser un manjar. —¡Yo quiero sus ojos! —graznó Ala Oscura mientras se disponía a saltar del árbol—. Pero para sorpresa de los tres cuervos una extraña figura asomó por una de las colinas... era una mujer de pelos dorados vestida de blanco, en su pecho tenía una distintiva cruz roja y detrás suyo arrastraba una tosca carreta de madera. Iba acompañada de sus sabuesos, los cuales alertas, escucharon los quejidos del caballero y corrieron hasta su ubicación. —Yo ahí no bajo —dijo Garra Pequeña, mientras Pico Partido asintió con la cabeza—. A este lo perdimos, nadie vuelve del lugar a donde lo llevará. —¡Imposible! —exclamó Ala Oscura—. Está muy mal herido, por más que lo lleven al lugar donde se recuperan los hombres de seguro éste morirá, o mejor aún, lo dejarán agonizando y podremos acabar con él. Mientras tanto en el verde campo cubierto de cuerpos la joven damisela se encontraba arrodillada junto al caballero, al cual cuidadosamente despojó de su pesada armadura y dio de beber algo que traía entre sus cosas mientras besaba su ensangrentada cabeza y le decía palabras tranquilizadoras. —Bah, yo me largo. Éste ya no nos pertenece —Garra Pequeña estiró las alas y saltó hacía el verde campo, cayendo sobre uno de los cuerpos—. Pico Partido se movió de lugar y miró a su joven amigo Ala Oscura, el cual no dejaba de seguir con su mirada a aquel moribundo caballero que ya se encontraba cargado en la carreta de madera y era transportado por la joven mujer de cabellos dorados hacia el bosque, al otro lado de la colina. —No te obsesiones con arrebatar vidas, aquí debajo tenemos cientos de cadáveres podridos los cuales podemos comer ¿Por qué seguir a uno que no volverá? —dijo Pico cortado con la sabiduría de los años — Justamente, porque están podridos... yo quiero acabar con él, quiero sus ojos —sentenció Ala Oscura mientras se alzaba en vuelo—. Pico Partido temió por la vida de su amigo, meneó la cabeza en señal de desaprobación y bajó al campo donde Garra Pequeña ya estaba comiendo hacía rato. A lo lejos, el nublado cielo comenzó a filtrar pequeñas gotas de lluvia y Ala Oscura se adentro en el bosque. —No pueden haber ido muy lejos... este lugar es un laberinto —dijo mientras volaba de árbol a árbol, de rama en rama—. Agudizó el olfato y olió sangre fresca no muy lejos de ahí, siguió adentrándose en el bosque hasta que llegó a una vieja casa de madera rodeada de hermosas flores rojas, vio la carreta y a los perros, olió mucha sangre pero no muerte. —Está aquí y está vivo, acabaré con él y me llevaré sus ojos, quiero sus ojos. Aquel viejo de Pico Partido no entiende mi obsesión por comerlos vivos, ya estoy harto de los cadáveres —pensaba Ala oscura mientras se posaba en una de las ventanas abiertas de aquella casa—. Dentro el caballero yacía desnudo sobre una camilla, temblando por el frío y la sangre perdida, un tajo horizontal le surcaba todo el estómago. Tenía algunas vísceras afuera y la poca sangre que aún le quedaba manaba por la herida. —Lo sabía, a este no lo salvan, de seguro lo dejarán morir aquí... Pero yo seré más rápido que la naturaleza y podré extraer sus ojos frescos, mientras aún respira—. No obstante y para su desilusión la bella mujer entró en la habitación y se dirigió hacía el caballero, acarició su pelo apelmazado por la sangre seca y volvió a besar sus heridas. Pero esta vez fue un beso extraño, un beso prolongado. La joven pasó su boca por todo el pecho del caballero hasta llegar a la herida de su estómago, donde lamió las vísceras con mucha delicadeza por un largo rato. Luego extendió su mano y con un objeto filoso comenzó a cercenar al caballero mientras esté seguía vivo, gritando de dolor, confundido, exhausto... resignado. La joven mujer le arrancó los dedos y luego el brazo, para morder un pedazo de carne fresca y aun caliente. Comenzó a desmembrar y despellejar al caballero pedazo por pedazo, mientras comía bocados, hasta que sólo quedó un torso tembloroso. La blanca mujer, que ahora tenía su rostro empapado de sangre, levantó la vista hacía la ventana y vio a un hermoso cuervo, con las alas tan negras como la obsidiana, el cual la observaba atónito. Ella sonrió e incrustó sus dedos en las cuencas de los ojos del caballero y le arrancó los ojos, se acercó a la ventana y los dejó frente al joven cuervo. —nadie entiende mi obsesión por comerlos vivos... —dijo ella tiernamente mientras le devolvía una sonrisa picara y se retiraba a la mesa donde ahora solo había un cuerpo mutilado, sin ojos, sin lengua, sin vida. Ala Oscura devoró los ojos del caballero y emprendió vuelo entre la fina llovizna... mientras pensaba que sus amigos nunca le creerían. Este contenido es de creación original por el usuario LincolnV. Esta obra se encuentra bajo licencia Creative Commons (CC BY-NC-ND 3.0)
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